Un sociólogo gallego sobre las nuevas dinámicas de pareja: Salimos de una relación y ya buscamos entrar en otra

Un sociólogo gallego sobre las nuevas dinámicas de pareja: "Salimos de una relación y ya buscamos entrar en otra" Shutterstock / Treintayseis

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Un sociólogo gallego sobre las dinámicas de pareja: "Salimos de una relación y ya buscamos entrar en otra"

José Francisco Durán Vázquez, profesor en la Universidad de Vigo, destaca el impacto de la tecnología y de los cambios en los valores sociales como factores clave en la transformación de los vínculos afectivos

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Las relaciones de pareja atraviesan un momento de profundo cambio. En un escenario marcado por la hiperconexión, las aplicaciones de citas y la exaltación de la libertad individual, nunca ha sido tan fácil empezar una relación… ni terminarla. La sensación de tener siempre otras opciones al alcance de la mano convive, de forma paradójica, con un creciente sentimiento de frustración y soledad.

José Francisco Durán Vázquez, profesor de Sociología en la Universidad de Vigo, analiza este cambio en las dinámicas afectivas contemporáneas. Desde una perspectiva sociológica, explica cómo el amor ha dejado de apoyarse en proyectos de vida compartidos para depender casi exclusivamente de la emoción y de la elección individual, una transformación que no solo redefine la forma de enamorarse, sino también de romper y de afrontar el desencanto.

¿Han cambiado las dinámicas sociales de las relaciones en los últimos 30 años?

Sí, han cambiado, pero para entenderlo bien hay que ir un poco más atrás y mirar cómo han evolucionado las relaciones en las últimas décadas. Yo suelo dividir este proceso en dos grandes etapas.

La primera llega hasta mediados de los años 80 en España y se articula en torno al modelo del llamado "amor romántico". En ese contexto, los roles estaban bastante definidos: la mujer asumía el papel de cuidadora y el hombre el de proveedor económico. Así, aunque la elección de pareja tenía que ver con el gusto personal, al elegir a alguien también se aceptaba, de forma implícita, un proyecto de vida con esos roles ya establecidos.

A partir de los años 90, sin embargo, entramos en una segunda etapa, la de lo que denominamos "relaciones puras". Con la incorporación masiva de la mujer al mercado laboral, los roles tradicionales empiezan a diluirse y la elección de pareja se vuelve plenamente electiva, basada casi exclusivamente en criterios románticos y afectivos.

El problema es que esta mayor libertad también introduce nuevas complejidades. Las relaciones están menos institucionalizadas, ya no hay guiones claros sobre cómo deben funcionar, y eso genera conflictos cuando las expectativas románticas chocan con las exigencias de la vida cotidiana. La libertad se convierte en un valor central, tanto para iniciar como para terminar una relación, y es en este contexto de relaciones puramente electivas donde aparecen y operan las aplicaciones de citas.

"La libertad se ha incorporado como un valor tanto para incorporarte a la relación como para salir de ella"

José Francisco Durán Vázquez, profesor de sociología en la UVigo

¿Son las redes sociales y la hiperconexión la causa de estas nuevas formas de relacionarse o más bien un síntoma?

No se puede hablar de una relación de causa-efecto simple. Las nuevas tecnologías no crean estas dinámicas, sino que actúan sobre un contexto social previo y acentúan tendencias que ya existían, como la electividad. Funcionan de forma muy parecida a la lógica de la sociedad de consumo: se elige pareja aplicando criterios de selección, filtrando características y descartando opciones. Esto no inventa nada nuevo, pero sí acelera y reconfigura un proceso que ya estaba en marcha.

¿Podemos hablar entonces de una mercantilización de las relaciones, similar a comprar online?

La dinámica se parece a la mercantilización, pero sería un error explicarlo todo solo desde ahí, porque estamos ante un fenómeno claramente multifactorial.

Por ejemplo, discursos como el feminista también han reforzado el carácter puramente electivo de las relaciones al empoderar la capacidad de elección de la mujer. El gran cambio contextual del siglo XX, con la incorporación femenina al trabajo, provoca una desinstitucionalización de las relaciones: los individuos diseñan su vida sin un guion institucional claro. Sin embargo, siguen estando condicionados por otras instituciones, como el mercado laboral, que rara vez se cuestionan. A esto se suman los discursos culturales que refuerzan la idea de que las relaciones son solo afectivas y electivas, y que no requieren grandes explicaciones para terminarse.

¿Esta libertad para abandonar las relaciones hace que hoy se perciban como más volátiles que en generaciones anteriores?

Totalmente. Las generaciones anteriores, aunque se unían por amor, tenían expectativas que iban más allá de lo puramente sentimental, como la construcción de un proyecto de vida en común. Eso permitía interpretar los conflictos como obstáculos dentro de un camino compartido. Hoy, en cambio, se ha sacralizado el amor romántico hasta convertirlo en una especie de religión secular, la única esfera de trascendencia. Cuando esa expectativa de amor pleno choca con la realidad -falta de tiempo, presión laboral- y el único guion es el propio amor, cualquier desencuentro se interpreta como desamor, y la salida se convierte en una opción lógica.

¿Existe entonces una tendencia al desapego emocional y a las relaciones superficiales?

Sí, es un cambio de estándar social. El desapego y la falta de compromiso están presentes en el clima cultural. Las nuevas generaciones socializan en un entorno donde el compromiso se percibe como algo negativo. La norma moral que regula hoy las relaciones es la soberanía del individuo para elegir. Este principio se presenta como una expresión de la "ética de la autenticidad" -"yo siento esto de verdad"-; y no como egoísmo, situándose por encima de cualquier otro valor.

"Lo emocional tiene prestigio hoy en día, te libera de culpa"

José Francisco Durán Vázquez, profesor de sociología en la UVigo

Pero esa libertad individual, ¿no acaba volviendo a las personas más egoístas?

Sí, aunque no se percibe como egoísmo, sino precisamente como autenticidad. La norma social dominante es que eres libre de entrar y salir de una relación. Ese principio se considera supremo, y cualquier apelación a valores como el compromiso o la responsabilidad hacia el otro se interpreta como una forma de coacción. Incluso la idea de quedarse en una relación se reformula en términos de elección, no de compromiso. Esto genera una paradoja: una libertad sin límites puede volverse contra el propio individuo, dejándolo solo con su "pura libertad", sin un marco que le dé sentido.

¿Eso hace que cualquier pequeño conflicto se convierta en motivo suficiente para romper?

Exactamente. Los códigos morales dan sentido a nuestras acciones. Antes, el compromiso funcionaba como un código válido. Hoy ha sido sustituido por el de la elección individual, que es lo que nos "dignifica". Incluso la terapia de pareja suele moverse dentro de este marco: se centra en la introspección y en validar los sentimientos individuales, presentando la decisión de irse como legítima, en lugar de apelar a un principio externo como el compromiso.

¿La decisión de abandonar una relación es entonces puramente emocional?

Lo emocional tiene hoy un enorme prestigio social. Se asocia con lo auténtico y, además, libera de culpa. Si tus sentimientos te dicen que ya no quieres estar en una relación, esa voz se considera suficiente y moralmente válida. Los problemas aparecen especialmente cuando hay hijos, porque la sociedad se ve obligada a reconstruir institucionalmente lo que no puede sostenerse solo desde la libertad individual. Sin embargo, como el discurso dominante es el de la elección, cuesta reconocer los efectos problemáticos de esta lógica.

¿No se tiene en cuenta el daño que se puede causar a otros?

Según el discurso hegemónico, no se está haciendo daño; al contrario, el daño estaría en no ser sincero con uno mismo. La autenticidad emocional pesa más que la responsabilidad hacia el otro, especialmente entre generaciones jóvenes socializadas en esta norma.

Además, hablamos mucho de inclusión, pero de forma superficial. La inclusión real implica sacrificio, una renuncia parcial por el bien del otro o del grupo. En una pareja con hijos, por ejemplo, incluir al otro en un proyecto común implica sacrificios reales. Cuando se habla de inclusión sin sacrificio, en realidad no se está incluyendo de verdad.

¿Ha desaparecido entonces la disposición al sacrificio en las relaciones?

Prácticamente. El sacrificio ha dejado de ser un valor porque choca con el principio supremo de la libertad y la elección. El modelo es el de la sociedad de consumo: las elecciones no deberían implicar grandes renuncias. Pero una relación duradera exige sacrificios reales. Esta contradicción genera frustración, porque muchas personas desean tener pareja, pero sus valores no se corresponden con lo que eso requiere.

¿Esa frustración aumenta cuando alguien queda fuera del "juego" de la elección?

Si la única norma cultural es elegir y ser elegido, cuando no te eligen o no tienes opciones, no hay un marco moral que explique esa situación. La frustración surge de no poder dar sentido al rechazo más allá de una supuesta incapacidad personal.

¿El exceso de opciones genera miedo al compromiso por si aparece algo mejor?

Sí. En las apps, la elección se sitúa al inicio del proceso. Uno se convierte desde el principio en un homo eligens, alguien que compara constantemente. Eso genera angustia. En cambio, muchas relaciones tradicionales surgen sin ese acto consciente de elección entre múltiples candidatos, lo que reduce esa presión.

¿Esta elección compulsiva responde a la búsqueda del pico emocional del inicio de una relación?

No es tanto un rasgo psicológico como un efecto sociológico. Si el fundamento de la relación es la intensidad emocional, cuando esa intensidad baja se percibe que la relación ha perdido su sentido. La compulsión surge del deseo de recuperar ese pico emocional, porque la expectativa social es que el amor debe sentirse siempre así. Por eso se sale de una relación, pero rápidamente se desea entrar en otra.

"La gente sale de una relación, pero rápidamente anhela entrar en la otra"

José Francisco Durán Vázquez, profesor de sociología en la UVigo

¿Vamos hacia una sociedad más solitaria?

Paradójicamente, sí. Estamos hiperconectados, pero más solos. Las relaciones humanas necesitan ritualidad y copresencialidad, estar físicamente juntos de forma recurrente. Las interacciones virtuales no pueden sustituir eso. La soledad tiene causas múltiples, pero la pérdida de tiempo compartido y de espacios comunes es clave.