Petos de ánimas en Vigo.
Vigo Secreto: los pequeños santuarios para salvar almas esparcidos por la ciudad
Los petos de ánimas son unas de las grandes manifestaciones materiales del culto a los muertos en Galicia, y en la ciudad olívica se da la circunstancia que se pueden encontrar en un ámbito urbano e industrial, no sólo en zonas rurales
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Dice la tradición popular gallega que los petos de ánimas tienen una doble función: la de salvaguardar el recuerdo de las almas en pena del Purgatorio y la de pedir por ellas a través del ruego y las limosnas; de hecho, por esto se llaman "petos", es decir, "huchas".
Se trata de una de las grandes manifestaciones materiales del culto a los muertos en Galicia y se pueden encontrar a lo largo de toda la geografía gallega, normalmente conservadas en zonas rurales o en las propias iglesias. Al fin y al cabo se trata de monumentos rústicos que forman parte de las tradiciones religiosas de esta tierra, como los cruceiros.
El desarrollo urbano ha terminado con muchas de estas representaciones en el centro de las ciudades. En Vigo, Cabral es el barrio donde más se acumulan, pero los más curiosos y algunos de los mejor conservados están, en cambio, en ámbitos mucho menos rurales e, incluso, en zonas industriales.
Peto da Rúa das Ánimas
Peto da Rúa das Ánimas.
Es en la calle das Ánimas, nombre muy adecuado para una vía que conecta la Avenida de Beiramar, frente a Barreras y junto al teatro Ártika, con Tomas Alonso. Justo al principio, se pueden ver dos hornacinas separadas por una máquina expendedora; una en honor al Perpetuo Socorro y, la otra, a la Virgen del Carmen. En ellas aparecen sus respectivas imágenes, ambas con escapularios con los que recogen a las ánimas que aparecen entre llamas.
La máquina expendedora se trata de una de las agresiones a las que este tipo de patrimonio, pequeño y desconocido, suele estar sometido. En 2008, se llevó a cabo una humanización y se decoró la pared con un mural en el que se representaba un árbol, concretamente, el símbolo vigués de la oliveira. Apenas un año después, ese dibujo fue arrasado con un boquete y la instalación de una máquina expendedora que hoy ya no funciona.
Según la ficha de Turismo de Galicia, el Peto da Rúa das Ánimas es un recurso etnográfico del Camino Portugués, y lo fecha en 1887.
Peto do Romeu
Peto do Romeu.
En dirección hacia las playas, en la Carretera de Camposancos, entre concesionarios de coches, encontramos otro de estos petos de ánimas, en este caso incrustado en el muro de una propiedad privada; recibe el nombre de Peto de Ánimas de Romeu.
Esta pieza conserva la policromía, dos columnas pintadas, con seis figuras entre las llamas del purgatorio y una central, más destacada, con atuendo religioso. Además, en la parte superior se puede ver la imagen de la muerte, representada en la calavera con huesos. Cuenta, también, con una inscripción con su denominación y localización, San Andrés de Comesaña, y una fecha, 1860.
Según la leyenda, este peto se colocó ahí en recuerdo de un peregrino que hacía el Camino de Santiago y murió en ese mismo lugar. Además de lo que se recaude en el propio peto para salvar su alma, se dice que también se usó el dinero del peregrino para pagar el peto y ayudar a su salvación.
Durante años estuvo desmontado, pero posteriormente fue restaurado y recolocado en su lugar original.
Peto de Teis
Peto de Teis.
Dentro del Camino Portugués, en la Avenida de Galicia, se encuentra uno de los petos más llamativos de la ciudad, conocido como el Peto de Teis, por su ubicación en el barrio.
Frente al parque da Riouxa, se trata de uno de los más representativos de la ciudad olívica y llama la atención su ubicación, junto a la carretera, junto a una desviación, sin señalización ni protección,.
En su iconografía, es uno de los más completos, también: aparece una cruz apoyada sobre una bola, Cristo, una Virgen y, en el retablo central, San Francisco salvando ánimas del purgatorio. Hay siete figuras entre las llamas con San Francisco en posición central y elevada sobre ellas.
Según Turismo de Galicia, es de 1631, aunque otras fuentes señalan que no se puede determinar una fecha clara, ya que la que aparece en la propia inscripción no es legible.