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El psicólogo Dacher Keltner ha dedicado buena parte de su vida al estudio del asombro como emoción primaria, definiéndola como "el sentimiento de estar en presencia de algo que trasciende el momento". Lo relevante para el sector turístico es que ese asombro, según los estudios, no solo genera recuerdos imborrables, sino que tiene efectos medibles sobre el bienestar: reduce el estrés, amplía la perspectiva, fomenta la conexión con los demás.

El asombro como nuevo mito

El Kilimanjaro, ese monte sagrado, es caprichoso a la hora de regalar estampas como esta. Vivirlo es puro awe.

El Kilimanjaro, ese monte sagrado, es caprichoso a la hora de regalar estampas como esta. Vivirlo es puro "awe". NiserIn. iStock.

Y ese momento es el que los viajeros de hoy buscan sin tregua. ¿El problema? Que no se puede programar, ni contratar con antelación por mucho dinero que tengamos. No ocurre en la sala VIP del aeropuerto (por muy VIP que sea), ni en el check-in del hotel (aunque tenga 7 estrellas)… Ni siquiera, frente al monumento más fotografiado del planeta.

Sucede de improviso: al doblar un recodo de remoto camino y toparse con un valle que parece pintado, al escuchar el silencio absoluto de un desierto al amanecer, al ver cómo una ballena emerge a pocos metros de la embarcación. Eso es asombro en estado puro, una sensación inesperada y sobrecogedora que nos hace parar y agudizar los sentidos.

Maison Heler Metz, el nuevo hotel diseñado por Philippe Starck es un digno heredero del Wow Effect y exponente de la nueva era del asombro.

Maison Heler Metz, el nuevo hotel diseñado por Philippe Starck es un digno heredero del Wow Effect y exponente de la nueva era del asombro. Julius Hirtzberger.

En la creatividad está la clave y el awe effect de hoy tiene su origen en el wow effect que tan buen resultado le dio al mítico dúo Ian Schrager y Philipp Starck. Al hilo de su éxito la adopción de esta nueva tendencia está siendo tan rápida como sorprendente. Las grandes firmas hoteleras han comprendido que el lujo no se mide ya solo por los hilos de las sábanas sino por la calidad de los momentos irrepetibles que logran procurar a los clientes. Y ahora, lograr asombrarles es el nuevo gran reto.

¿Qué pueden hacer hoteles y destinos para generar este instante?

Momentos insólitos como este, en el Parque Nacional de Yala, en Sri Lanka, generan imágenes y recuerdos imborrables.

Momentos insólitos como este, en el Parque Nacional de Yala, en Sri Lanka, generan imágenes y recuerdos imborrables. Germán Jiménez.

En Tanzania, algunos camps ofrecen ceremonias de silencio al amanecer con vistas al Kilimanjaro. En los Alpes suizos, hoteles de montaña organizan exclusivos torneos de golf en la nieve, por la noche, bajo cielos sin contaminación lumínica. En el Mediterráneo, la tendencia son las cenas en calas y cuevas de acceso restringido, sin música, sin pantallas, solo el sonido del agua.

Disfrutar del silencio en soledad frente a un paraje único permite lograr momentos de presencia trascendental.

Disfrutar del silencio en soledad frente a un paraje único permite lograr momentos de presencia trascendental. Rama Dhan. Pexels.

El patrón resulta similar: eliminar el ruido —literal y metafórico— para que el entorno hable y la experiencia se fije en nuestra memoria sin distorsión. Los destinos también se han apuntado a esta tendencia: Japón promueve el shinrin-yoku o baño de bosque como experiencia turística oficial; Noruega ha construido miradores de arquitectura radical sobre fiordos para maximizar la percepción de la escala del paisaje. Y Perú limita drásticamente el acceso a ciertos enclaves de la Amazonía para preservar su diversidad y su poder de impacto.

El viajero que busca sentirse sobrecogido

Las auroras boreales, tan deseadas como esquivas, son el mejor ejemplo de lo que el Dr. Keltner define como momentos de asombro.

Las auroras boreales, tan deseadas como esquivas, son el mejor ejemplo de lo que el Dr. Keltner define como momentos de asombro. Markku Soini. Pexels.

El perfil de quien abraza la awe era es muy diverso y abarca desde viajeros de más edad y alto poder adquisitivo hasta millennials que tienen una cierta nostalgia retro, pasando por ejecutivos que viajan por trabajo y añoran calma y sorpresa o familias que quieren regalar a sus hijos algo que no quepa en un post de Instagram.

Lo que les une no es el precio ni lo remoto del destino. Es la predisposición a sentir algo que les haga que el móvil se les caiga de las manos. Keltner lo resume con una frase muy inspiradora: "La gran sorpresa es que el asombro está más cerca de lo que imaginamos". La clave, dicen quienes lo estudian, "no es la grandiosidad del escenario sino la atención con la que uno se presenta ante él y que es directamente proporcional al efecto que causa".