Tokio lleva años demostrando que su escena de coctelería es una de las más especiales del mundo. Bares diminutos que se esconden en callejones inimaginables, barras donde el hielo se talla a veces incluso con la ayuda de una katana a modo samurai y o incluso los antecesores de los actuales hi-fi bars: aquellos jazz kissa nacidos en la capital nipona a finales de los años 20, donde escuchar discos era el verdadero motivo de la visita.
En este ecosistema tan particular y tan obsesionado con no dejar un solo detalle al azar, hay un nombre que se repite sin parar en la élite internacional: Virtù, el bar del Four Seasons Hotel Tokyo at Otemachi. En 2026, el local ha vuelto a colarse por cuarto año consecutivo en la prestigiosa lista Asia’s 50 Best Bars, ocupando el puesto 26.
Pero su vitrina de trofeos es mucho más amplia. Hablamos del número 45 de The World’s 50 Best Bars en 2025 —por segundo año consecutivo—, galardonado con el premio al mejor servicio por Tatler Asia y poseedor del Michter’s Art of Hospitality Award desde 2024. Un currículum que lo sitúa, sin margen para el debate, entre los bares de hotel más seductores del planeta. Pero los ránkings cuentan solo una parte de lo que pasa allí arriba.
Un piso 39, vistas sobre la ciudad y el Skytree y una sala con estilo Art Dèco
Para entender Virtù hay que subir hasta la planta 39 de la Otemachi One Tower. Antes incluso de que aterrice la primera copa sobre la barra, el espacio obliga a asomarse a los ventanales. Desde esta altura, Tokio parece no tener fin. El océano de cristal y acero se extiende hasta el horizonte y, si el día está despejado, emerge a lo lejos la silueta inconfundible del Tokyo Skytree.
Ajenos a la ciudad que late bajo sus pies, los 60 privilegiados que completan el aforo se sumergen en un interiorismo diseñado por DESIGN STUDIO SPIN, dominado por terciopelos, líneas geométricas y una clara inspiración Art Déco que entrelaza la elegancia europea con la delicadeza de los materiales japoneses. La misma relación se traslada a la carta, donde conviven coñacs, vermuts y eaux-de-vie franceses con la profundidad del whisky japonés, el shochu, el umeshu o botánicos como el yuzu y el hinoki.
Keith Motsi, el hombre detrás de la barra
Al frente está Keith Motsi, Head Bartender y responsable de las operaciones de bebidas del hotel. Nacido en Zimbabue y criado en Inglaterra, empezó trabajando en bares en Leeds, pasó posteriormente por Soho House en Londres y en 2017 inició su carrera con Four Seasons en Asia. Primero llegó Pekín, después Seúl y finalmente Tokio. En 2022 recibió el Bartenders’ Bartender Award de Asia’s 50 Best Bars.
Keith Motsi, Head Bartender de Virtù
Pero su manera de entender un bar va bastante más allá de las recetas. Motsi habla de estar pendiente de la temperatura de la sala, la intensidad de la luz, el volumen de la música o el estado de ánimo de quien se sienta al otro lado de la barra. Para él, el cóctel es fundamental, pero todo lo que sucede alrededor forma parte igualmente de la experiencia.
El eje París-Tokio en la copa
Y todo eso empieza a entenderse nada más tomar asiento. Aquí, el lujo se mide en los detalles más minúsculos. Antes de abrir la carta, sobre la mesa aterriza una cristalería de una finura casi irreal para servir agua Gaivota, traída directamente de los manantiales de Hokkaido, una región reverenciada por tener uno de los estándares de calidad natural más altos de todo Japón. Acompañando el agua, un pequeño cuenco de rice crackers que son un vicio absoluto que el equipo de sala se encarga de rellenar cada dos por tres con una discreción invisible.
El servicio es uno de los pilares de Virtù, reconocido en 2025 con el premio Best Service de Tatler Asia
Ese encuentro entre el París del viejo mundo y el Tokio contemporáneo no es una frase vacía: el propio bar se presenta bajo el lema Where Tokyo meets Paris y la carta se encarga de demostrarlo copa a copa.
Thé Hoji Épicé, con vodka y licor de hojicha, ginger beer y su característica rosa helada
Uno de los mejores ejemplos es el Virtù Martini, preparado con ginebra y vodka japoneses, vermut francés y bitter de hinoki que cambia por completo el perfil de uno de los tragos más clásicos. Otro es su Signature Highball. En Japón, el highball es casi una religión en cuanto a bebidas se refiere, un trago tan popular que se vende por millones en latas dentro de cualquier konbini y en las izakayas donde se apelotonan los salary man tras un día de trabajo. Aquí ese trago cotidiano se afina con umeshu de la casa, un blend de whiskies, bitter de hinoki y seltzer
Hay también tragos más llamativos. Thé Hoji Épicé, por ejemplo, combina vodka de hojicha, licor de hojicha, bitter aromático, ginger beer y arándanos rojos. El cóctel llega coronado por una rosa helada de intenso color rojo.
Takara combina whisky japonés, vermut rouge, Chartreuse, Denki Bran y bitter de naranja
También Takara, donde whisky japonés, vermut rouge, Chartreuse, Denki Bran y bitter de naranja aparecen en una copa de tallo finísimo, acompañada de una segunda pieza servida sobre hielo.
Destilando identidad propia
A finales de 2025, el equipo decidió ir un paso más allá en su reivindicación del producto y se alió con Hiyori, una pequeña bodega de la prefectura de Yamanashi. ¿El objetivo? Crear una línea exclusiva de mixers que hablaran el idioma del bar. El resultado es KARUI, una tónica elaborada en Japón que ensambla tres cítricos locales (yuzu, shikuwasa y jabara) con extracto de piel de uva Koshu.
La coctelería he desarrollado una línea propia de vermuts y tónicas
A esta tónica de autor se suman tres vermuts desarrollados expresamente para el bar: SÈCHE, seco, con yuzu de Yamanashi y corteza de árbol Amur, SHIRO, blanco, endulzado con miel local y AKA, su vermut rojo, infusionado con hojas de cerezo y artemisa japonesa.
Toda esa actitud cosmopolita se extiende a su carta de picoteo, donde se pueden acompañar los cócteles con tempura, tacos de wagyu A4, okonomiyaki de bogavante, pollo frito o tsukune de pato. E incluso asoma un gofre de caviar firmado por Guillaume Bracaval, el chef del restaurante vecino que completa la experiencia de la planta 39.
Un ecosistema de altura
Virtù es solo una pieza del engranaje del Four Seasons Hotel Tokyo at Otemachi. Inaugurado en septiembre de 2020 y galardonado con Tres Llaves Michelin durante dos años consecutivos (la máxima distinción de la guía), el hotel ocupa los seis últimos pisos de la torre. Sus 190 habitaciones, diseñadas por Jean-Michel Gathy, evitan el cliché tradicional japonés para abrazar el lujo contemporáneo, ofreciendo vistas espectaculares a los jardines del Palacio Imperial y al monte Fuji.
Una de las 190 habitaciones y suites del hotel con diseño contemporáneo y grandes ventanales sobre la ciudad
A unos metros del bar se encuentra est, el restaurante con estrella Michelin comandado por Bracaval. Si Virtù trae París a Tokio a través de la coctelería, est hace el camino inverso: utiliza técnicas de la alta cocina francesa para ensalzar el producto japonés.
El 95 % de su despensa proviene de agricultores y pescadores locales. Su menú, estacional y arraigado al terroir nipón, aplica una filosofía de desperdicio cero donde raíces y tallos se transforman en alta gastronomía (lo que le ha valido un 94,5 sobre 100 en La Liste 2026). Todo ello rematado por los postres de Michele Abbatemarco, elegido mejor pastelero por Gault & Millau Japan 2024.
En est, Guillaume Bracaval aplica técnica francesa a un producto casi íntegramente japonés y de temporada
Todo ello demuestra como, a veces, la perfección en hospitalidad, gastronomía y mixología caben bajo un mismo techo.