Luis en el Parque da Bouza.
Vigo Secreto: El parque que antes fue la cochera del tranvía y que desató una lucha vecinal
Se encuentra en el barrio de Coia, en donde hubo una explosión de viviendas en la década de los 80 para dar respuesta a las familias que llegaban motivadas por el pulso industrial de la ciudad. La Parroquia del Cristo de la Victoria respaldó estas movilizaciones
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Seguro que a muchos le suena un lema que, en la década de los 90 y principios de los 2000 se repitió como un mantra en el barrio vigués de Coia: "A Bouza é nosa". Todavía hoy hay vestigios de lo que un día se convirtió en más que una lucha, en una causa social con el trasfondo de la convivencia, la defensa del patrimonio y la necesidad de preservar espacios verdes, también en las ciudades.
Aquella lucha emanó de un barrio obrero que, pese a su reciente creación, pronto favoreció un vínculo entre quienes lo habitaban. Movidos por el pulso industrial de la ciudad olívica, Coia creció de la mano de ourensanos, asturianos, castellano-leoneses y por nuevos pobladores que llegaban con un sueño: Buscar el mejor futuro para las familias que acababan de formar.
El barrio de Coia creció de una manera que no tuvo precedentes en Vigo. Cooperativas, entidades bancarias, cuerpos profesionales e, incluso, militares, participaron en el boom constructivo del denominado Polígono de Coia. Sin embargo, este barrio creció en ladrillos, pero no en demasiados servicios, o, al menos, no todo lo que se necesitaba dada la cantidad de gente que residiría en estos nuevos inmuebles.
Unas reivindicaciones amparadas por la comunidad religiosa
Pronto los vecinos, especialmente, los congregados en la Parroquia del Cristo de La Victoria, empezaron a movilizarse: Querían colegios e institutos para sus hijos, pero también centros de reunión vecinal y un pulmón verde entre tanto edificio. "Este barrio fíxose así de golpe. Eu levo aquí dende o ano 80, momento no que se estaban edificando todos os edificios: Os do Ministerio, os da Caixa de Aforros, os de Vitrasa, Vulcano...", recuerda Luis Calvo, palentino afincado en Vigo desde muy joven, y que adoptó muy pronto la cultura, el sentimiento y la lengua gallega como propias, además de ser partícipe de numerosas reivindicaciones vecinales. Trabajó en Citroën (actual Stellantis) toda su vida. "Éramos xente nova con fillos, polo que empezamos a reivindicar colexios, institutos, zonas verdes, e zonas deportivas", añade. Lo anterior vino motivado por la explosión industrial, automovilística, de conservas y naval de Vigo, por lo que en la ciudad olívica se empezó a demandar mucha mano de obra.
En un principio estas reivindicaciones se hicieron desde la Asociación de Vecinos del Cristo de la Victoria, aunque luego ésta se disgregaría en asociación y plataforma ciudadana. Nacieron al amparo de la parroquia religiosa de la zona que, antes de tener su iglesia, tenía su seno en la capilla del Instituto Coia 2. Es por esto por lo que se conoce la Iglesia del Cristo como una comunidad de comunidades.
Debido a las distintas culturas y procedencias de estos nuevos habitantes del barrio vigués, la asociación vecinal coincidió en la importancia de impulsar acciones culturales con el trasfondo de Galicia. "Potenciamos as festas populares: O Magosto, o Entroido, Os Maios...", recuerda Luis. "Creouse o Centro Cultural Rueiro dentro do propio complexo parroquial, edificado nos anos 70", añade.
Así, gracias a las reivindicaciones vecinales se fueron consiguiendo colegios como el Seis do Nadal, el Celso Emilio Ferreiro o los institutos.
Parque da Bouza, en Vigo.
"A Bouza é nosa"
En Coia, en donde actualmente está el Parque da Bouza, se ubicaron las cocheras de tranvía o, más concretamente, la estación central, que llegaba hasta Florida. "Había algúns que circulaban pola costa, outros que saían hacia O Porriño e os que viaxaban pola propia cidade", rememora Luis. Con todo, en los 70, los tranvías dejaron de funcionar y en este punto se estableció un poblado gitano. Luis recuerda que el concejal Leri empezó, respetando el poblado, a redefinir la zona en materia deportiva con la creación de un campo de fútbol.
Con todo, los vecinos comenzaron a reclamar una zona verde con cierta amplitud, y también un local social vecinal y cultural para reunión. "Había unha proposta neste senso dende o Concello e nós sempre a reivindicamos. Con Castrillo fixemos un proxecto para o centro cultural e moita forza. Con todo isto e primeiro coa reivindicación do parque xurdiu o lema de 'A Bouza é nosa' -había una placa conmemorativa, pero fue robada y nunca se repuso-", matiza Luis. "Conseguiuse o parque -ya antes, bajo el mandato de Soto-, pero o centro cultural nunca se fixo. É unha espiniña clavada", añade.
Luis asegura que todo -o parte- de lo que se construyó en Navia a posteriori, iba a ser realidad en el Parque da Bouza. "Chegaron a vir as máquinas e nós nos opuxemos", remarca Luis. "Había proxectadas máis de 600 vivendas. Unímonos todo o barrio contra eso, fixemos unha cadea humana. Ao final permutouse esta zona urbanizable pola de Navia", añade.
Todos estos hechos marcaron la citada disgregación de agrupaciones: Por un lado continuó su camino la Asociación de Vecinos Cristo de la Victoria y, por el otro, el movimiento vecinal Cristo de la Victoria, amparado por la parroquia: "Non podía haber dúas asociacións de veciños dentro dun mismo barrio e para esas reivindicacións non pensabamos do mesmo xeito. Eles -alude a la asociación- miraban as cousas doutra maneira", matiza Luis.
Con el tiempo, A Bouza se convirtió en el pulmón verde de Coia y, semanalmente, acoge la feria de barrio. Cuenta con parques y estanques con patos, aunque, a día de hoy, hay ciertas zonas muy deterioradas: "Penso que os veciños logo se deron conta da súa importancia", incide Luis. "Podes vir aquí a pasear, a facer deporte... Aquí en Coia moitos somos xente maior que precisamos dun lugar no que poder reunirte, charlar, atoparse...", añade.
Zonas deterioradas en el Parque da Bouza.
Con todo, el centro de reunión vecinal nunca se consiguió, aunque a día de hoy todavía se pueden ver las piedras que, simbólicamente, se fueron poniendo anualmente rememorando la querencia de los vecinos por contar con este punto. "Queriamos aí o centro cultural. Non desistimos, pero penso que a forza do barrio xa non está tan centrada aí. De facer unha movilización pensamos que a resposta sería mínima. A xente nova xa non ten esas expectativas", concluye.
Las piedras que de manera simbólica se fueron colocando en recuerdo al centro cultural de A Bouza que nunca existió.