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Las claves

El problema de la vivienda es uno de los más acuciantes que acechan a la economía española. De ahí que, por ejemplo, y desde que Pedro Sánchez es presidente, se han desarrollado 12 medidas, una ley y cinco reales decretos para poner coto a los precios de la vivienda, tanto de compra como de alquiler.

Pese a todos estos intentos, y desde 2023, los precios de la vivienda usada se han disparado un 25% desde 2023. Una situación que seguirá al alza, tanto en la compra como en el alquiler. En el primero de los casos, y según los expertos, alrededor del 7%; en el segundo, todavía más: un 10%.

Ante esta situación, el empresario José Elías ha querido dar su opinión al respecto. Y lo ha hecho en la red social X (antes Twitter): “Mi generación pudo comprarse un piso a los cuatro años de empezar a trabajar. La de ahora no tiene ni esperanza de conseguirlo”.

"Trabajar como bellacos"

El presidente de Audax Renovables, y que está presente en más de 180 empresas, se muestra muy crítico con la actual situación del mercado inmobiliario. Y no duda en echar la vista atrás para ver la diferencia entre cuando él empezó y la situación actual.

“A mí mis padres me vendieron la moto”, afirma en X. “Si te portas bien, estudias y te sacas una carrera, serás un hombre de provecho”.

Elías les hizo caso y estudió ingeniería eléctrica y de comunicaciones en la Universidad Politécnica de Cataluña. “Pero les hice caso y me saqué la carrera”, apunta. “Pero reconozco que jugaba con ventaja ya que tuve la gran suerte de nacer en el boom del 76”.

Y añade: “Creo que fuimos la generación más afortunada de España del último siglo. Salíamos con ganas de trabajar como bellacos. No se nos caían los anillos por nada. Te ibas de aprendiz o de becario a cualquier empresa. Acabas llevando los cafés de tu jefe. Currabas como el que más”.

Un esfuerzo que, desde su punto de vista, acabó teniendo recompensa: “A los 3-4 años te podías comprar un piso. Y decías: pues mira, me compensa”.

Una época en la que las personas tenían un objetivo, un futuro, una ambición y una esperanza. “Ahora yo creo que no hay esperanza y que vamos para atrás como los cangrejos. Y lo peor es que el esfuerzo ya no garantiza nada”, dice con tristeza.

Y se hace la siguiente pregunta: “¿Para qué vas a trabajar como un bellaco si al final no llegas ni a un piso? Se ha perdido la cultura del esfuerzo porque hemos matado el incentivo. Y sin incentivo, se muere la ambición”, concluye.