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Las claves

Los precios de la vivienda en España han alcanzado niveles tan altos que mucha gente se resigna a buscar alternativas de lo más innovadoras: garajes, autocaravanas... Cualquier opción que permita vivir bajo un techo.

Según el portal inmobiliario Idealista, los importes de los inmuebles se sitúan en máximos históricos tras crecer un 16,2 % en 2025, el mayor incremento desde la explosión de la burbuja inmobiliaria en 2008.

En consecuencia, Rafa, padre malagueño que trabaja en el turno de noche en el aeropuerto de la ciudad andaluza, vive en una autocaravana para poder ahorrar dinero para su hija. "No es lo mismo estar de vacaciones a que sea por obligación", manifiesta.

80 familias viviendo en un descampado

En efecto, irse de viaje en una casa móvil y descubrir a bajo coste un nuevo país es una experiencia inolvidable, pero la situación cambia si es tu única alternativa para vivir durante todo el año.

Peor todavía para el protagonista de la historia, quien ha explicado en un reportaje de los servicios informativos de La Sexta que la suya sólo tiene 8 metros cuadrados, así que en la práctica es como si residiese en una pequeña habitación.

Rafa no es el único, en las afueras de Málaga hay 80 familias que viven en un descampado. Una alternativa habitacional precaria pero que les permite tener un techo donde dormir cuando los precios de la vivienda no paran de subir, a diferencia de los salarios.

Otros "vecinos" de Rafa han anunciado ante las cámaras de televisión que hay gente que vive en casas móviles de este área que tienen trabajo y que incluso "ganan 1.500 euros al mes", evidenciando la gravedad de un contexto económico en el que tener trabajo ni siquiera te garantiza el acceso a una vivienda convencional.

En la capital de la Costa del Sol, los precios de los alquileres se sitúan en 15,8 euros por metro cuadrado, un 4,7% más que en diciembre de 2024.

De hecho, en Málaga capital sólo el 11,5% de los pisos en venta cuestan menos de 200.000 euros y un tercio de los pisos disponibles en el mercado cuestan más de 500.000 euros. Una tendencia que se extiende en el resto de grandes capitales del país, incluyendo a Madrid, Barcelona, Valencia, Bilbao, San Sebastián o Sevilla.