El mes de enero parece que nunca termina, es extenso como ninguno. Aunque ya estamos llegando a su fin, todavía quedan días para irnos a febrerito el corto. La cuesta se hace intensa, en la calle hace mucho frío y, a pesar de todo, no parece que el clima político tenga intención de rebajar de graduación; ahí seguimos, siempre en ebullición.
Y, delante de este panorama, que es todo menos dialogante, nos topamos de lleno con el principal reto de inicio de año, nada novedoso, por cierto, pero sí de máxima relevancia, ya que no es atrevido afirmar que, en definitiva, el modelo de financiación autonómico lo es todo, porque sin una economía que valide, nos vamos a políticas públicas que quedan vacías de presupuesto y, por ende, de su ejecución.
Sola se quedó la vicepresidenta y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, en la cumbre autonómica sobre financiación. Bueno… casi sola, el respaldo de Cataluña ahí estuvo, empujado por la negociación mantenida con Esquerra Republicana de Cataluña de la que dimana la propuesta del nuevo modelo de financiación autonómica.
Pesó la política de trinchera arropada por el territorialismo, ni los propios aceptaron lo impuesto, lo que deriva de un pacto bilateral al que no habían sido invitados.
Era de esperar y no sorprendió, aunque sí decepcionó por las formas desde el origen, con lo simple que es sentarse y parlamentar, algo que se aprende desde bien pequeños pero que parece se va perdiendo abducidos por el sostén de la posición y del cargo.
Ahora, abierto en canal el espacio del diálogo entre propios y ajenos, no se trata de reconducir aquello que fue objeto de conducción negligente guiado por un solo carril sino de tender puentes tristemente bombardeados por la polarización política que lejos de domarse cabalga salvajemente por las mesas de decisión.
Año de elecciones y preparativos electorales no es año de converger, sino de separarse, valga como mensaje a todos los optimistas que caen en la ingenuidad del bien común como bandera de la alta política, del arte de gobernar.
Tampoco podemos permitir que la sociedad caiga en la desafección que, por otra parte, sigue su ritmo de crecimiento en proporción a los gestos de los que ejercen la política distante a lo peticionado, exigido y necesario para que la gobernanza sea satisfactoria, porque a mayor distancia menor índice de confianza.
La negociación, el diálogo, los acuerdos, armas de gran impacto que ahora duermen en las armerías a la espera de que los valientes cojan la llave y fuercen la imagen real del pacto.
Nos protege la determinación de la democracia que rige el alma mater de nuestro estado, como así lo vieron los que sí estaban cuando debieron estar.
En memoria de mi madre, ma mare.