Diana Lameiro y Juan Luis Vázquez
Juan Luis Vázquez, fundador de Casa de Outeiro: "Hay situaciones que no puedes arreglar simplemente trabajando más"
El empresario gallego habla de la dura racha personal y económica que estuvo a punto de sobrepasarlo
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Detrás de un gran proyecto, siempre se esconde una historia de resistencia y superación. Juan Luis Vázquez, fundador de Casa de Outeiro, es una de esas mentes inquietas que nunca paran de emprender, pero tras su éxito hay noches en vela, una enorme presión por no fallar y cicatrices todavía por curar.
En esta entrevista, el empresario de Quiroga nos acerca su lado más personal y nos relata esos momentos más duros, y que han resultado todo un aprendizaje.
Para que la gente te sitúe… ¿quién eres y a qué te dedicas?
Soy Juan Luis Vázquez. Soy empresario, de Quiroga. Fundador de Casa de Outeiro y Grupo Tourgalia, proyectos con un enorme componente de propósito, quiero ayudar a recuperar este territorio. Ahora mismo estoy muy centrado en proyectos vinculados al turismo, al mundo rural y al desarrollo de territorio. Soy una persona bastante inquieta, siempre estoy pensando en cosas nuevas y, probablemente, también me meto en más cosas de las que debería.
¿Cómo te describirías hoy, en este momento de tu vida?
Creo que hoy soy bastante más pragmático que hace unos años. Sigo siendo una persona que empuja muchísimo y soñador, muy soñador, eso no ha cambiado, pero he aprendido a relativizar bastante más las cosas y, sobre todo, a no tomar determinadas decisiones desde la tensión del momento ni a frustrarme por esperar de los demás más de lo que pueden ofrecer
Si hoy tuvieras que decir “estoy en un punto…” ¿qué dirías?
Estoy en un punto de mi vida de mucha actividad y mucha responsabilidad. Bastante expuesto y con la presión de no fallar a mucha gente. También es un momento en que hay mucho que ordenar y por mi cabeza ronda la idea de soltar la parte ejecutiva y pasar a otros roles más estratégicos. También estoy en un punto de mayor tranquilidad a la hora de afrontar los problemas, aunque estos tienen mayor tamaño cuando todo crece.
Ahora mismo, ¿cómo estás por dentro?
Bien. Con preocupaciones, como todo el mundo, y con momentos mejores y peores, pero con bastante más equilibrio que hace unos años. A pesar de estar en medio de esa famosa ronda, con esos deadline, algo que genera mucha tensión creo que la estoy manejando bien. No voy a negar que hay días en los que todo te sobrepasa, esos días mejor parar, dejar móvil a un lado, respirar profundo y esperar a mañana.
Si miramos atrás… ¿cuándo dirías que empezó esa etapa difícil?
Con el COVID. Creo que, como le ocurrió a muchísima gente, de repente todo se volvió tremendamente incierto.
En mi caso coincidieron varias cosas. El negocio iba mal, no sabíamos qué iba a ocurrir y, además, perdí a mi suegro. Era una persona a la que quería muchísimo y fui yo quien le contagió aquella maldita enfermedad que él no pudo superar.
Eso evidentemente te marca y hoy lo llevo dentro. Desde 2021 no pude entrar con gente a su bodega. Este año lo hice.
¿Recuerdas en qué momento pensaste: “esto no es normal, algo me está pasando”?
No recuerdo un momento concreto. Creo que fue algo progresivo. Cuando estás dentro de una situación así no siempre eres consciente de cómo te está afectando. Vas tirando y tratando de hacerte fuerte. Quizás yo sea un poco solitario en mis momentos bajos, no me gusta contagiarlo. Aunque he de reconocer que es contraproducente.
¿Cómo era tu día a día entonces?
Había mucha incertidumbre. Profesionalmente intentabas resolver una situación que no dependía completamente de ti y personalmente estabas viviendo una pérdida muy importante.
Dormía muy mal, mi estado de ánimo era peor y eso terminaba afectando a mi relación con las personas y con mi entorno.
¿Qué era lo que más te pesaba en silencio?
La impotencia. La sensación de que había cosas que, por mucho que quisieras solucionarlas, no estaban en tus manos, y eso es complicado de aceptar.
Y evidentemente estaba la pérdida de mi suegro y la circunstancia de haber sido yo quien le contagió. Eso es algo difícil de manejar.
¿Había algo que te daba miedo reconocer?
Quizá reconocer hasta qué punto todo aquello me estaba afectando. Yo siempre he sido una persona de tirar hacia delante, de buscar soluciones y ponerme a hacer cosas. Y cuando estás acostumbrado a funcionar así, cuesta asumir que hay situaciones que no puedes arreglar simplemente trabajando más. Vamos, que no soy alguien que comparta sus penas, prefiero compartir alegrías. Aunque quizás esto no sea lo más sano, porque acabas reteniendo demasiado.
¿En ese momento eras consciente de que estabas mal o lo fuiste entendiendo con el tiempo?
Creo que esa sensación fue creciendo con el tiempo. En aquel momento estaba más centrado en seguir adelante que en analizar cómo estaba yo. Con el tiempo eres mucho más consciente de cómo determinadas situaciones te hacen cambiar o cuando vuelves a sentirte bien te das cuenta de lo mal que estabas, y lo bien que se está, cuando estás bien.
¿Qué tipo de pensamientos se te repetían más?
Sobre todo la incertidumbre. Qué iba a pasar con el negocio, cómo íbamos a salir de aquello, cuándo terminaría todo…las inversiones abiertas, la apertura del hotel, del viñedo...no había ventas, fue tremendo.
¿Dormías bien? ¿Comías bien? ¿Te aislabas?
El sueño sí se vio afectado. Y cuando no duermes bien y estás sometido a mucha tensión, inevitablemente cambia también tu estado de ánimo. Me saltaba algunas comidas, eso también lo hago hoy. Generaciones como la mía llevamos el sacrificio por bandera, no acaba de ser sana tanta ambición. Aislarme, sí. Demasiado. Ahora soy consciente.
¿Lo ocultabas o la gente de tu alrededor lo notaba?
Creo que se notaba. Fui una persona difícil durante algún tiempo. Tenía altibajos derivados de la propia situación y seguramente quienes estaban más cerca de mí fueron quienes más los sufrieron.
¿Te costó pedir ayuda?
Mi principal ayuda fue mi entorno. Mi mujer y mi familia siempre han estado ahí. No tengo una historia concreta de un día en el que dijera “necesito ayuda”. Fue más bien tener cerca a esa persona importante que te sostiene mientras tú intentas seguir con todo.
¿En algún momento intentaste aparentar que estabas bien?
Más que aparentar que estaba bien, creo que intentaba seguir funcionando. En esos momentos quizás es cuando más lideré. Me sentía responsable de las personas que trabajaban en mis proyectos y de mis propias decisiones, todo eso te obliga a mantenerte firme. Aunque no voy a negar que por dentro estaba tocado.
¿Qué fue lo que más te frenaba?
Probablemente mi propia forma de ser. Soy una persona muy orientada a solucionar problemas. Mi reacción natural ante una dificultad es buscar soluciones. Eso es una fortaleza, pero también puede hacer que nunca te pares a pensar si estás bien.
¿Recuerdas quién fue la primera persona con la que hablaste de verdad?
No recuerdo una conversación concreta pero mi mujer fue mi apoyo durante todo ese periodo, y quiero recalcarlo, y darle las GRACIAS.
¿Hubo un día concreto en el que dijiste “hasta aquí”? No.
A veces contamos estas cosas como si siempre existiera un momento revelador en el que todo cambia. En mi caso no fue así. Seguir trabajando manteniendo esa visión positiva nos hizo sobrevivir y sobreponernos a aquella situación. Seguimos vivos, fue todo un proceso.
¿Qué pasó para que algo cambiara?
Creo que tengo una especie de mecanismo interno que me dice que, de una manera u otra, las cosas acabarán arreglándose. Y a partir de ahí acción, constancia y visión. Es importante visualizar la salida. No significa negar los problemas. Pero si intentar concentrarse en aquello sobre lo que se puede actuar.
Una vez empezaste a actuar… ¿qué fue lo primero que hiciste?
Tampoco hubo una acción concreta. Lo que sé, es que seguí empujando, ajustamos las estructuras y en cuanto se recuperó algo de normalidad tratamos de apuntar alto para salir reforzados. Mentalmente me centré en la visión, me ayudó como decía antes, visualizar un final feliz y enfocarme.
¿Qué fue lo más duro del proceso?
Aceptar las cosas que no puedes cambiar. Puedes trabajar para sacar adelante un negocio, puedes tomar decisiones, puedes intentar solucionar problemas. Pero hay otras cosas que pasan sin que puedas hacer nada y tienes que aprender a vivir con ellas. Cuesta, pero es así. Hay que disfrutar de la vida.
¿Y qué fue lo que más te sorprendió de ti mismo?
Probablemente la capacidad que tenemos para seguir adelante incluso cuando atravesamos situaciones que en ese momento parecen imposibles de superar.
¿Hubo recaídas o momentos de retroceso?
Hubo altibajos. No creo que estos procesos sean lineales. Y los sigue habiendo y siempre los habrá. Nadie debe de sentir la presión de estar siempre al 100%.
¿Quién estuvo contigo de verdad en esa etapa?
Mi mujer, sobre todo. Sin ninguna duda.
¿Qué aprendiste sobre tu entorno?
Que lo es todo. Cuando todo se desmorona es lo que te queda. Los tuyos. Puedes tener mucha capacidad de trabajo, ser muy resolutivo o pensar que puedes con todo, pero cuando vienen momentos duros es cuando te das cuenta de lo importante que es no estar solo.
Aprender a vivir diferente con el tiempo, ¿qué cosas aprendiste sobre tus emociones?
He aprendido sobre todo a poner distancia entre el problema y la decisión.
Antes probablemente reaccionaba mucho más rápido ante determinadas situaciones. Ahora intento dejar un pequeño espacio antes de decidir.
¿Aprendiste a escucharte más?
Sí, aunque seguramente todavía podría hacerlo bastante más y a los demás también.
¿Qué te ayudó más?
Mi entorno, jugar al fútbol y autoreflexión. Esa tendencia natural a pensar que todo se acabará arreglando también ayuda. Pero claro también actuar. No dejar las cosas sin resolver.
¿Qué te funciona hoy cuando notas que algo empieza a removerse otra vez?
Respirar. Y pegar algún grito al aire ayuda a relajar el estómago. Después tomar perspectiva y distinguir qué depende de mí y qué no. Y sobre lo que depende de mí, tratar de actuar.
Si comparas tu vida antes y ahora… ¿qué ha cambiado más?
Mi manera de enfrentarme a las situaciones difíciles. No significa que ahora los problemas me den igual o que pase por encima de ellos. Me afectan. Pero tengo un punto de reposo que antes no tenía. Todavía me pongo nervioso y esto también se entrena. Es algo en lo que seguir mejorando. Encontrar la calma.
¿Qué cosas valoras hoy que antes no valorabas?
El entorno, la familia y también la tranquilidad.
¿Hay algo que hoy te hace sentir orgulloso?
Haber seguido adelante sin perder las ganas de hacer cosas. Reunir a tanta gente alrededor de ese propósito. Mis hijos. Mi familia. Todo mi entorno y el poso que dejaré si todo sigue adelante.
¿Qué significa para ti hoy estar bien?
Tener equilibrio. Poder tener problemas sin que los problemas ocupen absolutamente todo. Aunque todavía no lo he logrado!!
Hoy en día, ¿qué haces para cuidarte?
Intento relativizar mucho más y no llevar cada problema hasta sus últimas consecuencias mentalmente. Ejercicios de respiración, un coach y como decía gritar de vez en cuando. Y ahora que mis hijos ya son un poquito más grandes (3 y 2 años), toca volver al deporte!
¿Qué cosas ya no negocias contigo mismo?
Intentar no decidir desde la tensión. Aunque cuesta mucho. No trasladar la tensión laboral al entorno familiar. Pero todo ello es difícil, somos personas permeables.
¿Qué señales detectas ahora rápido y antes no veías?
Cuando una preocupación empieza a ocupar demasiado espacio. Cuando notas que afecta al sueño, al carácter o a cómo estás tratando a las personas que tienes alrededor. Lo detecto rápido pero todavía no consigo aislarlo y eliminarlo por completo.
¿Cómo te hablas a ti mismo hoy cuando tienes un mal día?
Tengo un diálogo interior bastante fuerte. A veces negativo y otras positivo. Pero me sirve pararme frente al espejo y decirme: venga, vamos! Lo vas a conseguir + algún taco que no voy a decir, jejeje…
Si pudieras hablar con tu “yo” de aquella etapa, ¿qué le dirías?
Que tenga paciencia. Que no todo tiene que resolverse hoy y que hay cosas que necesitan simplemente tiempo. Que valore más al detalle las consecuencias de una decisión en todos los ámbitos antes de tomarla. Decidir solo por la ilusión es malo y ser excesivamente analítico también. Creo que ponerse delante la pregunta del para qué hago esto en relación a la vida que quiero tener, es importante. Yo no siempre me la hice.
¿Qué te habría gustado que alguien te dijera en ese momento?
Que no puedes controlarlo todo. Y que aceptar eso no significa rendirse. Que puedes equivocarte y que no eres el único ni peor por fracasar.
¿Qué consejo le darías a una persona que está pasando por algo parecido pero todavía no se atreve a pedir ayuda?
Que hable y que se apoye en los suyos y en profesionales. Sin miedo a lo que digan.
Y para cerrar… si alguien que nos está leyendo está roto por dentro hoy, ¿qué te gustaría decirle?
Que cuando estás dentro de un momento muy malo parece que esa va a ser tu realidad para siempre, pero que quizás en toda esa oscuridad pueda aparecer un rayo de luz al que agarrarse y que mejor estar preparados. Intentar visualizar ese momento puede ayudar a que llegue antes. Pero me cuesta mucho dar consejos, las situaciones pueden ser muy difíciles.
También que se apoye en las personas que tiene cerca, que pida ayuda si la necesita y que intente centrarse primero en lo que sí puede hacer hoy.
Los problemas grandes nadie tiene que pensar en resolverlos inmediatamente. Por desgracia la sociedad te empuja rápidamente al agujero. Si hay que ir al agujero, mejor rodeado de quien puede ayudarte a salir de él.