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Suevia Films, cuando en el cine español ondeaba la bandera de Vigo

El vigués Cesáreo González Rodríguez y su productora fueron, a mediados del siglo pasado, un pilar básico para el desarrollo del cine a nivel nacional, con artistas como Lola Flores bajo su ala
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Pocas veces el perfil de la ría, con el puerto de Vigo, tuvo tantas miradas fijas en él. Con ese paisaje y una bandera roja y blanca ondeante, se presentaban las principales películas del cine español a lo largo de 30 años. El responsable era Cesáreo González Rodríguez y su productora, Suevia Films.

De origen humilde, la historia de Cesáreo González Rodríguez no dista mucho de los muchos gallegos que se marcharon a ‘hacer las Américas’. Primero Cuba y después México, el vigués, nacido en 1903, regresó a la ciudad en 1931 para invertir el dinero ganado allende los mares. Sus primeras inversiones fueron destinadas a abrir la sala de fiestas Savoy, en la calle Príncipe, y a conseguir la distribución de vehículos Citroën con su agencia de publicidad, La Noroeste.

Pero el éxito le llegaría a partir de 1940, cuando fundó la productora de cine Suevia Films. Ya había hecho una primera incursión en la producción cinematográfica: invirtió 40.000 pesetas en El famoso Carballeira, película de 1940. Como principal productor, su primera película fue Polizón a bordo, basada, en parte, en sus propias experiencias.

El argumento no podía estar más repleto de clichés: un gallego, Antonciño, al que deja su novia, Rosiña, y se embarca en un barco como polizón rumbo a América, donde amasará una gran fortuna. El éxito de filme fue arrollador y se convirtió en la primera película de las más de 130 que convirtieron a Suevia Films en una de las más importantes y prolíficas productoras del país.

Los grandes artistas de la época en nómina

En su cartera de «fichajes», Cesáreo González tenía a las grandes estrellas del folclore de la época, lo que significaba poco menos que el éxito asegurado por cada estreno. Nombres como Sara Montiel, Carmen Sevilla, Paquita Rico, Marisol, Joselito o la gran Lola Flores formaban parte del elenco que acompañaba el rótulo de Suevia Films. De hecho, el vigués fue padrino de boda de ‘La Faraona’, un sobrenombre que le viene de, precisamente, una película que rodó con él.

En sus memorias Lola Flores cuenta lo satisfactorio de haber trabajado en sus películas y cómo Cesáreo González Rodríguez le había ayudado a «despegarse» de Manolo Caracol y a vivir por ella misma. Y es que si de algo dicen que gozaba el productor era de un ojo clínico para lanzar a grandes estrellas, además de ser un adelantado a su tiempo en temas de publicidad.

El vigués fue un precursor en lo que se refiere al marketing de producto. Desde lanzar un disco tarjeta promocional con la cara de Joselito a felicitar las fiestas con su voz en un single de Marisol. Pero Lola Flores fue, sin duda, su mejor «producto»; como ella misma reconoció, potenció su imagen gitana y racial para despertar los anhelos de los emigrantes españoles y, por ejemplo, la citó en el famoso restaurante de la época Chicote para firmar su contrato y congregó a todos los periodistas posibles para darle la mayor publicidad al momento.

Luis García Berlanga y Cesáreo González (segundo y tercero por la izquierda, respectivamente). Foto: Colección García Berlanga

Don Necesario

La importancia de su figura en el cine y la sociedad de la España franquista se resume en el sobrenombre con el que se le conocía: Don Necesario. Lanzó el cine español al otro lado del océano, las conocidas como «españoladas», tendió puentes con la América de habla hispana por la que transitaron hasta la península artistas como Mario Moreno, ‘Cantinflas’, y no dejó nunca que su ojo clínico para los negocios se nublase.

De hecho, a pesar de su cercanía con el Régimen y su carnet de falangista, produjo películas de Juan Antonio Bardem, militante del Partido Comunista, y de Luis García Berlanga, al que Franco había definido como «mal español».

Edificio El Moderno, donde se ubicaba el Gran Hotel. Foto: turismo.gal

Vigo siempre en el horizonte

A pesar de que la trayectoria de Cesáreo González se desarrolló en Madrid, que fue la sede de Suevia Films, sus lazos con Vigo nunca los perdió. Una película producida por él, Botón de ancla, fue la elegida para estrenar el cine Fraga; además, el edificio de El Moderno de Policarpo Sanz fue el elegido para ser la sede del Gran Hotel, también de su propiedad. Su inauguración en 1953 supuso un gran acontecimiento en la ciudad, y allí se celebró la convención por las bodas de plata de la productora, en 1965, que trajo a Vigo a toda la nómina de estrellas del cine patrio.

Fue presidente del Celta en la temporada 1934-1935, además de presidente de honor, al que el club le dedicó una placa en 1945 que estaba en manos del presidente del Atlético de Madrid, Enrique Cerezo, al que también pertenecen los derechos de las películas de la desaparecida productora. Cerezo le hizo entrega al club de esta placa en la visita al Wanda Metropolitano en julio de 2020. Fue, también, presidente de la Federación Gallega de Fútbol.

Placa en honor de Cesáreo González. Foto: RC Celta

En 1968, Cesáreo González falleció en Madrid a los 65 años de edad. Su cadáver fue trasladado a Vigo esa misma noche y las crónicas locales cuentan que fueron miles de personas las que participaron en el cortejo fúnebre; la despedida fue a las puertas de su Gran Hotel y sus restos descansan hoy en su panteón del cementerio de Pereiró.

De esa época dorada, hoy apenas quedan vestigios en pie. Ni el cine Fraga ni el Gran Hotel existen ya; tampoco Suevia Films, que a pesar de existir una productora con su nombre, nada tiene que ver con la que un día llevó la bandera de Vigo y la imagen de la ciudad por medio mundo. Sólo el recuerdo de aquel vigués hecho a sí mismo que se convirtió en el gran referente del cine nacional durante casi treinta años.

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