Aurora y su familia.

Aurora y su familia. Cedidas

Provincia de Ourense

Dejar Barcelona atrás y comprar una casa por 12.000 euros en el rural gallego: "En la aldea los niños pueden ser niños"

Aurora y su pareja Miqueas comparten con una comunidad creciente de seguidores cómo devuelven a la vida lo que un día fue un hogar para convertirlo en el suyo propio. Buscaban un día a día más tranquilo y alejado del bullicio de una gran ciudad

También te podría interesar: Cosecha de Galicia impulsa el crecimiento del cultivo de cebada maltera en A Limia (Ourense)

Publicada
Actualizada

Aurora Matés rehúsa vender una decisión idílica o castillos en el aire. Dejarlo todo para marcharse al rural y emprender una nueva vida desde cero fue posible para ella y para su familia porque decidieron dejarlo todo atrás. Y en este caso, todo implicaba todo: lo conocido, propiedades y trabajo. Y es que solo así, ella y su pareja podrían tener la posibilidad de adquirir otras viviendas para rehabilitar y vivir más tranquilos. Eso es, en suma, lo que más valoran: "Aquí los niños pueden ser niños. Están más tranquilos, más regulados", dice convencida.

Lo demás se irá viendo y no les preocupa. A ambos les basta con ver a sus hijos jugar en el río para convencerse de que su decisión fue la correcta. "Mira, ahora hablo contigo y estoy viendo a mis hijos corretear con la perra y la están convenciendo de que se bañe en el río", cuenta Aurora a Treintayseis.

Aurora cambió la Ciudad Condal -vivía a unos pocos minutos de su centro- por el rural gallego. Dice, segura, que fue el pueblo -un pequeño rincón del rural ourensano con apenas un puñado de vecinos- el que los eligió a ellos. Y es que para entender esta historia hay que viajar a 2015.

Por aquel entonces, Aurora, buscaba junto a su marido un pequeño oasis para desconectar del bullicio, al menos, unos meses al año. Por un conocido llegaron a esta aldea gallega: "Ese año compramos un pajar por 3.000 euros y al año siguiente nos casamos", cuenta Aurora. "Mi madre también estaba animada con el proyecto, pero tuvimos que aparcarlo porque no era viable a la hora de dotar ese pajar de servicios básicos como luz y agua", añade.

Esta emprendedora, que siempre estuvo vinculada al textil y al emprendimiento relacionado con productos para el desarrollo infantil, se volcó entonces en su trabajo. Miqueas, su marido, la acompañó en el proceso.

Aurora y su familia en el rural ourensano.

Aurora y su familia en el rural ourensano. Cedida

Segundo intento

Pese a todo, esa querencia por lo tranquilo y por poder brindarles a sus hijos una vida de niños siempre estuvo presente en la pareja. Por eso, y ante las dificultades para adecuar aquel pajar, ambos decidieron comprar, en 2023, una segunda casa y habilitarla como vivienda de verano. "Era una casa muy vieja y deshabitada, nos costó unos 12.000 euros", cuenta Aurora. "Empezamos a acondicionarla para venir en vacaciones. Pasamos dos veranos enteros y siempre que volvíamos a Barcelona lo hacíamos con mucha morriña. Ya nos poníamos a buscar en el calendario cuándo volver", añade.

Con todo, la pareja encargó una reforma pero no resultó como ellos deseaban. "Llegamos al siguiente verano y nos tuvimos que poner a hacer cosas", recuerda Aurora, quien reconoce que cada vez le pesaba más el ritmo de vida "acelerado" que llevaba en Barcelona. "El verano pasado empezamos a plantearnos dejar Cataluña y vender todo, para reformar la casa y quedarnos en Galicia", añade. Así fue cómo la familia decidió mudarse definitivamente.

Aurora y sus hijos disfrutan del rural y los animales.

Aurora y sus hijos disfrutan del rural y los animales. Cedida

Vivir con lo básico

Aurora cuenta que dar este paso implica valentía, ausencia de miedo y confianza, pero también adaptarse a vivir con lo básico de la vida: "Yo siempre he emprendido y mi marido ha trabajado en la obra. Y precisamente mano de obra hace falta", cuenta. "De una cosa u otra vamos a encontrar trabajo y ahora, sin grandes gastos mensuales, pues creo que vamos a estar muy bien. Creo que paraliza mucho el miedo, pero es que estábamos tan cansados de aquel ritmo de vida que el miedo no consiguió frenarnos", añade Aurora, quien asegura que ya no tienen vivienda en Barcelona por lo que ahora toca adaptarse.

Sus hijos tuvieron parte activa en la decisión. "Ellos mismos vieron el colegio y dijeron que querían venirse. Les gustaba el hecho de que fueran tan poquitos niños y así estresarse menos", explica Aurora. "La aldea pertenece a un ayuntamiento más grande de 1.500 habitantes en donde hay médico, dos supermercados y servicios. Nosotros, sin hipotecas, podemos vivir con lo básico. Tenemos dinero para ello y poco más se necesita. Es convencerse de eso", añade.

La catalana dice que, por el momento, la familia se adapta bien porque "siempre hemos sido muy caseros" y "no disfrutamos especialmente de las aglomeraciones o de eventos". Por el contrario, confiesa que disfrutan más en familia o manteniendo conversaciones. También con personas mayores de la zona "que son muy enriquecedoras".

Redes sociales, proyectos y una nueva vivienda

Aurora posee, además, una comunidad de seguidores en aumento interesada por compartir con ella el proceso de reforma de su vivienda en el rural. En los últimos meses también les ha contado que ha adquirido una segunda casa en la que vivirán mientras rehabiliten la primera y con el objetivo de que también su familia catalana, especialmente, su madre, puedan tener en Galicia un hogar. "Luego rehabilitaremos la de mi madre. Todo el interior lo podemos hacer nosotros, porque mi marido siempre ha trabajado en ello. De lo contrario sería inviable, porque se encarecería mucho. El tejado sí que lo encargaremos", relata Aurora.

La catalana tiene, además de las redes sociales, otros proyectos que pueden acomodarse perfectamente en un entorno como el rural y que pasan por la aromaterapia y los retiros. "Si sale, estupendo, y si no, ¡está Ourense a 35 minutos! ¿Cuánta gente en la ciudad tiene que desplazarse a esa distancia o a más para poder trabajar?", concluye Aurora.