Existen pocos destinos capaces de unir con tanta naturalidad dos de sus grandes señas de identidad como Flandes. En esta región del norte de Bélgica, el ciclismo forma parte del paisaje y de la vida cotidiana, mientras que la cerveza constituye una auténtica expresión cultural.
Ahora, ambas pasiones convergen en una nueva propuesta turística que invita a descubrir el territorio sobre dos ruedas siguiendo rutas que recorren algunas de las cervecerías, abadías y paisajes más representativos de la tradición cervecera flamenca.
Coincidiendo con el décimo aniversario del reconocimiento de la cultura cervecera belga como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, Flandes ha diseñado una colección de itinerarios cicloturistas temáticos que permiten conocer este legado desde una perspectiva pausada y sostenible.
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Los recorridos, de entre 26 y 63 kilómetros, atraviesan ciudades históricas, campos de lúpulo, fábricas centenarias y pequeños productores artesanales, combinando patrimonio, naturaleza y gastronomía.
La declaración de la UNESCO, obtenida en 2016, puso en valor una tradición que va mucho más allá de la elaboración de cerveza. La cultura cervecera belga engloba siglos de conocimientos transmitidos entre generaciones, una enorme diversidad de estilos, el papel social de las cervecerías y una estrecha relación con el territorio.
Las calles adoquinadas son características de estas rutas, que también discurren campo a través.
Lejos de permanecer anclada en el pasado, esta herencia continúa evolucionando gracias a la convivencia entre abadías históricas, cervecerías familiares y una nueva hornada de productores que experimentan sin perder de vista las recetas tradicionales.
Las nuevas rutas permiten descubrir ese universo a través de visitas a fábricas, centros de interpretación y bares históricos, donde el viajero puede conocer los procesos de elaboración y degustar algunas de las especialidades locales.
Todo ello aprovechando una de las redes ciclistas mejor desarrolladas de Europa, con infraestructuras específicas, rutas perfectamente señalizadas y recorridos descargables para facilitar la experiencia.
Bélgica sobre ruedas de cinco maneras
Entre las propuestas destaca la Ruta de la Lambic y la Geuze, que atraviesa el Pajottenland y el valle del río Zenne, en el Brabante flamenco, muy cerca de Bruselas.
En Oud Beersel llevan elaborando lambic añejas y jóvenes desde 1882.
Este territorio, conocido como el País de la Lambic, es el único lugar del mundo donde se elaboran de forma tradicional estas cervezas de fermentación espontánea. El recorrido serpentea entre suaves colinas y paisajes rurales mientras acerca al visitante a uno de los estilos cerveceros más singulares de Bélgica.
Para quienes buscan combinar deporte e historia del ciclismo, las Ardenas Flamencas ofrecen una ruta que recorre algunos de los escenarios más emblemáticos del Ronde van Vlaanderen, la legendaria Vuelta a Flandes.
La fábrica de cerveza Roman es la cervecería familiar más antigua del país.
El itinerario transcurre entre carreteras adoquinadas, colinas exigentes, cervecerías centenarias y pequeños bares donde recuperar fuerzas con una cerveza elaborada en la propia región. Las pendientes convierten esta opción en una de las más exigentes, aunque las bicicletas eléctricas facilitan el recorrido a quienes prefieran disfrutar del paisaje sin tanta exigencia física.
Otra de las rutas conduce hasta el Westhoek, donde el cultivo del lúpulo marca el paisaje. En torno a Poperinge, considerada la capital belga del lúpulo, el recorrido atraviesa extensas plantaciones, monumentales cervecerías y cementerios militares que recuerdan la historia de una zona profundamente marcada por la Primera Guerra Mundial.
Un sinfín de kilómetros rodeados de lúpulo.
Entre Malinas y Boom, el itinerario cambia completamente de registro. Cuatro ríos acompañan un recorrido que enlaza reservas naturales, elegantes palacios urbanos, una cervecería histórica y una microcervecería instalada en una antigua iglesia, ejemplo de cómo el patrimonio arquitectónico encuentra nuevos usos sin perder su identidad.
El arte pincela las paredes de los edificios en Lovaina.
La quinta propuesta tiene como protagonista a Lovaina, una ciudad universitaria cuya fama internacional no solo se debe a su actividad académica, sino también a su estrecha vinculación con la cerveza. Allí conviven el legado artístico del pintor flamenco Dieric Bouts con la histórica fábrica de Stella Artois. La ruta atraviesa calles monumentales, zonas verdes y espacios culturales antes de concluir con la posibilidad de descubrir algunas de las cervezas que han dado fama mundial a la ciudad.