El escritor pontevedrés Manel Loureiro.
El escritor gallego más internacional presenta su nueva novela: "Dentro del Manel de 50 años está el de 15, y está alucinando"
Manel Loureiro presenta 'Antes de que todo cambie', en la que el protagonista tiene la misión de matar a todos los primeros ministros de la Unión Europea; lo hace con sus obras publicándose en el mercado estadounidense y, tras la adaptación de 'Apocalipsis Z', nuevos proyectos para pasar del papel a la pantalla
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El blog que se autoregaló en su 30 cumpleaños se convirtió en un fenómeno viral que le cambió la vida por completo. Hoy, Manel Loureiro (Pontevedra, 1975) es uno de los autores españoles más internacionales y el que más vende en Estados Unidos, un mercado al que ha dado el salto de forma exitosa: el pasado 1 de mayo con su novela Cuando la tormenta pase se ha colado entre los 100 libros más leídos en territorio norteamericano.
Abogado de formación, Loureiro presenta su última obra, Antes de que todo cambie, en pleno apogeo. Una novela que sigue la senda del thriller, y donde Galicia vuelve a estar presente. El protagonista es Sam Hoyos, al que le encargan matar a todos los primeros ministros de la Unión Europea durante una reunión en la isla de A Toxa.
Mientras, sus escritos siguen una senda común, dando el paso al audiovisual. Tras Apocalipsis Z, disponible en Prime Video, se ha confirmado que se adaptará también la secuela de su trilogía zombie; además, se encuentra en preproducción Cuando la tormenta pase para HBO.
Todo empieza con Apocalipsis Z: un blog, algo que ahora suena incluso antiguo... ¿En qué momento te diste cuenta de que podía convertirse en algo real, entre comillas, en algo mucho más grande?
Yo empecé a escribir por accidente. Era abogado y llevaba la vida normal de un abogado, rodeado de literatura jurídica, que es a la literatura lo que la música militar a la música: técnicamente muy perfecta, pero no te deja mucho espacio a la creatividad.
Empecé a escribir un blog en mis ratos libres. Lo empecé el día que cumplía 30 años, como una especie de regalo que me hacía a mí mismo: escribir ficción. Pensaba: "Bueno, si lo lee alguien…". Era el año 2006: no existía Twitter, no existía Instagram, no existían las redes sociales. Facebook era una cosa que utilizaban cuatro puñados de universitarios americanos. El blog, que ahora suena antiguo, de repente era la mejor alternativa.
Y entonces surgió uno de los primeros "momentos Forrest Gump" de mi vida: estar en el lugar adecuado, en el momento justo y en las circunstancias idóneas. Aquel blog se transformó en un fenómeno viral. Pasó de tener diez lectores a cien, mil, diez mil, ciento cincuenta mil, medio millón, millón y medio en seis meses… Yo pensaba: "¿Qué está pasando?". Se puso en contacto conmigo mi primera editorial, se publicó en forma de libro, el libro se transformó en un bestseller y empezó a traducirse a otros idiomas.
Ahí ya di el salto a una gran editorial. Primero estuve en Plaza & Janés, antes de estar en Planeta, publiqué otros dos libros y, por el camino, me di cuenta de que aquello estaba transformando mi vida. En 2011 colgué la toga definitivamente. Fue el último año en el que pisé sala. En 2012 cerré los últimos flecos pendientes que tenía en mi despacho y fue una de las decisiones más afortunadas de mi vida. No sé si la literatura ha salido ganando, pero desde luego, yo sí.
¿Fue complicada la decisión?
Manel Loureiro
No, porque me hice trampas. Me dije a mí mismo que iba a tomarme un año sabático, y lo prolongué otro año más, porque me iba muy bien. Y al cabo de los años me di cuenta de que era como Hernán Cortés: había barrenado los barcos y ya no había vuelta atrás.
Se me habían olvidado un montón de cosas y había dejado de aprender un montón de cosas, porque el mundo del derecho es de estudio y formación constante. Y, sobre todo, había perdido por completo las ganas de volver a meterme en una sala. Fue un salto de fe, pero un salto de fe entre comillas, porque yo ya estaba agarrado a una liana muy potente: tenía muchos miles de lectores en todo el mundo.
Lo único que echo de menos, una tontería, nada más: ese momento de adrenalina antes de empezar en sala, esa sensación de que huele a sangre en el agua, de que entras como un tiburón. Pero, por lo demás, no lo echo nada de menos.
Es gracioso, porque todavía sigo colegiado como ejerciente. Hace casi quince años que no piso una sala y sigo dado de alta como abogado. Ser abogado es como ser alcohólico: tú puedes dejarlo, pero siempre vas a tener la etiqueta encima. Y a veces la gente te dice: "Oye, tú que fuiste abogado…". No te fíes de mi criterio. Ya no.
"Ser abogado es como ser alcohólico: tú puedes dejarlo, pero siempre vas a tener la etiqueta encima"
Manel Loureiro, escritor
Esto de crear una comunidad en internet ahora lo vemos como algo normal, pero en tu momento fuiste pionero. No sé si hoy sería más difícil, por la cantidad de ruido, o más fácil, porque tienes muchos más canales.
No, sería muchísimo más difícil, porque ahora hay muchísima más exposición, muchísimo más ruido y es mucho más complicado conseguir visibilidad. En aquel momento yo no lo hice de una manera planificada. Surgió. Pasó. Hoy sería imposible. Es lo que te decía: estar en el lugar adecuado, en el momento justo y en las circunstancias correctas.
Has pasado de ese terror zombi a unos thrillers más psicológicos, incluso en un ámbito político. No sé si es porque cambia tu forma de ver el miedo con el paso del tiempo, o que lo que nos puede realmente aterrorizar ya no es una invasión zombi, sino todo lo que nos rodea.
Hay varias cosas. La primera es la lógica evolución personal. Empecé a escribir cuando cumplía 30 años y ahora tengo 50. Han pasado veinte años. Yo he cambiado. Todos cambiamos.
En este tiempo me he dado cuenta de que me apetece contar otras historias. Siempre distingo entre mis novelas prehistóricas y mis novelas históricas. La puerta, en 2020, es quizá la que marca el eje: una novela de transición donde dejo atrás todo lo fantástico y el terror y me paso directamente a la novela negra y el thriller.
Es lo que me apetece contar ahora y el thriller es el vehículo perfecto para contar las historias que a mí me gustan: historias que te mantienen atrapado leyendo, sentado en el borde de la silla, pasando páginas sin poder parar. Al final, eso es lo que buscas de un libro: que te caigas dentro, que pierdas la noción del tiempo y que merezca la pena.
Te leí diciendo que esta era la novela en la que más tenías esa sensación de haber logrado eso mismo.
Sí. Técnicamente es muy difícil, porque Antes de que todo cambie es la historia de un magnicidio, del mayor atentado de la historia de Europa, de cómo se descabeza toda la Unión Europea de golpe. Y el protagonista es un terrorista, es un villano.
Necesitaba que el lector empatizase con él desde el primer momento. Es un tipo que está haciendo algo espantoso y, sin embargo, había que conseguir que las lectoras y los lectores dijesen: "Sé que esto es terrible, pero yo haría exactamente lo mismo que tú y, además, deseo que te salga bien".
Eso exige una construcción psicológica de los personajes y una técnica que vas aprendiendo con los años. Hay cosas que al principio hacía de manera intuitiva, porque sabía que funcionaban, pero no sabía por qué. Ahora entiendo mejor los mecanismos. Cuando sabes por qué pasan las cosas y cómo suceden, es mucho más fácil hacerlo. Pero necesitas un proceso de aprendizaje.
En este proceso has entrado en ese Olimpo de los escritores que dan el salto al mercado estadounidense: Carlos Ruiz Zafón, Juan Gómez-Jurado, Javier Sierra… ¿Qué has visto o qué has aprendido allí del mercado estadounidense que aquí no habías visto, o que aquí funciona de otra manera?
Manel Loureiro.
Que son cosas totalmente diferentes. El 1 de mayo se publicó mi anterior novela, Cuando la tormenta pase, en Estados Unidos. Se colocó entre los cien libros más vendidos y yo sigo teniendo esa sensación de estupefacción.
Una historia ambientada en la isla de Ons… ¿cómo puede conectar con un lector de Wichita, de Pittsburgh o de Massachusetts? Y funciona, porque las historias son universales y porque para ellos ese escenario es muy refrescante.
El mercado anglosajón es uno de los más grandes del mundo, pero también uno de los más difíciles. Allí solo el 5% de los libros que se publican son de autores no anglosajones. En ese 5% nos tenemos que apretujarnos todos. Conseguir que te publiquen allí es difícil, y conseguir cierto éxito comercial es más difícil todavía. Se tienen que dar muchas casualidades, y hay muchísimo que se escapa de tu control.
Las diferencias son enormes. Con Cuando la tormenta pase, cuando hicimos la traducción, fue traducción y edición. Eliminaban muchos párrafos descriptivos, porque el lector de thriller norteamericano busca lo que ellos llaman fast paced: una cosa rapidita, cortita y al pie, con una acción muy rápida, muy frenética. También hay diferencias culturales, como los tacos, que aquí van integrados de manera natural y allí hay lectores a los que les molesta muchísimo.
"¿Cómo puede conectar con un lector de Wichita, de Pittsburgh o de Massachusetts con una historia ambientada en Ons? Porque las historias son universales y porque para ellos ese escenario es muy refrescante"
Manel Loureiro, escritor
Y luego hay anécdotas divertidísimas. Cuando se publicó Apocalipsis Z en Estados Unidos, había una escena en la que el protagonista cogía una pistola del suelo, le quitaba el seguro y disparaba. Pero empezaron a llegarme correos de lectores norteamericanos, sobre todo tejanos, furibundos. La pistola era una Glock, porque es una marca eufónica, se te llena la boca. Pero fui a escoger la única que no tiene seguro y para ellos eso rompía la suspensión de la incredulidad.
"¿Cómo va a quitarle el seguro a una Glock?". ¡Pues yo qué sé, señor! Yo no tengo ni idea. Ahí aprendí que el trabajo de documentación es muy importante. Las novelas son grandes mentiras, y las mejores mentiras son aquellas que tienen muchos elementos de verdad.
Y hagas lo que hagas, siempre hay alguien que sabe más que tú de eso y que no va a perder la oportunidad de meterte el dedo en el ojo.
También has dado el salto al audiovisual. ¿Qué diferencia has visto o has experimentado entre escribir la novela y luego hacer la adaptación?
Es la misma historia, pero en dos lenguajes diferentes. Tienes que saber que hay que hacer concesiones. Un guion de una película son 90 páginas; un libro son cuatrocientas y pico. No cabe todo. Hay cosas que quedan fuera y otras que se tienen que contar de otra forma.
También hay factores prácticos. En Apocalipsis Z había un debate: zombis lentos o zombis rápidos. En el libro eran lentos y en la película son rápidos, pero es una cuestión presupuestaria. Los lentos exigen muchísimos extras, maquillaje, vestuario, equipos enormes. Si son rápidos, con dos docenas basta y, como van muy rápido, tampoco los ves tan bien.
Ahora, con HBO, iniciamos la preproducción de Cuando la tormenta pase, que se desarrolla en Ons. Una de las dudas era cómo desplazar a un equipo de cientos de personas, con siete tráilers, a una isla que es un parque natural, sin coches ni carreteras. Ya veremos cómo lo hacemos. La magia del cine.
Al margen de tu estilo de escritura, tan cinematográfico, sabiendo que hay la posibilidad de adaptación al formato audiovisual, ¿escribes pensando más en las escenas, en las voces, incluso en las caras de los personajes?
Tengo una manera de escribir muy visual, muy cinematográfica. Y a veces, cuando estás dibujando personajes, se te vienen a la cabeza determinadas caras. Pero también pasa que todos somos hijos de la generación audiovisual. Hemos crecido delante de la tele, viendo películas en el cine o en plataformas.
A cada generación se le cuentan las cosas de una forma. Yo no escribo como Muñoz Molina en los años 80, y Muñoz Molina no escribía como Galdós en el siglo XIX. Se evoluciona.
También es verdad que las historias son cada vez más híbridas. Cuando tienes la posibilidad de que salten al audiovisual, inevitablemente vas marcando casi los planos a quien tenga que hacer la adaptación. Luego el trabajo con los guionistas es una locura, porque pasas de ser un dios omnipotente cuando escribes el libro a ser un dios menor en una mesa con mucha gente opinando. A veces tu trabajo consiste más en frenarlos que en aportar, pero es muy divertido y muy gratificante.
"El trabajo con los guionistas es una locura, porque pasas de ser un dios omnipotente cuando escribes el libro a ser un dios menor en una mesa con mucha gente opinando"
Manel Loureiro, escritor
Antes hablabas de que echas de menos la adrenalina de antes del juicio. ¿Te sigue pasando cuando vas a publicar? Como dicen los actores: "Sigo teniendo un nudo en el estómago antes de salir" ¿Sientes ese vértigo?
Sí, siempre. No importa cuán larga sea tu trayectoria. Sabes que lo último que publiques, la novedad más reciente, es aquello por lo que se te va a medir. Se generan expectativas y, cuanto más grandes son, más presión puedes sentir.
He aprendido a hacer carpetas mentales: preocuparme simplemente de lo que tengo delante. Ahora tengo una agenda infernal. No sé dónde voy a estar la semana que viene, pero sé que alguien se va a encargar. Hay todo un ecosistema a mi alrededor: mi agente, mi agente de derechos audiovisuales, prensa, comunicación, marketing, Silvia, que me lleva la agenda y evita que se me caiga todo encima.
Hay que aprender a convivir con eso y encontrar hueco para uno mismo, porque si no corres el riesgo de petar. Tengo meses por delante, veintitantas ciudades, una gira iberoamericana, traducciones a otros idiomas… El otro día firmamos la traducción de Cuando la tormenta pase al uzbeko, y dices: "¿Qué pasa? ¿Cómo es esto?".
Hay un punto de fascinación. Tú tienes delante al Manel de 50, pero dentro está el Manel de 15, en algún bolsillito, y ese Manel está alucinando. Está feliz, porque lo observa todo con un punto de: "¿Por qué está pasando todo esto? ¿En qué momento esto se transformó en lo normal en tu vida?".
Y es muy bonito. Soy un privilegiado y doy gracias todos los días.