C. Serna
Publicada

El Palacio Miramar de San Sebastián es una de esas joyas arquitectónicas que parecen haberse quedado atrapadas en un lugar que no les corresponde pero que acaban convirtiéndose en algo mucho más especial precisamente por su ubicación única.

Se trata de una casa de campo de estilo británico que uno presiente que su lugar natural sería una gigantesca campiña o junto a unos enormes acantilados del norte y, sin embargo, se ubica en la bahía de La Concha con unas vistas impresionantes a una de las playas más bonitas del mundo y a un mar con toda su personalidad.

Este palacio fue mandado a construir por la reina María Cristina de Habsburgo-Lorena como una residencia estival para la familia real. Se empezó a levantar en 1893 siguiendo un proyecto del arquitecto inglés Ralph Selden Wornum, un especialista en ese estilo campestre inglés del siglo XIX que hace al edificio tan peculiar.

Palacio Miramar

En esta misma finca de más de 30.000 metros cuadrados entre las playas de La Concha y Ondarreta también hubo un santuario medieval, un hospital para peregrinos y hasta el Monasterio de Santo Domingo. Lo que deja claro la espiritualidad de este montículo ubicado estratégicamente para escuchar la musicalidad de las olas llegando a tierra.

Hoy en día, el Palacio Miramar y su arquitectura old English es uno de los símbolos más fotogénicos de la Belle Époque de San Sebastián y uno de los mejores lugares para entender la fama que esta ciudad ha tenido en todo el mundo.

Además, es un lugar que esconde un papel clave en la monarquía española que muy pocos conocen, ya que en los años 50, estas palaciegas paredes se convirtieron en el colegio internado exclusivo donde estudió Juan Carlos I y los hijos de algunas de las familias más aristocráticas del momento.

Los jardines que rodean al Palacio Miramar en San Sebastián son increíbles.

Los jardines que rodean al Palacio Miramar en San Sebastián son increíbles. Palacio Miramar

El internado de Juan Carlos I

Desde su construcción, el Palacio Miramar fue la gran casa de verano para María Cristina y su hijo Alfonso XIII en una edad dorada para los veraneos aristocráticos en San Sebastián. Con la proclamación de la Segunda República, se utilizó también como residencia de verano para el presidente, pero fue en los años 50 cuando sus habitaciones se transformaron en un colegio internado creado especialmente para Juan Carlos.

La idea era que siguiera escolarizado en España, que hiciera su bachillerato relativamente controlado pero en un entorno discreto.

El futuro rey Juan Carlos con sus compañeros de internado en el Palacio Miramar.

El futuro rey Juan Carlos con sus compañeros de internado en el Palacio Miramar. KUTXA FOTOTEKA

Así que el Palacio Miramar se transformó en una especie de "colegio privado de la monarquía" con unas vistas increíbles sobre La Concha y en sus pupitres se sentaron no solo el futuro rey de España, sino también su hermano y nombres tan ilustres en la época como Alonso Álvarez de Toledo, Jaime Carvajal, Alfredo Gómez Torres, Álvaro Urzaiz o Juan José Macaya.

Hoy, de aquel internado de élite y monárquico solose recuerdan las grandes amistades que el rey forjó con algunos de sus compañeros y, sobre todo, un paisaje amigo tras haber pasado por internados en Suiza y Portugal.

La idea británica

El arquitecto inglés que concibió el palacio como un cottage victoriano trasladado a la cornisa cantábrica, Ralph Selden Wornum, realizó un proyecto que apostaba por tejados inclinados, ladrillo visto, piedra y toques neogóticos, un lenguaje muy inglés que contrastaba con la arquitectura señorial francesa que triunfaba en otros rincones de San Sebastián.

La ejecución de esta obra recayó en el arquitecto José Goicoa, que adaptó el diseño a la complicada topografía, incluso construyendo un falso túnel que aún se conserva para permitir el paso del tranvía y de la carretera bajo los jardines.

Un detalle de uno de los tejados a dos aguas del Palacio Miramar.

Un detalle de uno de los tejados a dos aguas del Palacio Miramar. Palacio Miramar

Desde 1972 el Palacio Miramar es propiedad del Ayuntamiento de San Sebastián, que ha reacondicionado muchas de sus estancias para la celebración de cursos de verano, congresos y eventos privados, mientras que los jardines se mantienen abiertos como uno de los mejores miradores urbanos sobre la bahía.

El interior preserva estancias nobles como el Salón Blanco, el Salón de Música o la Biblioteca, y el exterior se ha integrado en la vida cotidiana de la ciudad ya que es fácil ver tumbados sobre el césped o sentados en sus banquitos a muchos donostiarras o turistas que disfrutan de las vistas directas a la isla de Santa Clara.

La isla de Santa Clara que se ve desde los jardines del Palacio Miramar.

La isla de Santa Clara que se ve desde los jardines del Palacio Miramar. Palacio Miramar

Los jardines terminan en una roca que separa ambas playas y que cuando baja la marea permite pasear desde Ondarreta hasta La Concha. Se conoce como Pico del Loro pero su nombre original era Pico de Loretopea, por una ermita dedicada a la Virgen de Loreto que estuvo ahí hasta 1876.

Para el viajero, Miramar no es solo una visita arquitectónica, sino una pausa lenta entre mar y ciudad, el lugar perfecto para entender por qué la familia real eligió aquí su refugio estival y por qué ahora es uno de los lugares más mágicos del Antiguo, uno de los barrios más populares de Donosti.