Vigo Secreto:
Vigo Secreto: el "safari" de ratas que organizó un clásico barrio vigués como protesta
En 1976, el rápido crecimiento de la ciudad provocó la construcción de múltiples viviendas y polígonos pero las condiciones en las que vivían los vecinos les llevó a organizar esta original competición
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Lo que hoy es uno de los grandes barrios urbanos de Vigo, con una gran avenida, zonas verdes y espacios residenciales, a mediados del siglo pasado era una parroquia de carácter rural, alejada del núcleo urbano y olvidada de la vida del centro.
Coia estaba vinculada al entorno de Bouzas cuando la ciudad todavía no había experimentado su gran expansión hacia el oeste, fruto de un crecimiento industrial, que tuvo su influencia en el aumento de población y convirtió a Vigo en destino para aquellos que, desde otras localidades gallegas, buscaban un futuro mejor.
Lo que estuvo marcado por fincas, caminos, pequeñas industrias y reducidos núcleos vecinales, comenzó en la década de los 60 a sufrir una profunda transformación con el desarrollo del polígono de viviendas que convirtió suelo rural en terreno edificable, abriendo una nueva etapa en la historia urbana de Vigo.
Población multiplicada por ocho
Entre los años 60 y 70, se multiplicó la construcción de viviendas al tiempo que modificó el escenario, acercándolo con el paso del tiempo a lo que hoy se puede ver en un trayecto por la Avenida de Castelao. Si la ciudad olívica contaba con 23.259 habitantes en 1900, en 1970 la población ascendía a 197.144; setenta años en lo que los ciudadanos se multiplicaron por ocho. Vigo se convertía, así, en la ciudad más importante de Galicia gracias a uno de los desarrollos urbanos más rápidos de Europa.
Pero el desarrollo urbanístico de Coia no estuvo acompañado de la necesaria creación de servicios complementaria al crecimiento poblacional. Según recogen los medios de la época, los vecinos se quejaban de problemas como la falta de guarderías, de transporte urbano, servicios, establecimientos donde comprar productos y de higiene, que derivaban en problemas de alcantarillado y presencia de ratas.
Y es la presencia de estos roedores lo que llevó a los vecinos a plantear una inusual, original y surrealista protesta; si hablásemos en términos actuales, tuvieron la idea de hacer un evento "viral" para llamar la atención de los poderes políticos. Lograron, al menos, aparecer en los diarios locales, tal y como recoge el Faro de Vigo en mayo de 1976.
Un "safari" de ratas
De esta forma, se organizó un "safari" de ratas, que consistía en una cacería de estos animales por el barrio y en el que ganaría el que más ejemplares recolectase, especialmente si eran hembras, por eso de atacar directamente sobre la reproducción de la especie. La expectación fue máxima entre vecinos y curiosos, aunque un cartel dejaba claro que era necesario ser mayor de edad para participar.
Fue en la parroquia del Cristo de la Victoria, y según el diario los ganadores fueron Manuel Estévez, Manuel Franco y Miguel Gómez, con un botín de ocho ratas. Entre las armas para capturarlas, la crónica destaca trampas con tocino como cebo, aunque también destaca que hubo menos capturas de las esperadas, como si estuviesen "avisadas" de la batida convocada.
Como en toda competición, hubo también polémica; se protestó ante el jurado, formado por "personal cualificado para el pesaje y medición", debido a una presa sospechosa ya que, según los denunciantes, la habían "estirado" para "dar mayor tamaño".
Además, según la crónica del Faro, también estuvo presente Antonio Nieto Figueroa, "Leri", cuya furgoneta con altavoces fue usada para llamar a los participantes. Una presencia que le dio, si cabe, un toque más vigués.
A pesar de lo llamativo de la propuesta, hay constancia de más "safaris de ratas" en ciudades como Madrid también como forma de protesta en barrios del extrarradio por las malas condiciones de vida.