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Hay paisajes en España que chocan con la imagen habitual del interior peninsular. Montañas escarpadas que caen en vertical sobre el agua, láminas quietas que reflejan los picos como un espejo y desfiladeros de roca caliza se combinan en un entorno que recuerda a latitudes más norteñas.

Solo hace falta subir a una embarcación para comprobar que este lugar existe y se encuentra en pleno corazón de la cordillera Cantábrica.

Aquí no hay campos de secano ni llanuras infinitas, sino paredes rocosas cubiertas de robles, hayas y tejos que se hunden en aguas de color turquesa.

La comparación con los fiordos noruegos surge de inmediato, aunque el origen de este paisaje es muy distinto: se formó en 1987 cuando las aguas del río Esla anegaron nueve pueblos de la comarca para construir el embalse de Riaño, en la montaña oriental de León.

Navegar sobre el antiguo valle

Desde el puerto deportivo de Riaño parten rutas en catamarán de aproximadamente una hora que permiten adentrarse por los cañones del embalse.

Durante el trayecto, el barco navega sobre la ubicación del antiguo pueblo de Riaño, sumergido a decenas de metros de profundidad y pasa bajo el viaducto que conecta la Montaña Oriental Leonesa con la vertiente de los Picos de Europa.

El recorrido continúa hacia el valle de Anciles, otro de los núcleos desaparecidos bajo el agua, y ofrece vistas al pico Yordas, de casi 2.000 metros de altitud, y al pico Gilbo, conocido popularmente como "el Cervino leonés" por su silueta piramidal.

Las paredes de roca que bordean el embalse combinan vegetación autóctona con cortados donde anidan grandes aves en una masa de agua que supera los 600 hectómetros cúbicos de capacidad.

Bisontes, fauna y memoria en la montaña

El atractivo de la zona no se limita al paseo náutico. En el valle de Anciles es posible divisar bisontes europeos en semilibertad dentro de su proyecto de conservación, visibles en ocasiones desde el propio barco o mediante recorridos guiados en todoterreno.

Asimismo, la lámina de agua es un escenario habitual para la práctica de kayak y paddle surf. En los cortados rocosos habitan especies como el águila real, el busardo ratonero y el buitre leonado.

Ya en tierra firme, la localidad actual de Riaño cuenta con un paseo al borde del agua jalonado por paneles que recuerdan a las poblaciones anegadas por el pantano, como el viejo Riaño, Pedrosa del Rey o Salio.

El paisaje cambia notablemente según la época del año: el otoño aporta tonos ocres al bosque y la berrea del ciervo, el invierno cubre las cumbres de nieve y la primavera llena de agua el cauce.

En cualquier estación, Riaño se consolida como uno de los rincones más singulares de la montaña leonesa.