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Copiar a los clásicos siempre ha sido un acto de honor y homenaje a quienes marcaron los valores del arte y la filosofía al menos en el mundo occidental.

Pero hay algunas de estas copias que nos pueden sorprender, y mucho, porque juntando trocitos de Reino Unido, Irlanda, Estados Unidos o Alemania podríamos montar una Atenas fragmentada, en el tiempo y en el espacio, pero igual de espectacular.

La moda de llevarse hasta la campiña o a mitad de un parque un trozo de esa Atenas impulsada por Pericles y magistralmente ejecutada por Ictino, Calícrates o Mnesicles, surgió entre los siglos XVIII y XIX con la corriente neoclásica que conquistó no sólo Europa sino también Estados Unidos.

Justo en esos años se realizaron grandes descubrimientos arqueológicos como Pompeya y Herculano, se publicaron grabados de Atenas, y la Ilustración y su elogio de la razón convencieron a los intelectuales que ya estaban cansados de la ostentación del Barroco y el Rococó.

Y de ahí que todo el mundo que tenía algo de dinero (y poder) quería disfrutar de algo griego o romano cerca. A veces en magnitudes muy interesantes.

La Torre de los Vientos de Atenas y Temple of Winds en Mount Stewart, en Irlanda del Norte.

La Torre de los Vientos de Atenas y Temple of Winds en Mount Stewart, en Irlanda del Norte. iStock

La Torre de los Vientos

Su nombre original es Horologion de Andrónico de Cirro. Se trata de un edificio octogonal de mármol del siglo I que se construyó dentro del Ágora romana de Atenas con una funcionalidad práctica que no le resta ni un ápice de belleza. Era una veleta que señalaba de dónde venía el viento pero también un reloj de agua y de sol.

Su friso con los relieves de los vientos inspiró múltiples observatorios y torres posteriormente, sobre todo en Reino Unido e Irlanda. De hecho, en 1765, un arquitecto que se hizo llamar el Ateniense por su gusto por todo lo que oliera a la capital griega, James Stuart, construyó Temple of Winds en Mount Stewart, una finca privada con un jardín que está considerado entre los 10 más bonitos del mundo.

Ubicado sobre una colina, este Temple of Winds fue un capricho del primer marqués de Londonderry, Robert Stewart, para crear un pabellón de banquetes que siguiera vigilando los vientos y el sol. De hecho, desde allí las vistas a Strangford Lough son impresionantes.

Pero no es la única copia de esta torre clásica, también el Observatorio Radcliffe, en Oxford, reproduce la torre octogonal ateniense en su nivel superior, y la Torre de los Vientos de Shugborough aparece como una réplica exacta del mismo arquitecto James Athenian Stuart.

La Linterna de Lisícrates de Atenas y el Monumento a Burns en Calton Hill en Edimburgo.

La Linterna de Lisícrates de Atenas y el Monumento a Burns en Calton Hill en Edimburgo. iStock

La Linterna de Lisícrates

Cerca de la Acrópolis, en una curva que nos lleva al barrio de Plaka podemos ver el primer edificio que utilizó en exterior el orden corintio en sus columnas. Es un tholos circular sobre un podio que se levantó en el año 334 a. C. y que ha influido definitivamente en los monumentos conmemorativos y capitolios del resto del mundo.

Lo mejor para disfrutarlo en Atenas es sentarse en una de las terrazas que hay cerca de esta linterna mágica y ver cómo cambia conforme avanza el día y el sol.

Para ver sus bellas copias tenemos que viajar hasta Edimburgo, al Monumento de Burns, que es una réplica casi calcada del templete corintio construida en 1831 y rodeada de un jardín con flores citadas en los versos del poeta nacional escocés.

Ubicado en la colina Calton Hill, desde lo alto de la torre se disfruta de una imagen panorámica de la ciudad, que ha convertido a este monumento en uno de los más visitados de Edimburgo y un símbolo cultural.

Pero Escocia no es el único lugar que ha querido tener su propia linterna, también William Strickland, el arquitecto del Capitolio del Estado de Tennessee, en Estados Unidos, quiso coronar la institución que representa el poder del pueblo con un templete, copia del de Lisícrates.

El Partenón de Atenas, el edificio más perfecto, y su copia casi idéntica en Nashville en EEUU.

El Partenón de Atenas, el edificio más perfecto, y su copia casi idéntica en Nashville en EEUU. iStock

El Partenón

El edificio más perfecto de la arquitectura clásica, El Partenón, ha sido motivo de orgullo y modelo para la cultura occidental. Ahora mismo se puede visitar restaurado casi en su totalidad y sin los andamios que durante años lo ha tenido escondido en la Acrópolis, por lo que es el momento perfecto para ir a Atenas.

Si no, también podemos visitar algunas imitaciones casi idénticas como la de Nashville, una réplica a escala uno a uno, construida en hormigón para acoger la Exposición Centenaria de Tennessee en 1897.

Además, podemos ver parte de este increíble templo en la columnata de entrada del Museo Británico en Londres o en Walhalla, Alemania, donde a orillas del Danubio, Leo von Klenze levantó una copia exterior del gran edificio griego.

Los Propileos que dan entrada a esta parte de la Acrópolis en Atenas y la Puerta de la Königsplatz de Múnich, que es un homenaje a este monumento clásico.

Los Propileos que dan entrada a esta parte de la Acrópolis en Atenas y la Puerta de la Königsplatz de Múnich, que es un homenaje a este monumento clásico. iStock

Los Propileos de la Acrópolis

La monumental puerta de entrada a la Acrópolis de Atenas fue diseñada por Mnesicles, combinando columnas dóricas en las fachadas con jónicas en el interior. Junto a los dos templos a los lados, esta impresionante puerta a la ciudad de las maravillas acabó sirviendo de ejemplo para otras grandes entradas en Europa.

De hecho, Leo von Klenze, el arquitecto de la corte del rey Luis I de Baviera, fue el encargado de transformar Múnich en una ciudad que se parece más a Atenas de lo que a priori podríamos pensar. Suyos son los Propyläen de Múnich, al oeste de la Königsplatz, que se construyeron entre 1846 y 1862 y son una copia de los atenienses.

El objetivo era conmemorar la victoria por la libertad de Grecia, entre 1821 y 1829, y el acceso al trono griego de Otón I, que era hijo del mismo Luis I de Baviera.

Además, podemos ver la influencia de la famosa entrada de la Acrópolis en la Puerta de Brandeburgo, de Carl Gotthard Langhans, también en Alemania, y en el Pórtico de Euston, en Londres, que permite la entrada monumental a la estación de tren siguiendo el modelo de los Propileos.