“Quería cambiar...”. La frase se escucha, irremediablemente, en cualquier establecimiento, cada poco tiempo. Da igual cómo se llame la tienda. Todos los días ocurre. Que si una camiseta, que si un pantalón… Lo normal. “Estamos acostumbradas”, esgrimen desde el gremio. ¿El problema? Muchas veces las intentan engañar. De hecho, una zaragozana ha sido condenada a seis meses de cárcel por haberse aprovechado del sistema de devolución de Zara. La mujer, de 31 años, compraba prendas nuevas, copiaba los códigos de barras y las etiquetas de estas, y después las pegaba en ropa antigua y volvía a la tienda a devolverlas. Evitaba a las encargadas y acudía siempre a las cajeras para hacer sus intercambios. Intentó, así, convertirse en una profesional y renovar su armario. Hasta que los sistemas de control internos detectaron el fraude. El tiro, en definitiva, le salió por la culata.

Pero no siempre los descubren. Al contrario, hay veces que los ‘cambiadores profesionales’ lo consiguen. Para ello, se sirven de múltiples estratagemas. EL ESPAÑOL habla con dependientes/as de Massimo Dutti, Bershka, Springfield y Pull and Bear sobre cómo este tipo de personas tratan de engañarlos devolviendo ropa usada, sin ticket, fuera de plazo... Ninguna, eso sí, quiere dar la cara o nombrar la tienda para la que trabaja por miedo.

Springfield.

Aprovechan los días de mucho aforo

Los ‘cambiadores profesionales’ saben cuándo y cómo hacerlo. “Suelen aprovechar los días que hay mucho lío en la tienda porque saben que no puedes estar pendiente al 100%, que se te puede escapar algo, que vas más rápido…”, reconoce una de las dependientas de Massimo Dutti en conversación con EL ESPAÑOL. Lo tienen estudiado, conocen a los empleados y saben a quién deben evitar –en la mayoría de los casos, al encargado–. A partir de ahí, los métodos versan entre la mentira calculada, la chapuza y la torpeza.

Todos se saben, eso sí, la regla de oro: hay que devolver la prenda en los 30 días posteriores a su compra y siempre con ticket. Eso es prácticamente idéntico en la mayoría de los establecimientos. “De hecho, si está en plazo, se cambia sin preguntar”. Casi siempre en un vale sin caducidad para canjearlo en la próxima compra. Pero, claro, no siempre es así. “A veces, vienen con algún día de retraso… y, a veces, hacemos una excepción y lo cambiamos”, prosiguen desde Massimo Dutti.

Bershka.

Aunque lo de tardar más es, en realidad, lo de menos. “El problema es que muchos traen ropa usada”, confirman, absolutamente, desde todas las tiendas –incluso en aquellas en las que no quieren hablar salvo para explicar la regla de oro de los 30 días. Eso es una realidad. “Aquí han traído cosas que huelen a suavizante”, cuenta, riéndose, una dependienta de Springfield. Pero hay más. “A mí me han entregado ropa con dos cigarros, el ticket de la discoteca en los bolsillos y apestando a tabaco”, se sorprende su homóloga en Bershka. “Y a mí un bolso con un paquete de tabaco dentro. Imagínate. Por no hablar de uno que vino con una chaqueta puesta, me la dio y me dijo que se lo cambiara. ¡Pero cómo voy a hacer eso!”, añaden desde Massimo Dutti. Obviamente, a ninguno de ellos se les cambió la prenda. 

Sí se les cambió la ropa a los más listos, a los calculadores, a esos que estudian sus pasos antes de acudir a la tienda. Saben, por ejemplo, que lo que pasan por caja son las etiquetas internas. ¿Y qué hacen? “Las cambian. Le ponen una de otra prenda y la traen. O una de una prenda nueva a una antigua”, explica una dependienta de Pull and Bear. “A mí igual, el otro día, unos tejanos de hace 10 años con una etiqueta de ahora. Surrealista”, añade su homóloga de Berskha.

“Pasa casi todos los días”, lamenta la empleada del Pull and Bear. Y esto hace que las marcas pierdan enormes cantidades de dinero en ropa que llega usada y que, pese a todo, a veces, los dependientes/as devuelven. “El cliente –ratifican todos– es lo primero”. Y, definitivamente, no siempre llevan la razón.

Pull and Bear.

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