El Cantábrico guarda rincones donde la historia, el mar y la gastronomía parecen ir siempre de la mano. Lugares en los que los barcos siguen formando parte del paisaje cotidiano, las calles conservan su esencia de otra época y el pescado fresco continúa siendo el gran protagonista de la mesa.
Uno de los mejores ejemplos es Castro Urdiales, una de las villas marineras más bonitas de Cantabria. Situada muy cerca del País Vasco, esta localidad combina playas urbanas, un importante legado medieval y uno de los conjuntos monumentales más espectaculares del norte de España, presidido por un castillo que parece surgir directamente de las aguas del Cantábrico,
Pasear por el centro histórico de Castro Urdiales es descubrir el pasado de una localidad que ya fue un importante enclave en época romana bajo el nombre de Flaviobriga.
Castro Urdiales.
Las calles del casco antiguo conservan el ambiente de antigua villa marinera, con plazas porticadas, fachadas tradicionales y numerosos bares donde degustar algunos de los mejores pintxos y conservas de la costa cántabra.
Uno de los lugares más animados es la Plaza del Ayuntamiento, corazón de la vida local, rodeada de terrazas y presidida por el elegante edificio consistorial.
El Castillo de Santa Ana domina la ciudad
La imagen más reconocible de la localidad se encuentra junto al mar. Allí se alza el impresionante conjunto formado por el Castillo de Santa Ana y la Iglesia de Santa María de la Asunción, dos monumentos que dominan el perfil de la ciudad
El castillo construido durante el siglo XIII, destaca por su singular planta pentagonal y por el faro que se añadió posteriormente sobre la fortaleza. Desde sus alrededores se obtienen algunas de las mejores vistas del litoral cántabro y del casco histórico
Castro Urdiales vista desde el puerto.
Junto a él se levanta la iglesia gótica de Santa María, considerada una de las construcciones religiosas más importantes de Cantabria. Sus grandes dimensiones, su ubicación sobre el promontorio rocoso y su cuidada arquitectura la convierten en una visita imprescindible.
Otro de los rincones más fotografiados es el puente medieval que conecta la zona monumental con la pequeña ermita de Santa Ana. Aunque popularmente se conoce como puente romano, la estructura actual es de origen medieval y ofrece una de las estampas más espectaculares de Castro Urdiales. Bajo sus arcos rompen las olas del Cantábrico mientras el castillo y la iglesia se elevan sobre el horizonte.
Puente medieval de Castro Urdiales.
Además de su patrimonio histórico, Castro Urdiales invita a disfrutar del mar. El paseo marítimo recorre buena parte del litoral urbano y permite contemplar playas como Brazomar, una de las más frecuentadas durante el verano. También merece la pena acercarse hasta Ostende, un amplio arenal perfecto para pasear o relajarse junto al agua.
Desde diferentes puntos del recorrido aparecen magníficas vistas del puerto pesquero, que todavía mantiene buena parte de su esencia tradicional.
El bonito del norte como protagonista gastronómico
Si hay un producto que marca el verano en Castro Urdiales es el bonito del norte. Durante la costera, que suele extenderse desde finales de junio hasta principios de otoño, este apreciado túnido se convierte en protagonista de numerosos restaurantes y tabernas.
La receta más conocida es la marmita de bonito, un tradicional guiso marinero elaborado con patatas, cebolla, tomate y pimientos. También es habitual encontrarlo encebollado, a la plancha o transformado en conservas artesanales.
Junto al bonito destacan otros productos emblemáticos de la cocina local como las anchoas, los pescados frescos del Cantábrico y el marisco de temporada, completando una oferta gastronómica que convierte a Castro Urdiales en una de las escapadas más atractivas del norte de España.