David Pimentel, del Kiosco Castelao de Coia (Vigo).
Kiosco Castelao, 30 años cuidando de Coia, en Vigo: "Los kiosqueros hacemos barrio"
David Pimentel es de Coia, estudió en este barrio vigués y en él se quedó trabajando desde que salió del instituto hasta la actualidad. El barrio ha cambiado en estas tres décadas, pero su kiosco sigue siendo el mismo: Las chuches y las revistas están en su sitio, y todas las mañanas entran las mismas personas a comprar el periódico. Es la suerte de lo cotidiano y la esencia que hace de esta zona de Vigo lo que es
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Un día, a David Pimentel, dueño de Kiosco Castelao en el barrio vigués de Coia, le dijeron una frase certera: "Los kiosqueros somos más que eso, hacemos barrio". Quizá hasta entonces y debido a que nunca tuvo otro trabajo, este vecino de Coia consideraba normal tratar de tú a tú a sus clientes, que éstos le confiaran sus problemas como si fuera un psicólogo o que le avisasen si iban a faltar a su religiosa cita de las mañanas para pedirle el periódico: "Tengo algún cliente que si va a estar fuera viene y me dice 'David, esta semana no voy a ir a por la prensa, pero no te preocupes, es que estaré fuera'", cuenta el kiosquero.
Las tendencias en el consumo han cambiado y los locales lo han hecho por extensión y para dar respuesta a las nuevas demandas: Hoy una farmacia vende chicles, un súper, pipas, y una gasolinera, bolsas de gominolas. Pero el Kiosco Castelao no tiene en sus lineales cremas, ni embutidos, ni productos para el coche. El Kiosco Castelao sigue siendo un kiosco, el mismo de siempre.
Por no cambiar, ni las chucherías ni la prensa han cambiado de lugar. Quien entra a este local, situado en plena Avenida de Castelao o, como dice David, "en primera línea de playa en Coia", sabe dónde está lo que quiere: Las gominolas y las patatillas, a la izquierda, la prensa, a la derecha.
Su primer y único trabajo
Cuenta David, quien lleva más de tres décadas como kiosquero, el primer trabajo que tuvo tras salir del instituto, que su vida siempre discurrió tranquila en lo geográfico: "Nací en Coia, estudié en Coia y aquí trabajo. Si llego a Traviesas me pierdo", cuenta entre risas.
Antes de un Kiosco, Castelao fue una Panadería Nieto, clásica en Vigo, y la que fue jefa de David lo convirtió en un Kiosco enfocado a papelería y otros servicios. "Empecé como empleado unas horas, aunque mi madre quería, en el fondo, que volviera a estudiar. Sin embargo, después de hacer el servicio militar, acabé quedándome yo con el negocio", recuerda David.
Por aquel entonces todavía existía el Videoclub La Videoteca, que acabó reconvertido en un local de hostelería, pero que fue muy importante para el kiosco: "Al final quien alquilaba una película, después pasaba por aquí para comprar chucherías. Nos afectó mucho que se cerrara. También antes, los sábados, que era día de partido en Balaídos, venía mucha gente. Con el cambio de horarios en el fútbol, todo cambió", explica el kiosquero de Coia.
Kiosco Castelao, en Coia (Vigo).
Una clientela fiel
El Kiosco Castelao también cambió, y se quedó como un local en el que adquirir chucherías, prensa y refrescos. Desde entonces, ha sido así: "La gente muchas veces yo creo que viene por fidelidad y por costumbre. Es una rutina comprar el periódico, pero también se busca ese contacto, hablar", explica David en alusión, sobre todo, a la gente mayor de 70 años, que es la que sigue comprando el periódico en papel. "Los fines de semana hay gente más joven, porque ahí tiene más tiempo, pero está claro que no lee tanto en papel", añade. Sobre cómo afectará este cambio de tendencia y una posible desaparición del papel, David es sincero: "No lo he pensado, pero espero no vivirlo".
100 periódicos diarios
Con todo y a pesar de la caída del papel, lo cierto es que el Kiosco Castelao sigue vendiendo unos 100 periódicos al día, cifra que se incrementa, especialmente, los domingos: "No son solo los 100 periódicos, son esas 100 personas que entran todos los días por la puerta y que al final ya conoces", enfatiza David.
Prensa en el Kiosco Castelao, en Coia (Vigo).
Pero el kiosquero es agradecido, y responde a esa fidelidad sacrificando su propio descanso: "Abro de lunes a domingo. Al final a la gente le estás dando un servicio y, si se lo cortas, pues el negocio termina por no funcionar", puntualiza. "Si un día viene un cliente y ve que el kiosco está cerrado, vuelve al día siguiente y ocurre lo mismo, al tercero ya no vuelve. La gente tiene interiorizados los horarios y está acostumbrada. Aunque gane menos dinero, tengo que seguir esas dinámicas", añade.
Sobre cómo lleva el no descansar, el kiosquero vigués responde que todo es costumbre: "Creo que es que me he habituado. Al final no queda otra", remarca. "Tampoco tuve otro trabajo, entonces no sé lo que hay. Para mí venir a trabajar un domingo es como trabajar un lunes. Para mí es una forma de vida", añade.
Como la prensa, el Kiosco Castelao cierra tres días al año: Año nuevo, Navidad y Viernes Santo. A raíz del fallecimiento de su padre, que era quien le echaba una mano, David decidió, por primera vez, cerrar una semana en verano, algo que nunca había hecho.
Chucherías en el Kiosco Castelao, en Coia (Vigo).
Conocer a todo el barrio
David está convencido de que el kiosquero forma parte del barrio y va mucho más allá de un papel de simple vendedor: "Al final te involucras en las familias. La gente sabe que estoy aquí siempre, me deja recados", cuenta David. "Al llevar tanto tiempo pues te cogen cariño. Mi hija siempre me pregunta que cómo conozco a todo el mundo en Coia", añade entre risas.
Como si fuera un famoso, a David le paran por la calle: "Me ha pasado al ir al hospital, o de fiesta. Siempre me dicen '¡oh, el kiosquero!' No es por presumir, que no me gusta, pero es verdad que me pasa. Incluso me dicen que el kiosco es punto de encuentro entre amigos", concluye David, que no cuenta con tener relevo generacional en este negocio, porque, aunque bonito, "es muy sacrificado", y prefiere otra vida para su hija. Sí cuenta con jubilarse en él, por lo que los vecinos de Coia podrán seguir teniendo, los próximos años, a su kiosquero y amigo. Alguien a quien dar los buenos días y con quien charlar en un mundo cada vez más individualista.