Ese mago de la interpretación que es Stanley Tucci, el hombre que, desde dentro, consigue demostrar la fragilidad de lo moral que incluso puede llegar a desemparejarse de lo que está bien, o, mejor dicho, socialmente aceptado, porque, en atención a las circunstancias, el instinto de supervivencia puede conducir a cualquier persona a cometer un grave error del que no hay vuelta atrás, logrando justificarlo en pro de la protección, propia y del entorno, también en base a la misma moral del individuo que superpone el bien objeto de conservación frente a cualquier signo de ataque que rompa el equilibrio establecido.

Recomendada miniserie, 'Inside Man', propia de una buena maratón que no viene nada mal en estos bochornosos tiempos para tener la excusa perfecta y no salir a la calle por peligro a achicharrarse.

Y precisamente es desde dentro donde se pone en marcha el funcionamiento de toda la maquinaria a la que vienen acostumbrándonos los partidos políticos que ninguno se escapa de ser poco dado a practicar la democracia interna.

Los unos por los otros, en un lado los que ni siquiera convocan primarias, congresos, cualquier denominación que encaje en los mecanismos de elección de candidaturas por parte de los militantes, afiliados, en general, de los de cuota; y, por otro, los convocantes, pero, eso sí, con una buena dirección de orquesta.

Relatos para todo y argumentarios cargados para jugar a una banda u a otra, a convenir.

De ahí la deriva de la fragilidad de lo moral a la inconsistencia de la ética política por falta de costumbre y el uso de la democracia también hacia dentro y desde dentro.

Dejando de lado el tema democrático vence la estrategia política, que, tras los correspondientes cálculos cuantitativos y cualitativos, arroja el resultado más conveniente en atención a la variable riesgo beneficio. Moral o ético, eso ya no es objeto de discusión, acertado o no eso no es objetivable de inmediato, sino en escalda desde las bases hacia a fuera pasando por el campo mediático.

Un espacio abierto, plural, donde todas las sensibilidades, porque, aunque las siglas del carné sean las mismas, y esto sí que es enriquecimiento, no así los pensamientos, los modos y las formas, tengan cabida para dialogar y elegir, bajo normas democráticas, las cabezas representativas, que duda cabe, sin falsas urnas, votos de más, y martingalas varias, que nos darían para otra miniserie, o serie tradicional, por temporadas.

El nostre territori no és l'excepció, mentres el Partit Popular sembla que anirà a dit amb Pérez Llorca, per a evitar haver de suturar, en el PSPV opten per la performance per a donar-li, des d'un escenari amb logo, el lideratge a Diana Morant que no aconseguix als carrers.

Podríem caure en l'error de pensar que ací els perjudicats són els que paguen els cànons sense opció d'elecció, però la normalització de la falta de democràcia interna devalua la qualitat democràtica.