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Los arenales inmensos, extensísimos, comienzan a estas alturas del año a ser cada vez más frecuentados por locales y foráneos. Amantes del "playeo" que ya sienten que el verano está a la vuelta de la esquina, y no dudan en enfundarse el bañador a la mínima que sale un rayo de sol.

Al fin y al cabo, contar con 4 kilómetros de litoral, y 11 playas diferentes — entre ellas, Cavaliers, La Barre o Marinella, cada una con su propia esencia—, es toda una tentación. ¿Quién podría dejar pasar una oportunidad como esta para lanzarse de cabeza al mar?

Contemplamos la escena mientras pedaleamos por el carril bici que recorre la costa de Anglet. Un poco más allá, un grupo de amigos, trajes de neopreno preparados, agarran sus tablas de surf para iniciar una jornada prometedora. En este rincón del sur de Francia, este deporte es parte esencial de su identidad: la calidad constante de sus olas lo ha convertido en todo un referente europeo desde hace décadas, y hasta se ha convertido en sede de competiciones internacionales.

Una de las playas de Anglet al atardecer.

Una de las playas de Anglet al atardecer. RiBLANC

Como consecuencia proliferan, a cada paso, las escuelas especializadas y las tiendas que surten del material necesario, pero también una avenida, la bautizada como Anglet Surf Avenue, que hace las veces de paseo de la fama, pero con este deporte como protagonista: cada año, nuevas leyendas del sur —desde Joël de Rosnay a Pauline Ado, Peter Cole o Kelly Slater— dejan su huella plasmada.

Heladerías, cafeterías y sugerentes restaurantes pueblan también la costa de Anglet procurando un sinfín de rincones donde disfrutar de la gastronomía local. Con vistas a la Plage de La Barre, mucho más familiar que el resto, está La Concha, donde el pescado y el marisco protagonizan una carta de lo más tentadora.

También rozando la arena se halla el edificio Espace de L'Ocean, que alberga otra propuesta culinaria más: Le Lieu, donde disfrutar de sugerentes bocados mientras se admira un atardecer en el mar regado de surfistas en acción.

El aparcamiento de bicicletas en plena playas de Anglet.

El aparcamiento de bicicletas en plena playas de Anglet. RiBLANC

Con una primera radiografía de Anglet interiorizada, continuamos a golpe de pedal para descubrir sus otros encantos. Gracias a los 18 kilómetros de carril bici que recorren la ciudad, esta resulta la vía más práctica para desplazarnos. Atravesamos así el bosque de Chiberta, uno de los grandes pulmones verdes de la ciudad. 220 hectáreas donde dominan las coníferas y plantas silvestres: aquí la vegetación se despliega a lo grande hasta fundirse con las dunas de Pignada, donde abundan la arena, las agujas de pino, y múltiples senderos especialmente frecuentados por ciclistas y senderistas.

Muy cerca, otro reclamo. Este, más novedoso: justo en la desembocadura del río Adour se halla el Parque Ecológico de Izadia, que invita a los visitantes a descubrir la biodiversidad de los humedales del litoral.

La playa de Les Cavaliers de Anglet.

La playa de Les Cavaliers de Anglet. RiBLANC

Nos animamos a explorar una parte de sus 14 hectáreas, aprendiendo cómo se desarrolla la circulación acuática entre el mar y el lago norte. En la Casa del Medio Ambiente, a la entrada del parque, se organizan todo tipo de exposiciones científicas con las que entender el funcionamiento ecológico del litoral y la magia del equilibrio entre la fauna y flora de la zona.

A comer

Tras una buena dosis de aire puro, ponemos rumbo a la cotidianeidad. A aquella que se desarrolla en las entrañas de un templo gastronómico de lo más especial: aparcamos la bicicleta a la entrada de Halles des 5 Cantons y nos zambullimos en los aromas y sabores de la cocina vascofrancesa.

Este mercado, repleto de productores locales y puestos enfocados a la restauración, es el lugar idóneo para entender el ritmo de vida de sus vecinos. Paseamos por pasillos flanqueados de puestos de quesos, panaderías artesanas, charcuterías, vinos, pescados y pequeños espacios donde comer algo informal.

Uno de los puestos de quesos más famosos del mercado de Anglet.

Uno de los puestos de quesos más famosos del mercado de Anglet. E. E.

Ahondamos así en una gastronomía profundamente ligada al territorio y a la temporalidad del producto, mientras nos mimetizamos con su ambiente, alejado de cualquier artificio turístico.

Catamos los vinos de Tom y Mathilde en Hazia, los quesos de la tierra en Lait 2 Fromagers o la deliciosa charcutería de Jamón Kionta, un cerdo autóctono de lo más sabroso. Bocados que nos hablan de una gastronomía marcada, también, por su historia, que ha hecho que Anglet siempre haya vivido entre dos mundos: el marítimo y el rural.

Porque mucho antes de convertirse en uno de los destinos más apreciados de la costa vascofrancesa, la zona estaba formada por pequeños núcleos dispersos entre las dunas, bosques y terrenos agrícolas donde también había espacio para pescadores, ganaderos y hasta molineros. Por algo Anglet llegó a conocerse como "el granero de Bayona".

El Brindos Lac&Château de Anglet.

El Brindos Lac&Château de Anglet. Mathilde Ranchon

Para descansar de lo vivido y desconectar de la rutina, optamos por hospedarnos en Brindos Lac&Château, algo más retirado del bullicio de la ciudad. Este lujoso hotel, que ocupa un antiguo castillo a orillas de un lago privado, se halla rodeado de exuberantes jardines y exclusividad.

Un alojamiento único que combina el encanto clásico de un château con una estética contemporánea y cuidada donde se atiende, con delicadeza, hasta el último detalle: desde sus suntuosos desayunos en la terraza a sus atardeceres entre garzas, de la calma de sus jardines, a los sorprendentes lodges flotantes que posee repartidos por el lago.

Cuenta la historia que, adquirido en los años 30 por un escocés adinerado, aquí se vivieron infinitas noches de fiesta a las que asistió lo más granado de la elite europea, incluida la mismísima Coco Chanel. Por si esto fuera poco, el Brindos Lac&Château cuenta, además, con un elegante spa, un restaurante de altura y una atmósfera relajada necesaria para rebajar pulsaciones. Un complemento más que perfecto para una escapada de ensueño al sur de Francia.