Agosto suele significar sombrillas pegadas unas a otras y buscar aparcamiento durante media hora antes de pisar la arena.
En un rincón de Almería, sin embargo, esa escena no existe: para llegar hay que dejar el coche lejos y caminar, porque ninguna carretera se acerca al mar.
Cuando el mar está en calma, el agua toma un color turquesa casi artificial, como el de una piscina.
La playa está flanqueada por dunas endurecidas por el tiempo y rocas trabajadas por el viento y el agua, con pequeñas charcas naturales donde queda atrapada el agua salada tras cada ola. No hay bares, ni duchas, ni un solo edificio a la vista.
Hablamos de la Cala de Enmedio, cerca de Agua Amarga, ya dentro del Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar.
Queda encajada entre el Cerro del Cuartel y el Cerro de la Higuera, allí donde la Rambla de la Cala llega al mar, en pleno territorio protegido y reconocido como Reserva de la Biosfera, uno de los mejores tramos de litoral que quedan en todo el Mediterráneo español.
Poca playa, mucha arena buena
Con apenas 150 metros de largo y 35 de ancho, no es una playa grande. Pero su arena, suave y casi sin piedras, es uno de sus mayores reclamos para quienes prefieren calas pequeñas antes que grandes arenales.
Que no haya servicios de ningún tipo de chiringuitos ni infraestructura alguna, forma parte del trato, es justo lo que mantiene el lugar tan intacto.
Buceadores y aficionados al snorkel suelen acercarse por la claridad del agua y por las rocas de los extremos, ricas en fondos marinos.
Alrededor crece una vegetación pensada para sobrevivir con poca agua, típica del paisaje seco de Cabo de Gata.
Solo se llega caminando o en barco
No hay atajos, o se va andando, o se llega desde el agua. La ruta más corta sale de Cala del Plomo, apenas 1,7 kilómetros de camino llano que se hacen en unos veinte minutos.
Desde Aguamarga la distancia crece hasta los dos kilómetros, con una subida al principio antes de bajar ya hacia la cala.
Para quienes prefieren el kayak, Aguamarga también es el punto de salida habitual en verano, siempre que el mar lo permita y siempre mejor con alguna empresa autorizada, ya que hay restricciones para este tipo de embarcaciones.
Desde el mar la vista cambia por completo: se ven mejor los acantilados y las rocas claras que rodean la cala. Al final, lo que hace especial este lugar no son las comodidades, sino justo lo contrario: mar limpio, roca volcánica y ni rastro de construcciones cerca.