¿Qué pasaría si Tomb Raider no tuviese a Lara Croft como personaje estrella? ¿Y si Indiana Jones no fuese el protagonista de... Indiana Jones? Naughty Dog toma decisiones valientes. Hace falta coraje para saber retirar a tiempo a Nathan Drake de su exitosa saga Uncharted, que se ha colado en el podio de aventureros junto a esos dos arqueólogos. Y es necesario mucho talento para salir airoso de ese salto. Con El Legado Perdido, el cazatesoros más famoso de los videojuegos cede el testigo a Chloe y Nadine en un título que aúna las virtudes de la saga y del estudio.

UNCHARTED: EL LEGADO PERDIDO - Tráiler de lanzamiento en ESPAÑOL

Hay algunos imprescindibles desde la creación del primer juego de la franquicia hasta este último, pasando por The Last of Us. La desarrolladora, quizás el estudio first-party más importante de PlayStation, no renuncia en El Legado Perdido a las espectaculares escenas de acción. Tampoco a los combates basados en esa combinación de disparos y sigilo, ni a esa exploración de entornos en los que descubrir cómo avanzar, incluso teniendo que resolver acertijos para ello. Y por supuesto, sigue apostando por unos escenarios y gráficos espectaculares.

Todo esto sirve para crear un gran juego, con elementos que demuestran que la industria no tiene que envidiar nada a compañeras como el cine. Otros ya habían conseguido esto. Naughty Dog va más allá. 



Los personajes de sus juegos son de lo más carismático y creíble que se ha visto en pantalla. Y las relaciones entre ellos sirven para ver un perfil diferente de cada uno. Se sirven como espejo entre ellos. Por eso no se echa de menos a Nathan. Porque los secundarios que han ido creando durante la saga eran muy completos y daban para más, incluso para protagonizar su propio juego.

La prueba de ello son Chloe Frazer y Nadine Ross. Como pareja cazatesoros van pasando por distintas etapas durante las cerca de 8 horas que dura el juego.

Se ríen juntas. Discuten entre ellas. Y todas esas fases tienen una lógica. Durante ellas, se pueden ver algunos de esos momentos únicos que acercan más a la lágrima que a la emoción de un edificio derrumbándose bajo los pies.



La asociación de los personajes es otro elemento que no falla en la franquicia. Tener un compañero que te ayude a acabar con los enemigos, a resolver enigmas, o a encontrar el camino, son ya la bandera de sus juegos. Para alcanzar ese lugar elevado, qué mejor que el impulso de un camarada. Esa IA aliada ha ido evolucionando, siendo más importante que nunca en The Last of Us y más elaborada en El Legado Perdido que en cualquier otro juego del estudio.



Tan importante es que si en algún momento Nadine no está con Chloe, se le echa de menos. Es peor que haber perdido un arma o algún utensilio. En ese momento se siente que el juego está limitado, exactamente lo que se pretende. Esa sensación de no jugar solo con un compinche al lado es un plus para los juegos de aventuras que habitualmente están reservados para lobos solitarios. Los compañeros ya no son un simple personaje a escoltar, son algo que ayuda de verdad.





Todos estos elementos se suman a otros nuevos como pistolas con silenciador o apertura de cerraduras. También los objetivos secundarios en escenario abierto. Nuevos toques para un producto que lejos de agotar consigue mejorar una fórmula que garantiza el éxito asociado a la saga Uncharted.

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