Las claves
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Lauren David, periodista residente en España desde hace una década, confiesa sentirse mucho más a gusto en nuestro país que en Estados Unidos. Especializada en viajes, salud y alimentación, afirma tener un fuerte "choque cultural inverso" cada vez que visita a su familia en San Francisco.
Lauren expone cómo su visión sobre su tierra ha cambiado radicalmente desde que vive en España, destacando el ritmo de vida, la comodidad del fácil acceso al transporte público y los mejores precios.
Lauren, alto y claro: "La realidad se impone"
"El alto coste de vida, el tráfico, los conductores agresivos, los amigos con horarios apretados, la necesidad de un coche para moverse a menos que vivas en el corazón de una ciudad", expone Lauren en su artículo.
"Me recuerdan que soy feliz donde vivo, navegando por diferentes costumbres culturales y hablando español todos los días", asegura.
Lauren, periodista estadounidense, asegura sentirse más cómoda en España.
"La verdad es que me cuesta más adaptarme a varios aspectos de mi vida estadounidense cuanto más tiempo estoy fuera. Experimento un choque cultural inverso cuando visito [mi hogar]", continúa."Para la tercera o cuarta semana, si me quedo tanto tiempo, la realidad se impone."
Lauren destaca que en Estados Unidos está más condicionada porque tiene que utilizar el coche para todo, y las carreteras, además, no son demasiado agradables debido a la cantidad de conductores agresivos que circulan, además de la inmensa cantidad de tráfico que colapsa por completo las calles.
Los planes, según afirma se estipulan alrededor de las horas punta: "En otras palabras, los planes y la programación están influenciados por el tráfico y los desplazamientos, que normalmente comienza sobre las 14:00 o 15:00 y duran hasta las 19:00."
Otro punto negativo que destaca de su país es que la gente apenas tiene tiempo para quedar, puesto que el ritmo de vida es diferente y se prioriza trabajar por encima de lo demás.
"Me frustraba que algunos amigos no tuvieran tiempo para quedar a tomar un café o salir a cenar fuera: su agenda estaba llena durante los siguientes dos o tres meses". En España, por el contrario, se siente más cómoda con sus amistades.
Pero además del tráfico, el problema de la necesidad del coche y el ritmo, Lauren destaca también los altos precios de Estados Unidos en comparación a España: "Comer fuera, aunque sea una hamburguesa con patatas fritas, siempre cuesta un mínimo de 30 dólares, más impuestos y propina. Y la mayoría de las veces, me decepciona la experiencia."
