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La sirenita gallega que vivió entre las aguas de la ría de Arousa

Según la leyenda, los Mariño de Vilaxoán (Vilagarcía de Arousa) serían los descendientes de este ser mitológico. El escudo familiar aún conserva la figura de la sirena, la cual había tenido un romance con un caballero en la isla de Sálvora
La sirenita de Sálvora.
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La sirenita de Sálvora.

Mouros, canouros, trasnos o meigas...―no es el principio del conxuro de la queimada, pero bien podría haberlo sido― son solo algunos de los ejemplos de la gran variedad de criaturas mitológicas que resuenan entre las historias del folclore de Galicia,  y que  a su vez conforman una parte importante de la identidad gallega. Los mitos son relatos basados en la tradición y la leyenda, creados (al menos en su mayoría) con el propósito de dar una explicación simple, y por lo general no racional, a algún hecho o fenómeno natural. 

Estos seres fantásticos que moldean los mitos no son exclusivos de tierra firme, sino que algunas de las fábulas populares más conocidas, en todo el mundo y en todos los tiempos, giran entorno a  la figura de las sirenas o nereidas. En el imaginario actual, estas criaturas marinas son en forma: mitad mujer, mitad pez. Aunque la realidad es que, antes de la Edad Media, la representación de las mismas solo guardaba en común el dividir su ser entre humano y animal, siendo en períodos pasados hombres o mujeres con el cuerpo de ave. 

Galicia es un lugar de muy arraigada tradición marinera y por ello no podía faltar en su cultura popular una historia -en realidad más de una- de sirenas. Así, en las costas de la ría de Arousa, encontró un caballero (romano, de Rianxo o Vilaxoán, según la versión) a una de estas criaturas mágicas, dando lugar a una conocida estirpe de "Mariños". 

La leyenda más famosa de la isla de  Sálvora 

Panorámica desde la isla de Sálvora. Foto: Traveler.es

A la pequeña isla de Sálvora, ubicada en la bocana de la ría de Arousa, la han hecho grande sus numerosas historias y leyendas: fue invadida por vikingos y sarracenos, y más tarde, refugio de piratas y corsarios hasta bien entrado el siglo XIX. Además, Sálvora ha sido testigo de fatales naufragios a orillas de sus costas, como el del vapor Santa Isabel en 1921, más conocido como el Titanic gallego, e incluso escondite de los Winston de batea en la década ferviente del narcotráfico.  

Pero sin duda, la leyenda más famosa de la isla es la que atañe a la sirena y la familia Mariño. Las narraciones de boca a boca han hecho llegar hasta nuestros días múltiples versiones, pues como en todo, cada cual trató de hacer suya la historia. De hecho, incluso se cuenta que en el escudo familiar de los Mariño de Rianxo (aparece una sirena) se inspiró Castelao para su propuesta de bandera para Galicia a principios del siglo XX. 

Estatua de la sirena de Sálvora. Foto: Javier Frío

De entre todas estas vertientes, hay una que vincula a los Mariño de Vilaxoán, en Vilagarcía de Arousa, con la nereida de Sálvora. Los propietarios del conocido Pazo de Sobrán deben su apellido, y también su heráldica, a la sirena que hoy en día descansa esculpida en piedra sobre uno de los arenales de la isla. En su lateral, una placa metálica evoca el mito de la siguiente forma: "La sirena de Sálvora tuvo amores con un caballero romano naufragado en la isla. Nació un niño que se llamó Mariño...".

En la épica arousana, este caballero no sería otro que Roldán, el sobrino del mismísimo Carlomagno, quien antes de perecer en la batalla de Roncesvalles habría vivido un idilio de amor con la sirenita de Sálvora. Cuando el caballero conoció a la criatura en un encuentro fortuito, este no salía de su asombro y aún así, no pudo evitar quedarse prendado de la belleza de aquel ser.  

Roldán arrebató a la sirena todas sus escamas, convirtiéndola en humana. Lo único que la nereida no podía hacer era hablar, -en varias de las versiones se dice que el enamorado la apodó con el nombre de "Mariña"  por su procedencia- así que el caballero ideó un plan para desenmudecerla.  El día de San Juan, con el primer hijo de ambos en brazos, Roldán corrió hacía la hoguera como quien fuera a saltar. La sirena, presa del pánico, lanzó un grito al aire: "¡fillo!". Tras su primer vocablo, un pez salió disparado de su garganta, devolviéndole el habla por completo. 

Después de aquello, juntos criaron a varios retoños hasta la muerte del caballero en combate. En ese momento, la sirena de Sálvora decidió regresar al mar, no sin antes lanzar una advertencia: en cada generación nacería un varón de ojos azules y escamas en los muslos que le debería ser entregado. Pese a las prohibiciones de las familias Mariño para que sus vástagos no se acercaran a la costa, la atracción de estos por el mar era tan fuerte que les llevaba siempre a incumplir las advertencias, y mito o realidad, lo cierto es que más de un Mariño desapareció sin dejar rastro entre las aguas.

Panorámica de la isla con la escultura de la sirena al fondo. Foto: Cruceiros Rías Baixas

Para recordar esta historia de generaciones, Joaquín Otero-Goyanes, marqués de Revilla y descendiente de los primeros propietarios de la isla, ordenó construir una escultura en honor a la sirena, hecha por el artista burgalés Ismael Ortega Martín y que desde 1968 posa petrificada mirando al mar de Arousa. 

El tesoro natural de Sálvora en la actualidad

La isla de Sálvora, que en lo administrativo pertenece al ayuntamiento de Ribeira,  forma parte desde 2002 del Parque Nacional Marítimo-Terrestre das Illas Atlánticas de Galicia. Tan sólo 3 kilómetros separan el archipiélago de tierra firme, el cual se compone además por los islotes de Vionta, Herbosa, Noro y las Segres.

El enclave fue de titularidad privada hasta el 2007, y durante años este conjunto de islas y peñascos estuvo habitado e incluso llegó a tener una moderada actividad agrícola, ganadera y pesquera. De aquella época poblada todavía se conservan diferentes estructuras: la aldea, varios hórreos, la fuente de Santa Catalina, un pazo-almacén, una capilla o el faro (aún en funcionamiento), son sólo algunos ejemplos. 

A día de hoy Sálvora puede ser visitada de manera regular, previa autorización del Parque Nacional que impone un cupo de 125 al día. Diferentes navieras locales (en O Grove, Aguiño, Pobra do Caramiñal...) ofrecen salidas por las mañanas hacia la isla, aunque actualmente la actividad se encuentra limitada a consecuencia de la pandemia y sus restricciones. El entorno está lleno de rincones naturales con encanto, tradiciones e historias como ya habéis podido comprobar. En Sálvora se han habilitado varios senderos que discurren hasta el famoso faro y la antigua aldea isleña, y para los que prefieran relajarse bajo el sol y disfrutar de las aguas cristalinas que rodean a la isla, existen hasta cinco arenales donde poder hacerlo, los más importantes: Playa do Castelo o del Almacén.

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