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Las claves

Las aceitunas de mesa y los encurtidos afrontan desde 2026 un importante cambio en sus condiciones de producción y comercialización.

La nueva regulación establece requisitos más precisos sobre calidad, composición, etiquetado y conservación, con efectos directos sobre productos habituales como las aceitunas rellenas, los pepinillos, las cebollitas o las variantes en vinagre.

El Real Decreto 142/2024 sustituye parte de la normativa anterior, vigente desde hace décadas, para adaptar estos alimentos a unas mayores exigencias de control y transparencia.

Encurtidos y aceitunas cambian su comercialización

Los cambios afectan tanto a los fabricantes como a la información que recibe el consumidor cuando adquiere estos productos. Uno de los principales aspectos modificados es la clasificación comercial.

La denominación 'Extra' queda reservada para aquellos productos que presenten unas condiciones especialmente exigentes, con frutos prácticamente perfectos, color homogéneo y ausencia de defectos visibles importantes.

Por debajo se sitúan las categorías 'Primera' o 'Selecta', que permiten pequeñas imperfecciones, y 'Segunda', donde se toleran determinados defectos siempre que no afecten a la conservación ni a las características esenciales del alimento.

La norma también fija criterios para denominaciones tradicionales como 'aliñadas', 'machacadas' o 'sajadas', de manera que el método empleado en su elaboración deberá corresponderse realmente con lo indicado en el envase.

Otro de los cambios relevantes afecta a la cantidad de sal. La regulación introduce límites para estos productos con el objetivo de reducir la ingesta de sodio y favorecer que el consumidor pueda apreciar en mayor medida el sabor propio de la aceituna o del vegetal.

También se refuerzan las obligaciones relacionadas con el etiquetado. Los fabricantes tendrán que informar con mayor precisión sobre el peso neto escurrido y especificar la naturaleza de los ingredientes utilizados en los rellenos.

Además, aumentan los controles sobre parámetros como la acidez y el pH.

La regulación contempla igualmente nuevos tipos de aceitunas rellenas, más allá de las tradicionales de anchoa o pimiento. Podrán comercializarse variedades con quesos, frutos secos o frutas, siempre que cumplan los requisitos establecidos y mantengan una proporción homogénea de relleno.

La textura también adquiere protagonismo. Se incorporan controles específicos para comprobar la firmeza de los productos y evitar que aquellos destinados a las categorías superiores presenten una consistencia excesivamente blanda.

Por último, la nueva regulación refuerza la trazabilidad, obligando a disponer de información más precisa sobre el origen de las materias primas y los líquidos de cobertura.

Para el consumidor, el cambio puede traducirse en envases con información más detallada, productos con menor contenido de sal y mayores exigencias de calidad.

En las categorías premium, además, estos requisitos podrían terminar repercutiendo en el precio final.