Ese es el tiempo de gracia que se le concede a cualquier gobierno para lo que podríamos llamar adaptación o, bien, para empezar a sacar los colores por la gestión si no es acorde con lo prometido.
Y, como, a modo de sainet valencià: “el temps passa més que de pressa, volant”, los cien días del gobierno del president Pérez Llorca ya se han concluido y toca empezar a dar cuentas, o así venía siendo desde antaño, cosa que se ha quedado ya en una mera diligencia formal, porque así lo exigen los tiempos cortoplacistas en los que nos encontramos inmersos y sin visos de salida.
Dando cuentas de lo hecho matando al relato, otra cuestión, la del relato, que parece estar muy en boga, aunque la verdad es que siempre lo ha estado, porque no hay nada mejor que ganar las calles sin moverse del sillón de la concedida autoridad.
Pero esto no es gobernanza porque no aporta beneficio alguno para el crecimiento y desarrollo de una sociedad.
El President del Consell agota el plazo concedido con una batería de medidas de reducción de la carga fiscal, compromiso adquirido en el Debate de Investidura, palabra dada y palabra cumplida.
También ejecuta, y con nota, la simplificación administrativa, que no con ello las garantías de gestión de lo público, sino todo lo contrario, la razón de ser de la administración pública que es, al menos, no poner piedras en las ruedas, y si ya, de paso, son ágiles, efectivas y eficientes, igual encontramos su incluso el objetivo del arte de la política.
Soluciones para la vivienda, como siempre lo han sido, vienen dadas a largo plazo, pero ello no significa que debamos dejarlo anotado en un sobre que diga: “abrir el próximo siglo”, sino que empieza por poner la primera piedra, con la promesa dada de la construcción de ciento veinte mil viviendas.
Con el foco en ser President deja el asunto más propio de la cultura del chisme, el de la candidatura para las próximas elecciones de 2027, que igual también de eso se trata de empezar a centrarse en lo que verdaderamente importa.
El diálogo y el consenso siguen su camino no sin dificultades, porque resulta más que imposible sentarse con el que no busca pactos sino fotos y titulares, ahí despejando casillas, se avanza más y más rápido.
A la cola de la financiación autonómica, a veces, hay que saber decir que no, si no es lo que conviene, asumir riesgos, que esto también va con el cargo, frente a un PowerPoint sin garantías se sigue la senda de las deducciones fiscales, que, bien venidas sean.