En la Costa Blanca, las calles de un antiguo recinto fortificado suben desde el mar hasta una plaza con vistas a la bahía. Es un recorrido que invita a dejar el coche y hacer la visita a pie.
El camino pasa entre casas blancas, escaleras y miradores. En lo alto sobresale la cúpula azul y blanca de la iglesia de Nuestra Señora del Consuelo, visible desde distintos puntos de la costa.
Se trata de Altea, en la Marina Baixa alicantina. En otoño, la visita puede centrarse en recorrer su conjunto histórico y continuar después por el paseo junto al Mediterráneo.
Casco histórico
La zona más antigua de Altea conserva parte del trazado de la villa fortificada. En 2013, el Baluarte y Recinto Renacentista de la Villa de Altea fue declarado Bien de Interés Cultural en la categoría de conjunto histórico. La protección se refiere a ese recinto, no a todo el municipio. boe.es
Una forma de recorrerlo es entrar por el Portal Vell, uno de los antiguos accesos de la muralla. Desde allí, la calle Salamanca, con viviendas de los siglos XVIII y XIX, conduce hacia los miradores y el Portal Nou, otra de las puertas históricas.
La subida exige caminar por cuestas y tramos empedrados, pero permite descubrir Altea poco a poco. Entre las fachadas encaladas aparecen escaleras, pequeñas plazas y calles que vuelven a abrirse hacia el mar.
La cúpula azul
El recorrido lleva hasta la plaza de la Iglesia, presidida por el templo de Nuestra Señora del Consuelo. Su cúpula de tejas cerámicas azules y blancas es la imagen más reconocible de Altea y sirve de referencia desde distintos puntos del pueblo.
Alrededor de la plaza hay terrazas y pequeños comercios. Merece la pena seguir por las calles próximas antes de bajar: los miradores permiten ver cómo el casco antiguo desciende hacia la costa y cómo se extiende la bahía.
En la zona alta también se encuentra la Casa Cervantes, una vivienda construida en la primera mitad del siglo XX por Francesc Martínez i Martínez. Su fachada, con elementos de inspiración mudéjar y un medallón dedicado a Miguel de Cervantes, rompe con la imagen de las casas blancas que la rodean.
Junto al mar
Tras visitar la parte alta, el paseo puede continuar hacia la costa. El Paseo del Mediterráneo recorre el frente urbano junto a las playas y permite seguir caminando con vistas a la bahía.
Altea tiene más de seis kilómetros de litoral, donde predominan la grava y los cantos rodados. La Roda queda cerca del centro, mientras que otras playas y calas, como L’Olla, Cap Negret o el Soio, permiten prolongar la visita por distintos puntos de la costa.
En otoño, estas paradas cobran interés por el paisaje. La cala del Soio, en el entorno de Cap Negret, ofrece vistas hacia la Illeta de l’Olla y permite conocer una parte de la costa distinta al paseo urbano.
Si queda tiempo, la excursión puede ampliarse hacia la sierra de Bèrnia, donde existen rutas con vistas al Mediterráneo. Conviene elegir el itinerario según el tiempo disponible y llevar calzado adecuado: el paseo por el casco antiguo y una ruta de montaña requieren planes distintos.
De vuelta junto al mar, los restaurantes de Altea ofrecen arroces y platos de tradición marinera, como el arroz a banda o el cruet de peix. Es una forma de terminar la visita cerca de la costa después de haber recorrido la villa desde lo alto.