Alberto Chicote pasa buena parte del año entre restaurantes, grabaciones de televisión y nuevos proyectos gastronómicos. Sin embargo, cuando su agenda le concede unos días de descanso, hay un destino al que siempre le apetece regresar.
Ese lugar está en el corazón de La Rioja y poco tiene que ver con el bullicio de las grandes ciudades. Rodeado de montañas, atravesado por el río Oja y con apenas 2.000 habitantes, Ezcaray se ha convertido con el paso de los años en uno de los rincones favoritos del cocinero.
No es una elección casual. La localidad reúne algunos de los ingredientes que más valora el chef: una gastronomía de primer nivel, un casco histórico perfectamente conservado y un entorno natural que invita a bajar el ritmo desde el primer momento.
Calles de Ezcaray.
El propio Chicote ha reconocido en varias ocasiones el vínculo tan especial que mantiene con este municipio riojano.
"Es un lugar que me enamora por muchas cosas. Primero por la familia Paniego y también porque he pasado tantas cosas allí que parece como si tuviese casa, como si viviese allí", explicaba en una entrevista para Viajes National Geographic.
Una escapada perfecta
Situado en el extremo occidental de La Rioja, Ezcaray está considerado uno de los pueblos con más encanto de la comunidad. Su ubicación, a los pies de la Sierra de la Demanda, hace que la naturaleza forme parte del paisaje en cualquier época del año.
El centro histórico conserva intacta buena parte de su arquitectura tradicional. Calles empedradas, casas de piedra con entramados de madera, soportales y balcones repletos de flores dibujan una estampa que mantiene viva la esencia de los antiguos pueblos riojanos.
Pueblo de Ezcaray.
Caminar sin rumbo por sus calles es uno de los mayores atractivos de la localidad. A cada paso aparecen pequeñas plazas, comercios tradicionales y edificios que recuerdan la importancia que tuvieron durante siglos la ganadería, el comercio y la industria textil para el desarrollo del municipio.
Entre todos ellos sobresale la iglesia de Santa María la Mayor. Construida en el siglo XV, destaca por su robusta estructura de piedra y por una apariencia que recuerda más a una fortaleza medieval que a un templo religioso, convirtiéndose en uno de los monumentos más singulares de La Rioja.
Un templo gastronómico
Pero si hay algo que ha convertido a Ezcaray en un destino imprescindible es su gastronomía. A pesar de su reducido tamaño, el pueblo ha logrado hacerse un nombre entre los amantes de la cocina gracias al trabajo de algunos de los restaurantes más prestigiosos de la región.
Buena parte de ese reconocimiento está ligado a la familia Paniego, auténtica referencia de la gastronomía riojana contemporánea.
Croqueta casera.
El restaurante Echaurren ha situado a Ezcaray en el mapa culinario nacional y ha atraído durante años a viajeros que recorren cientos de kilómetros únicamente para disfrutar de su propuesta gastronómica.
Pero entre todos los platos hay uno que despierta especial devoción: las croquetas elaboradas por Francis Paniego siguiendo la receta heredada de su madre, Marisa Sánchez. Unas croquetas que tanto por su bechamel, como por su cuidada elaboración, ya se han convertido para muchos amantes de la gastronomía en unas de las mejores de España.
Naturaleza y senderismo
Más allá de la cocina, Ezcaray ofrece numerosos planes para quienes disfrutan del turismo activo.
Los bosques que rodean el municipio esconden senderos que atraviesan hayedos, robledales y pequeños cursos de agua, convirtiéndose en un escenario perfecto para practicar senderismo o recorrer la zona en bicicleta.
Quizá por todo esto Alberto Chicote sigue regresando siempre que tiene ocasión. Porque entre calles empedradas, montañas y recetas que forman parte de la historia de la cocina riojana, este municipio conserva una autenticidad difícil de encontrar.