Araceli, gerente junto a su hermana en Zapatillería Compostela.
Zapatillería Compostela, desde 1970 en Vigo: "La gente se asegura de comprar calzado nacional"
La madre de Araceli, ya jubilada y conocida en todo O Calvario por trabajar en este establecimiento desde los 14 años, dejó el camino hecho a sus hijas. En este local, como en otros similares que persisten pese al avance de Internet y de las grandes áreas comerciales, el cliente quiere producto nacional, pues considera que es sinónimo de garantía
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La zona de O Calvario no se entendería sin su comercio local, tampoco sin la Zapatillería Compostela, cuya historia se remonta a 1970. Es la historia de María del Carmen Montero Freitas, que trabajó varios años a las órdenes del zapatero fundador de un negocio que luego ella misma perpetuó. Al principio el local ofrecía servicio de reparación de zapatos, luego se quedó en zapatillería.
Antes se empezaba a trabajar a una edad temprana y, precisamente, esa dedicación a la zapatillería, nada menos que desde los 14 años, ha hecho que todo el mundo en O Calvario conozca el nombre de Zapatillería Compostela y el de la propia María del Carmen. También el de sus dos hijas, que hoy en día son el relevo generacional de su madre, ya jubilada.
Una de ellas es Araceli, madre de dos hijos, y hasta hace poco más de una década, trabajadora en el sector sanitario. También desde muy joven supo lo que era el trabajo en un negocio local, dedicándose al mismo algunas horas a la semana con el objetivo de sufragar sus propios gastos, hasta que ya se asoció definitivamente con su hermana Marta. "Me cogí una excedencia. Este trabajo me permitía conciliar mejor la vida con mis hijos", cuenta Araceli. "Seguidos llevo unos 12 años. Luego mi madre se jubiló y ya nos quedamos mi hermana y yo. Se sigue llamando igual, pero nosotras hicimos una sociedad", añade.
Entrada a la Zapatillería Compostela.
Solo zapatillas y tenis
La Zapatillería Compostela solo vende zapatillas y tenis y si algo tiene en común con las zapaterías que persisten, tras años, en la ciudad olívica, es que los proveedores son nacionales. Tal y como Araceli cuenta, mucha de la clientela siempre se asegura de ello: "Me preguntan siempre si las zapatillas son españolas", cuenta la responsable del local.
Estos días el comercio se encuentra lleno de cajas debido al cambio de temporada. Los números de las zapatillas van desde el 17 hasta el 52 y las hay para todos los gustos y tanto para hombre como para mujer y niños pequeños. "En verano también tenemos alpargatas", puntualiza Araceli.
Interior de la Zapatillería Compostela.
¿Cómo se logra sobrevivir frente al avance de Internet y las grandes áreas comerciales?
Es la pregunta del millón en el comercio local. Araceli está convencida de que ese trabajo o, mejor dicho, ese valor añadido, lo aportó, en este caso, su madre: "Como empezó tan jovencita la conoce todo el mundo. Es del Calvario de toda la vida y aquí sigue viviendo", cuenta Araceli. "Cuando nos cambiamos de local, que antes estaba en el paseo -ahora está en León 20- muchos pensaron que habíamos cerrado. Pero aquí seguimos", añade.
Araceli insiste en que todo el producto es nacional, salvo un caso puntual. "Tenemos marcas de Albacete, de La Rioja, de Aragón... Todo es nacional", remarca. "La gente quiere saber de dónde es el producto. Confían más. Me preguntan 'son españolas, ¿non, nena?'", anota.
Con todo y a pesar de que este local no tiene venta por Internet, Araceli se ha lanzado con las redes sociales. "Mientras podamos seguiremos así. Yo no compro por Internet, por ejemplo. A veces las fábricas se quedan sin representantes y nos mandan el catálogo. Pues no. Yo quiero ver y tocar la zapatilla", remarca Araceli, quien cuenta que, a la hora de comprar una buena zapatilla, lo que la diferencia es el piso, que sea vulcanizado. También que tenga goma de caucho natural para evitar resbalones y que esté elaborada con tela buena o algodón.
Calzado de la Zapatillería Compostela.
La época más fuerte, la Navidad
En este establecimiento, el periodo de mayor bonanza es la Navidad, época en la que se necesitan refuerzos. Con todo, el trabajo es incesante el resto del año:"A mí me gusta mucho este trabajo. Hay gente que nos conoce y que se preocupa por nosotras. Son clientes que nos conocen desde siempre. Son amigos", cuenta. "Tenemos clientas de más de 90 años, pero también lo son sus nietas", añade.
Araceli cree que, a pesar de que hoy en día el comercio local quizá ya no alcance para alimentar a una familia entera, lo cierto es que hay esperanza para él, pues son muchos los que, a la hora de adquirir un producto, todavía quieren "ver, tocar y comprar", concluye.