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Vigo

Vigo Vertical, el gran proyecto con más luces que sombras que ha cambiado la forma de moverse en la ciudad

Desde hace más de una década, las rampas, escaleras mecánicas y ascensores se han convertido en un elemento imprescindible para la movilidad urbana, aunque las averías y los diseños que han cambiado el aspecto de calles céntricas han conllevado críticas a las infraestructuras

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El año 2015 arrancó con la inauguración de las primeras escaleras mecánicas de la ciudad. El sistema que unía la Puerta del Sol con Abeleira Menéndez, instalado en varios tramos a través de Segunda República, suponía el germen de lo que se conoció como Vigo Vertical. Nueve meses después, se ponía en marcha el primer ascensor urbano, una suerte de funicular en Juan Ramón Jiménez para salvar unos 20 metros entre Menéndez Pelayo y Camelias en 45 segundos.

En origen, el Vigo Vertical era una estrategia municipal, apoyada por fondos europeos, para hacer más accesible una ciudad cuya complicada orografía ha obligado durante muchos años a buscar caminos alternativos con tal de no someter a las piernas a un castigo asiduo, el de superar las cuestas y desniveles que caracterizan la imagen de Vigo.

Pero, progresivamente, se ha convertido en una manera de entender la ciudad y adaptarla a los nuevos tiempos. Eso sí, algunas de las actuaciones no han estado exentas de polémica. Desde 2015 hasta 2018 se extendió finalmente la obra de las primeras escaleras desde Puerta del Sol, que encontró en su trayecto definitivo restos de la muralla y la antigua red de suministro de agua potable que abastecía a la Mina de Neptuno.

Presente y futuro

A partir de ahí, el mapa se fue poblando de piezas. Primero, las conexiones del corredor de Torrecedeira y O Castro: Marqués de Valterra-Torrecedeira, el ascensor del parque Camilo José Cela y el de San Salvador. Luego, otros puntos estratégicos: las escaleras de Praza de Portugal, las de Pizarro, el ascensor de Pizarro, las escaleras de Talude, las rampas de Carral, el ascensor de Praza da Estación junto a Vialia, las rampas de Teis, la rampa y el ascensor de Travesía-Aragón, las rampas de Lavadores, las cinco de Escultor Gregorio Fernández y, ya en marzo de 2026, el ascensor entre Romil e Hispanidad.

A estas, se unirán progresivamente las rampas de Pintor Lugrís, las de Pintor Colmeiro, entre Álvaro Cunqueiro y Tarragona, las del Paseo de Granada, a la que recientemente se ha añadido el anuncio de una nueva rampa, y las de Serafín Avendaño, que conectarán García Barbón con el Halo. Además, está proyectado el corredor de Finca Matías y una nueva secuencia de rampas en Gran Vía, en este caso, desde la Plaza de España y Plaza de América.

Estructuras icónicas

Dentro de la eficiencia del proyecto, hay dos elementos del Vigo Vertical que han cambiado la fisionomía de la ciudad y han trascendido el mero término de "rampa" o de "ascensor". En Gran Vía, las pasarelas se extienden por prácticamente todo el bulevar central tomando forma de una cubierta colorida. Pero desde el inicio recibió críticas por su diseño, por la estética de la marquesina de colores y, sobre todo, por la tala de árboles del bulevar.

El día de la inauguración del primer tramo, en diciembre de 2020, mientras unos celebraban una infraestructura útil y moderna, otros seguían viendo en ella una intervención excesiva en uno de los ejes más reconocibles de la ciudad. La controversia, que arrancó también por las trabas de Patrimonio para que arrancasen desde el principio de la calle, no ha desaparecido con los años; simplemente ha convivido con el uso masivo. Así, hoy conviven la consolidación de una solución para una gran cuesta y la furibunda crítica por el nuevo aspecto que le ha dotado a la Gran Vía.

La segunda obra icónica, según la línea temporal, es el Halo. Se puso en marcha a mediados de febrero de 2024, el último día de campaña electoral, por lo que los fastos habituales se tuvieron que suprimir. La conexión entre Serafín Avendaño y el centro comercial Vialia y Vía Norte mandaba al olvido un rodeo de dos kilómetros, subiendo por Alfonso XIII, con dos ascensores de 17 plazas, una torre de 45 metros y medio minuto para salvar un desnivel de unos 50 metros.

Su diseño ha sido reconocido con premios arquitectónicos y se ha convertido en una imagen más del skyline vigués; un anillo panorámico suspendido sobre la AP-9 y una estructura que se ilumina por la noche.

Con el Halo, el alcalde Abel Caballero ha reforzado una idea que repite desde hace años: construir corredores mecánicos completos. El eje que parte del Areal y asciende hacia Ribadavia y el de Beiramar y O Castro. Las rampas de Escultor Gregorio Fernández fueron presentadas como complemento del "gran corredor" del Halo, y el ascensor Romil-Hispanidad, inaugurado en 2026, fue definido como la "penúltima pieza" del itinerario mecánico Beiramar-O Castro.

Polémica

Pero el gran ascensor tampoco escapó a la controversia, sobre todo en sus inicios, sumido en un debate sobre seguridad y vigilancia. Tras los graves sucesos ocurridos en febrero de 2024, la infraestructura quedó bajo foco y se reforzó la presencia policial, mientras el Concello anunciaba la evaluación de medidas adicionales. Ahí apareció otra crítica recurrente al modelo: no basta con inaugurar piezas vistosas; hay que dotarlas de vigilancia, mantenimiento y gestión cotidiana a la altura de la inversión simbólica y económica que representan.

Aun así, los números siempre han establecido la importancia del Halo; en su primer día desató largas colas y sumó 25.000 usuarios solo en su primer fin de semana. En su segundo aniversario, Caballero cifraba en 1,8 millones de viajes cada año.

Fallos mecánicos

Los fallos mecánicos de las diferentes infraestructuras han sido, quizás, las principales sombras del proyecto. En el Halo, por ejemplo, dos semanas después de su apertura, una cabina quedó parada a 25 metros de altura con 9 personas, entre ellas tres menores, encerradas.

El ascensor que conecta Pi y Margall con Camelias ha sido uno de los que más problemas ha dado, con averías constantes; una de ellas, por ejemplo, dejó también encerradas a una decena de personas; en la cabina había un bebé, dos perros y una mujer que estuvo al borde del desmayo. De hecho, este ascensor estuvo parado durante un tiempo para cambiar parte de las piezas y ganar fiabilidad en su funcionamiento.

Más recientemente, las rampas de Gran Vía se vieron afectadas por las tormentas eléctricas de finales de abril, y quedaron paralizadas el 80%.