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Los hórreos frente a la ría, las casas marineras y las pequeñas plazas de piedra marcan una escapada por Combarro cuando el verano deja paso a los días más tranquilos del otoño.

Este pueblo de Pontevedra ofrece mucho más que una bonita imagen junto al mar. Sus calles permiten caminar entre construcciones centenarias, mientras la gastronomía gallega pone el broche con pulpo, marisco y otros sabores ligados a las Rías Baixas.

Combarro pertenece al municipio de Poio y se asoma directamente a la ría de Pontevedra. Su casco antiguo, declarado Conjunto Histórico-Artístico, conserva uno de los conjuntos de hórreos más conocidos de Galicia.

Hórreos junto al mar

Buena parte de la personalidad del pueblo se concentra alrededor de las calles de San Roque y ARúa, donde las casas tradicionales se mezclan con pequeñas plazas, cruceiros y construcciones de granito.

Sin embargo, son sus hórreos los que dibujan la estampa más característica. Muchos fueron levantados prácticamente al borde del agua para almacenar alimentos y mantenerlos protegidos de la humedad y los animales.

Horreos tradicionales en Combarro.

Horreos tradicionales en Combarro. iStock

Con la marea baja, es posible contemplarlos desde la propia orilla y apreciar cómo se suceden frente a la ría. Cuando el agua vuelve a subir, la imagen cambia y las construcciones parecen quedar todavía más cerca del mar.

El recorrido también descubre antiguos cruceiros repartidos por diferentes rincones. Piedra, madera y salitre se mezclan así en apenas unas calles que conservan buena parte de la arquitectura tradicional de las Rías Baixas.

Pueblo de Combarro.

Pueblo de Combarro. iStock

Combarro se presta especialmente a descubrirlo caminando. Su pequeño tamaño permite olvidarse del coche y recorrer sin rumbo sus callejuelas, bajar hacia el puerto o detenerse en alguno de los rincones abiertos al agua.

Uno de los paseos más agradables sigue el frente marítimo, desde donde se contemplan la ría de Pontevedra y las embarcaciones que entran y salen del puerto.

Combarro visto desde lo alto.

Combarro visto desde lo alto. iStock

En otoño, además, el ambiente suele ser mucho más pausado que durante los meses centrales del verano.

También merece la pena alejarse unos minutos del núcleo más concurrido para contemplar el pueblo desde otra perspectiva. El granito de las casas, los hórreos y el azul de la ría construyen un paisaje profundamente ligado al mar.

Pulpo y cocina gallega

La gastronomía es otra buena razón para alargar la visita. Entre las calles del casco histórico y el entorno del puerto se concentran restaurantes y tabernas donde probar algunos de los platos más reconocibles de Galicia.

El pulpo á feira es uno de los grandes clásicos, servido tradicionalmente con aceite de oliva, sal gruesa y pimentón. Mariscos, pescados de la ría y empanadas completan una cocina en la que el producto local tiene un peso especial.

Sentarse a comer después de recorrer el pueblo permite disfrutar de otra de las caras de Combarro: la de una localidad que continúa mirando al mar no solo desde sus calles, sino también desde la mesa.

Qué ver cerca

A pocos kilómetros, el Monasterio de San Xoán de Poio permite añadir patrimonio a la ruta. Su conjunto religioso, sus claustros y sus mosaicos hacen de este enclave una de las visitas más interesantes del municipio.

Desde Combarro también resulta sencillo continuar hacia Pontevedra y caminar por su casco histórico, entre plazas porticadas, iglesias y calles peatonales que conservan buena parte de su trazado tradicional.

Otra posibilidad es seguir bordeando la ría hacia pequeñas playas y miradores de la costa de Poio. Una forma de prolongar el paseo y comprobar que, una vez terminado el verano, las Rías Baixas siguen teniendo suficientes razones para viajar hasta ellas.