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Pocos imaginan que, a un salto del bullicio de emblemas del universo parisino como los mismísimos Campos Elíseos o el Palacio del Elíseo —residencia oficial del presidente de la República y desde donde se controla el poder ejecutivo del país—, existe un pequeño hotel boutique de aspecto señorial. Es una auténtica oda a las cosas bien hechas.

Porque el Hôtel Splendide Royal, al amparo del sello Relais & Châteaux, no es únicamente un alojamiento exclusivo donde descansar tras intensos días de turismo recorriendo las calles de París, no. Se trata de un verdadero refugio urbano del que, si uno pudiera, no querría salir jamás.

Y es que lo tiene todo: elegantes suites delicadamente decoradas repletas de detalles que convierten el hotel en algo más especial —como sus amenities de lujo—, y piezas de arte en las que recrearse. Un servicio de excepción y una apuesta gastronómica de lo más atractiva. Hagamos check-in y descubramos sus bondades.

Sus estancias incitan a contemplar sus paredes y relajarse.

Sus estancias incitan a contemplar sus paredes y relajarse. Hôtel Splendide Royal-París

Un rey de la moda

Nos encontramos en el 18 de la rue du Cirque, una pequeña vía del elegante distrito VIII que discurre entre el Faubourg Saint-Honoré y los Campos Elíseos. Aquí, rodeado de casas señoriales y algunas de las boutiques de alta costura más elitistas de la ciudad, París se nos revela a una escala más íntima y residencial para acoger este exclusivo hotel construido en 1897 que guarda, además, un capítulo muy especial de su historia relacionado con uno de los grandes nombres de la moda del siglo XX.

Y resulta que, antes de convertirse en el Hôtel Splendide Royal, el edificio perteneció a Pierre Cardin, que tuvo aquí una de sus residencias parisinas.

Hoy, la historia de aquel universo creativo continúa, literalmente, a solo unos pasos: en el número 20, la Maison Pierre Cardin mantiene una boutique dedicada a sus colecciones de manera que dos edificios contiguos conservan la huella del diseñador que convirtió la moda en un territorio de experimentación y formas futuristas.

Entre bustos de mármol y librerías, el hotel recibe a los huéspedes.

Entre bustos de mármol y librerías, el hotel recibe a los huéspedes. Hôtel Splendide Royal-París

Fue en 2016 cuando el edificio fue adquirido por una propiedad diferente. Los dueños decidieron realizar una profunda renovación, pero preservando el carácter de la antigua residencia, para abrirlo con una nueva identidad: la de este pequeño hotel de cinco estrellas que, con solo doce suites, nos transmite esa sensación única de estar entrando en una elegante casa privada donde somos acogidos como buenos amigos.

Porque al cruzar la puerta del Hôtel Splendide Royal no nos topamos con un gran vestíbulo ni con una recepción concebida para gestionar el ir y venir de cientos de huéspedes: en absoluto. En su lugar, encontramos un elegante escritorio antiguo que hace las veces de bienvenida y, junto a él, un pequeño salón-biblioteca, La Loggia, que nos tienta a detenernos en cualquier momento de nuestra estancia para relajarnos sin mirar el reloj junto a la chimenea.

Molduras, terciopelos, alfombras, dorados, obras de arte y bustos de mármol componen un interior de inspiración clásica, deliberadamente alejado de las tendencias más efímeras. En las paredes, también, pinturas de aire impresionista enmarcadas en dorado.

Los espacios blancos que otorgan amplitud y bienestar cada estancia.

Los espacios blancos que otorgan amplitud y bienestar cada estancia. Hôtel Splendide Royal-París

Tras una bebida de cortesía y la mejor de las bienvenidas por parte de un atentísimo equipo, llegamos a nuestra suite, donde un mundo nuevo se abre ante nosotros. Las estancias, de entre 35 y 62 metros cuadrados de amplitud, cuentan con zonas de estar, baños revestidos de mármol y, en ocasiones, incluso con terraza.

Nosotros nos instalamos en una de las que se sitúan en la última planta del hotel, cuyos ventanales abuhardillados cuentan con vistas excepcionales a la Torre Eiffel. Tras cerrar la puerta sentimos como si nos halláramos en nuestro propio apartamento en París.

El hotel se convierte en un apartamento desde el que contemplar París.

El hotel se convierte en un apartamento desde el que contemplar París. Hôtel Splendide Royal-París

Sin embargo, aquí contamos con un plus que marca la diferencia aún más: un servicio de cinco estrellas especialmente discreto, con una conserjería capaz de organizarnos desde reservas en restaurantes y entradas para museos o espectáculos hasta visitas privadas, traslados o experiencias de bienestar en la propia suite.

Optamos por una muy sencilla: al llegar la mañana, sin quitarnos el pijama, nos deleitamos con un desayuno de los de ensueño en la intimidad del dormitorio. Una bandeja poblada de bollería y zumos frescos, café, tostadas y mermeladas configuran el mejor despertar.

La mejor forma de recibir el día con una sonrisa en la cara y en el estómago.

La mejor forma de recibir el día con una sonrisa en la cara y en el estómago. Hôtel Splendide Royal-París

Viajar a Italia sin salir de París

Teníamos que —debíamos— hablar de gastronomía en el Hôtel Splendide Royal. Porque no todos los hoteles de lujo tienen la suerte de contar con un restaurante de la talla de Tosca. En un contexto en el que nos hallamos rodeados de algunos de los templos culinarios más reputados de la gastronomía francesa, nos sentamos a la mesa para viajar con el paladar a otro lugar muy diferente: Italia.

Y aquí se repite la misma atmósfera íntima y elegante del hotel. Una decoración refinada, cálida, de aire contemporáneo, donde los tonos verdes y los detalles clásicos contribuyen a crear un comedor que se acerca más al estilo de una casa privada. Al mando de los fogones se halla Pablo Ambrogio, un joven chef romano que pasó por cocinas como La Cucina de Alain Ducasse y Le Parc, en el Domaine Les Crayères, antes de asumir el mando de Tosca.

Los tortellini in brodo, traídos desde Italia a este refugio de París.

Los tortellini in brodo, traídos desde Italia a este refugio de París. Hôtel Splendide Royal-París

Su propuesta parte de una idea sencilla: quiere recuperar el sabor reconocible de la cocina italiana sin renunciar a la técnica contemporánea. Con esa premisa, elabora recetas que viajan de los Alpes a Sicilia prestando especial atención a la calidad del producto, con ingredientes italianos y franceses seleccionados entre productores de confianza.

¿Nuestra apuesta? El menú degustación en cinco tiempos en el que no faltan especialidades como la alcachofa a la romana con menta y jugo de verduras o la crema de berenjena ahumada y ajo negro. Todo regado con una carta de vinos en la que Italia adquiere también un protagonismo especial.

Y después, ¿qué?

Pues después, está París, que despliega sus mayores encantos a un sencillo paseo del hotel. Porque la ubicación del distrito VIII es verdaderamente afortunada, por lo que, cuando nos apetezca estirar las piernas, podremos acercarnos a los vecinos Campos Elíseos, dedicar unas horas de compras en las más lujosas boutiques de la zona, o dar el salto a la Place de la Concorde para admirar su inmenso obelisco.

El punto ideal en el que ver pasar el tiempo.

El punto ideal en el que ver pasar el tiempo. Unsplash

Junto a ella, el Grand Palais nos espera, aunque los jardines de las Tullerías nos tientan a hacer lo que los parisinos: sentarnos en sus míticos bancos y dedicarnos a ver la vida pasar en uno de los parques más hermosos de la ciudad. Aquí se encuentra, además, el Museo de la Orangerie, cuyo origen fue el de invernadero en el que protegían los naranjos del Palacio de las Tullerías pero que hoy atesora grandes joyas del arte. Sin embargo, si hay un lugar de obligada visita, es el mismísimo Louvre, toda una institución.