Publicada

En pleno corazón del Berguedà, rodeado de bosques y a más de 1.300 metros de altitud, se levanta una construcción que rompe con la imagen más conocida de Antoni Gaudí. Aquí no hay mosaicos ni colores vivos. Solo piedra, pizarra y una integración absoluta con la montaña.

Durante décadas, este edificio pasó casi desapercibido. Su aspecto austero y las reformas que alteraron su diseño original hicieron que muchos lo vieran como un simple refugio de montaña sin especial valor arquitectónico.

Hoy, esa percepción ha cambiado por completo. Un estudio científico impulsado por la Generalitat de Cataluña ha confirmado de forma concluyente que el Chalet del Catllaràs fue diseñado por Antoni Gaudí, reforzando una autoría que durante años estuvo en debate.

Confirmación científica y origen industrial

El Chalet del Catllaràs se encuentra en La Pobla de Lillet, en la provincia de Barcelona. Fue proyectado a comienzos del siglo XX, en torno a 1901-1902, por encargo de Eusebi Güell, el gran mecenas del arquitecto.

Su función era clara: servir de alojamiento para los ingenieros que trabajaban en las minas de carbón que abastecían a la fábrica de cemento Asland. No era una obra monumental ni representativa, sino un edificio práctico adaptado a las condiciones de alta montaña.

El chalet de Catllaràs.

El chalet de Catllaràs. E.E.

La reciente investigación, dirigida por el arquitecto Galdric Santana, ha analizado planos, geometrías y soluciones constructivas que encajan con el lenguaje de Gaudí. Entre ellas, el uso del arco parabólico y la distribución interior con ángulos de 45 grados, características presentes en otras obras del arquitecto.

El estudio también apunta a que Gaudí no dirigió directamente la construcción, que habría sido ejecutada por su colaborador Juli Batllevell. Este hecho explicaría por qué el arquitecto nunca reivindicó públicamente la autoría del proyecto.

El edificio se construyó entre 1901 y 1908 y destaca por su forma triangular, casi piramidal. Este diseño no responde a una intención estética, sino a una necesidad práctica: facilitar que la nieve resbale y evitar acumulaciones que comprometan la estructura.

En su interior, el chalet estaba dividido en seis viviendas distribuidas en tres plantas. Los espacios eran sencillos y funcionales, pensados para optimizar el confort de los ingenieros en un entorno aislado.

Décadas de olvido y recuperación reciente

A lo largo del siglo XX, el chalet sufrió numerosas transformaciones. Durante años funcionó como albergue y se le añadieron elementos que desvirtuaron su diseño original, como una escalera exterior de cemento que rompía completamente su estética.

Estas intervenciones provocaron que su valor arquitectónico quedara en segundo plano. Aunque su vinculación con Gaudí nunca desapareció del todo, sí quedó relegada frente a otras obras más reconocibles.

Chalet de Catllaràs por dentro.

Chalet de Catllaràs por dentro. E.E.

El punto de inflexión llegó con los trabajos de restauración realizados en las últimas décadas. Especialmente relevante fue la intervención de 2015, en la que se eliminó la escalera añadida y se reconstruyó la original siguiendo criterios históricos.

Gracias a estas actuaciones, el chalet ha recuperado su forma y su identidad. Hoy se puede apreciar con claridad su estructura basada en arcos, su revestimiento de piedra y su perfecta integración en el entorno natural.

Más allá de su valor histórico, el edificio destaca por su planteamiento técnico. Muchos expertos lo consideran un ejemplo temprano de arquitectura bioclimática, ya que su forma, orientación y materiales responden a criterios de eficiencia energética.

El arco parabólico no solo aporta estabilidad estructural, sino que también favorece la conservación del calor en el interior, algo esencial en un entorno de montaña.

La recuperación del Chalet del Catllaràs ha servido además para poner en valor una zona poco conocida del Pirineo catalán. Llegar hasta él no es sencillo, lo que refuerza su carácter aislado.

Desde La Pobla de Lillet hay que recorrer varios kilómetros por carretera de montaña y, en el tramo final, avanzar por una pista forestal. El esfuerzo, sin embargo, merece la pena.

Rodeado de un denso bosque, el edificio aparece casi camuflado entre los árboles. Su apariencia sencilla contrasta con la complejidad técnica que esconde.

La visita puede completarse con otros enclaves cercanos, como los Jardines de Can Artigas, también vinculados a Gaudí, o con rutas de senderismo por el entorno.

El chalet forma parte de un pequeño conjunto de obras del arquitecto relacionadas con la arquitectura industrial, junto a proyectos como las Bodegas Güell o la Cooperativa Obrera Mataronense.

Frente a la espectacularidad de la Sagrada Familia o el Park Güell, esta construcción muestra una faceta mucho más contenida del arquitecto. Una obra donde prima la funcionalidad sobre la ornamentación.

Hoy, gracias a la confirmación científica y a su restauración, el Chalet del Catllaràs se presenta como una oportunidad única para descubrir un Gaudí diferente.

Un arquitecto capaz no solo de crear iconos universales, sino también de adaptarse a las necesidades más prácticas sin renunciar a su identidad.

Un lugar donde la arquitectura no busca destacar, sino convivir con el paisaje. Y donde el paso del tiempo, lejos de borrarlo, ha terminado por revelar su verdadero valor.