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Madrid echaba de menos que Distinto volviera a subir la persiana. No sólo por sus croquetas líquidas, sus tortillas con carácter o esa cocina de mercado que se mueve con naturalidad entre el pintxo y el plato, sino por algo menos evidente: su barra de vinos.

En la esquina de la calle Duque de Medinaceli esta taberna se ha convertido en punto de encuentro de sumilleres, enólogos, comunicadores y aficionados que saben que aquí la copa se piensa tanto como el bocado.

Tras un cierre largo por cuestiones técnicas y un proceso judicial que ha mantenido al local en pausa más tiempo del que les habría gustado a sus fieles, Distinto vuelve a la vida con la sensación de recuperar un pequeño trozo de ciudad.

Una puerta discreta para un interior sorprendente

Una puerta discreta para un interior sorprendente Distinto Taberna

El proyecto personal de Ángel Vellón e Iván de la Torre regresa a su barra icónica con la misma idea de siempre: placer gastronómico sin etiquetas, rodeado de buena gente, buenos vinos, muchas risas y burbujas.

Distinto nació hace casi una década, después de la etapa de El Bambino, como un bar pequeñito para disfrutar sin prisas, entre amigos, copas y bocados con alma. Hoy sigue fiel a esa declaración de intenciones.

Una taberna moderna de cocina de mercado donde se alternan croquetas líquidas, tortillas con guiños castizos (de callos, de pulpo), tartares sobre lima y chipotle, chuletillas de conejo y una colección de pintxos que homenajean distintas esquinas de la gastronomía española.

La experiencia puede moverse entre los 10 y los 600 euros, según las ganas de celebración de cada cliente, pero con la sensación común de estar en un sitio donde el producto y el vino se miran de tú a tú.

El mejor ambiente de vino de Madrid

El mejor ambiente de vino de Madrid Distinto Taberna

La carta líquida es, sin duda, el gran orgullo de la casa. Distinto presume de una de las selecciones de champanes más emblemáticas de Madrid, con precios pensados para que las burbujas no sean sólo cosa de ocasiones especiales.

No es casualidad: Ángel Vellón es Caballero de la Orden del Champagne y lleva años defendiendo que el espumoso puede (y debe) formar parte de la cotidianeidad de la barra, sin perder ni un ápice de rigor.

A su lado, la pizarra de vinos por copas se ha convertido en un imán para el mundillo. No es un cuadro fijo, sino una lista viva donde entran y salen champanes, cavas de larga crianza, vinos tranquilos y jereces, siempre con rotación, siempre con algo nuevo que probar.

Esa oferta cambiante explica por qué Distinto es parada habitual para tantos profesionales del vino y curiosos de barrio. Aquí es fácil encontrarse a sumilleres que han terminado el servicio, enólogos que pasan por Madrid, gente de comunicación y clientes que simplemente se dejan llevar por lo que hoy está escrito en tiza.

La pizarra de vinos por copas

La pizarra de vinos por copas Distinto Taberna

Probar por copas se convierte en una forma sencilla de beber “distinto” sin necesidad de comprometerse con una botella, y eso ayuda a que la barra sea tan conversación como degustación.

Un Gran Reserva que lo cuenta todo en una copa

En medio de toda esa oferta, hay una copa que Ángel ha convertido en pequeña bandera personal: el Gran Reserva Josep Valls de Roger Goulart. Es su “vino favorito” para brindar esta nueva etapa y, de algún modo, un resumen líquido de lo que significa beber en Distinto.

“Esta casa me encanta”, cuenta. “Es una de las más antiguas dentro de la DO Cava; fue creada en 1882, de las primeras marcas en elaborar vino en esta zona”. No habla sólo de fechas, al sumiller le fascinan esos calados subterráneos, más de cinco kilómetros de galerías donde las botellas reposan en silencio hasta que la burbuja está en su punto.

El cava en cuestión mezcla cinco variedades (xarel·lo, macabeo, parellada, pinot noir y chardonnay) y pasa al menos 40 meses de crianza, tiempo suficiente para que la profundidad se haga notar sin que la copa pierda frescura.

Gran Reserva Josep Valls

Gran Reserva Josep Valls Roger Goulart

En el cristal se presenta con un amarillo pálido, limpio, luminoso, y una burbuja fina y elegante que podría recordar a otros espumosos de zonas vecinas, pero mantiene claro su acento mediterráneo. Esa espuma delicada es una de las razones por las que el sumiller lo ha convertido en obsesión: no molesta, no satura, acompaña la conversación tanto como el plato.

En nariz mandan las frutas de hueso, melocotón y albaricoque en primer plano, con notas cítricas que se insinúan más en forma de piel confitada que de golpe ácido. Esa combinación de fruta madura y toques frescos suma complejidad sin necesidad de que el vino juegue a ser críptico.

En boca, la estructura y la larga crianza asoman con suavidad. Hay cremosidad, longitud y un final donde regresan las notas de cítricos dulces, sostenidas por una acidez bien integrada. Es un espumoso que se disfruta tanto solo como con comida, y ahí está, precisamente, su gran virtud.

“Es muy armonioso tanto para empezar una buena comida como, sobre todo, para acompañar todo el proceso”, resume Ángel. En la práctica, eso significa que el Gran Reserva Josep Valls funciona igual de bien como primera copa frente a la barra, para abrir la noche, para celebrar la reapertura, que cruzando el menú completo.

Un cava que va bien con todo

Un cava que va bien con todo Distinto Taberna

Pintxos, tortillas, platos de mercado, chuletillas, aquello que se vaya antojando en una carta que no tiene miedo a mezclar lo castizo con lo viajado. Es un vino que se siente cómodo en la cocina de Distinto, sin pedir protagonismo constante, pero sin desaparecer.

Que el sumiller y socio haya elegido un cava de larga crianza como vino de cabecera para esta nueva etapa dice mucho de la filosofía líquida del local. Distinto no se define sólo por tener muchas referencias, sino por una forma de entender el vino desde la emoción, el origen y la honestidad.

Burbuja fina, tiempo en bodega, mezcla de variedades clásicas y un estilo que prefiere la profundidad a la pirotecnia. O lo que es lo mismo, ingredientes que encajan con lo que ocurre en la barra y en la cocina.

Con la reapertura de Distinto, Madrid recupera uno de esos espacios que acaban funcionando como segunda casa para quien los descubre. El local vuelve con la misma esencia: diversión, amigos, corazón, y una botella de referencia, Gran Reserva Josep Valls, que ayuda a explicar el proyecto sin necesidad de grandes discursos, y que ya se está ganando, copa a copa, a medio Madrid.