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España es uno de esos países llenos de rincones que te quitan la respiración. De esos que no esperas encontrar y que aparecen ante el viajero como si hubieran sido pintados en ese mismo instante. Uno de esos lugares son los conocidos como los fiordos leoneses, en Riaño, donde la tierra parece haberse rasgado para dejar paso al "mar" en pleno corazón de Castilla.

Estas lenguas de aguas artificiales que se adentran con una fuerza salvaje entre montañas han sido creadas por el embalse artificial que se tragó hasta nueve pueblos y no por valles glaciares invadidos por el agua del mar. Aunque lo más impresionante de este lugar es que la historia de esos poblados, su espíritu de supervivencia, sube por el río Esla y te trasladan a escenarios de ensueño que no tienen nada que envidiar a los que vemos en Noruega.

De hecho, Riaño rompe cualquier estereotipo sobre el paisaje castellano y de interior, ya que sus verdes montañas y el azul intenso del agua hacen que el visitante se imagine navegando por los increíbles paisajes nórdicos donde es fácil entender lo pequeños que somos ante la inmensidad de la naturaleza.

Paisaje natural del embalse de Riaño, caballos, y turistas desde arriba.

Paisaje natural del embalse de Riaño, caballos, y turistas desde arriba. iStock

Pero Riaño no es solo un pueblo; es un símbolo de resiliencia rodeado por una de las geografías más espectaculares de la Península Ibérica. El embalse, lejos de parecer una obra artificial, se ha integrado en el entorno de tal forma que sus picos calizos, como el imponente Pico Yordas, emergen del agua como auténticos colosos.

El contraste entre la roca gris desnuda y el azul turquesa del agua crea esa ilusión de estar navegando por un fiordo, aunque en realidad, este lugar puede considerarse la antesala de los famosos Picos de Europa.

Conscientes de la belleza del lugar, se han creado algunos miradores estratégicos donde sentirse más lejos de la rutina y más cerca de la paz natural. Uno de ellos es el Banco más bonito de León, que ofrece una vista frontal de los picos que rodean el embalse. Es perfecto para darse cuenta de la inmensidad del paisaje.

Pero también podemos volar por encima de estas montañas y del agua del embalse con el Columpio de Riaño, uno de los más altos de España, que está ubicado en el mirador de Las Hazas. Es la forma perfecta de balancearse con el abismo dejando el no fiordo a tus pies.

El barco más grande de León en Riaño.

El barco más grande de León en Riaño. Turismo León

Sin duda, la actividad que no podemos perdernos para apreciar de verdad este lugar mágico es el paseo en barco. Es en ese momento cuando se entiende por qué se le llama la Noruega española, con esa atmósfera de aislamiento y majestuosidad propia del norte de Europa.

Además, para los más aventureros, tenemos que tener en cuenta que en primavera y verano son los meses ideales para programar una ascensión al Pico Yordas o al Pico Gilbo, que rodea a estos acantilados y que son paseos que pueden ser disfrutados por toda la familia.

El valle, además, conserva algunos secretos que fueron rescatados de las aguas antes de crear el embalse y que bien merecen ser visitados aunque sólo sea por su instinto de supervivencia. Por ejemplo, la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario, una joya románica que fue trasladada piedra a piedra desde el pueblo de La Puerta, o los hórreos, que a diferencia de los gallegos o asturianos, tienen un estilo propio.

El refugio del oso y el águila

Si en Noruega el protagonista es el reno, aquí el rey es el oso pardo y el águila real. El entorno de Riaño forma parte del Parque Regional Montaña de Riaño y Mampodre, un santuario de biodiversidad donde el senderismo se convierte en una expedición por bosques de hayas y robles que albergan una fauna salvaje única.

Si optamos por visitarlos en otoño, tenemos que estar atentos a la música que surge de la montaña con la berrea de los ciervos machos que emiten potentes bramidos y luchan por el control de las hembras, ofreciendo una experiencia inigualable. Es difícil encontrar algo parecido incluso en Noruega.