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Las claves

Solicitar una hipoteca es uno de los pasos más importantes a la hora de comprar una vivienda. No solo por el compromiso económico que implica, sino porque de esa operación dependen las condiciones financieras durante décadas.

Aunque muchas personas creen que todo se reduce a comparar tipos de interés, lo cierto es que los bancos ponen el foco antes de nada en el perfil del solicitante. Y dentro de ese perfil, el sueldo sigue siendo el factor más determinante.

José Paino, experto en hipotecas, lo explica con claridad. Para una entidad financiera, conceder una hipoteca es una operación de riesgo a largo plazo, por lo que necesita asegurarse de que el cliente tendrá capacidad suficiente para devolver el préstamo sin problemas.

Los bancos analizan con lupa los ingresos, la estabilidad laboral, el nivel de endeudamiento y el historial financiero. Todo ello se traduce en una etiqueta invisible que clasifica al cliente como más o menos interesante.

Quien encaja en el perfil que buscan las entidades no solo tiene más opciones de que le concedan la hipoteca, sino que además puede acceder a mejores condiciones, tipos de interés más bajos y menos productos vinculados.

El sueldo mínimo que buscan los bancos

Según explica José Paino, el salario es el primer filtro que aplican las entidades. Un buen perfil hipotecario, desde el punto de vista bancario, es aquel que cuenta con ingresos estables y suficientes para asumir la cuota sin comprometer su economía.

En términos generales, se considera un perfil excelente aquel que cobra más de 2.500 euros netos al mes por titular. Sin embargo, este nivel de ingresos corresponde a un segmento reducido de la población.

En la práctica, la mayoría de hipotecas se conceden a familias de clase media con ingresos conjuntos anuales de entre 40.000 y 60.000 euros. Este rango suele ser aceptado por muchas entidades, siempre que el resto de variables acompañen.

El banco no solo mira cuánto se gana, sino cuánto queda libre después de pagar gastos fijos. La cuota hipotecaria no debe superar, por norma general, el 30-35 % de los ingresos netos mensuales.

Cuando ese porcentaje se rebasa, el riesgo aumenta y las condiciones empeoran. En algunos casos, la hipoteca puede ser directamente rechazada.

Estabilidad laboral y deudas, las otras claves

Más allá del sueldo, la estabilidad laboral pesa casi tanto como los ingresos. Un contrato indefinido es la opción preferida por los bancos, especialmente si el trabajador lleva varios años en la misma empresa.

Los funcionarios y empleados públicos parten con ventaja. Aunque sus sueldos no siempre sean elevados, ofrecen una estabilidad que las entidades valoran muy positivamente.

En cambio, los trabajadores autónomos o con contratos temporales suelen tener más dificultades. En estos casos, los bancos exigen más antigüedad, mayores ingresos o una entrada más elevada.

Otro aspecto fundamental es el nivel de endeudamiento previo. Tener préstamos personales, créditos al consumo o tarjetas con saldo pendiente reduce la capacidad de negociación.

Cuantas menos deudas tenga el solicitante, más atractivo resulta su perfil. Cancelar pequeños préstamos antes de solicitar la hipoteca puede marcar la diferencia.

El historial bancario también cuenta. No haber tenido impagos, descubiertos frecuentes o incidencias en ficheros de morosidad es imprescindible para que el banco confíe en el cliente.

Cómo mejorar tu perfil antes de pedir la hipoteca

José Paino recomienda preparar el terreno con antelación. No es aconsejable acudir al banco de forma improvisada cuando ya se ha encontrado vivienda.

Ahorrar para una entrada sólida es clave. Lo habitual es que el banco financie hasta el 80 % del valor de compra o tasación, por lo que el comprador debe aportar el 20 % restante más gastos e impuestos.

Cuanto mayor sea la entrada, menor será el riesgo para la entidad y mejores las condiciones que se podrán negociar.

También conviene revisar el contrato laboral, reducir deudas y mantener unas finanzas ordenadas durante los meses previos. Cambios bruscos en la situación económica generan desconfianza.

Otro punto importante es comparar ofertas. No todos los bancos valoran igual los perfiles, y una hipoteca rechazada en una entidad puede ser aprobada en otra con condiciones razonables.

Acudir con asesoramiento especializado permite detectar errores, ajustar expectativas y presentar el perfil de la forma más favorable posible.

Qué tener en cuenta al elegir hipoteca

Una vez superado el filtro del perfil, llega el momento de elegir hipoteca. Aquí entran en juego varias variables que condicionan el coste final del préstamo.

El capital prestado dependerá del precio de la vivienda y de la capacidad de endeudamiento. A mayor importe, mayor riesgo y mayores exigencias por parte del banco.

El plazo de amortización suele situarse entre 15 y 30 años, aunque cada vez es más habitual que las entidades fijen un límite de edad al finalizar el préstamo, normalmente en torno a los 75 años.

El tipo de interés es otro elemento clave. Las hipotecas fijas aportan estabilidad, mientras que las variables pueden resultar más baratas al inicio, pero con mayor incertidumbre.

Las hipotecas mixtas combinan ambas opciones, aunque requieren un análisis detallado para valorar si realmente compensan.

Por último, están los productos vinculados. Domiciliar la nómina, contratar seguros o planes de ahorro puede reducir el interés, pero también encarecer el coste total si no se revisa bien.

En definitiva, tener un buen sueldo ayuda, pero no es lo único. Para José Paino, la clave está en construir un perfil sólido, estable y coherente con la operación que se quiere realizar. Solo así se puede negociar una hipoteca en buenas condiciones y evitar sorpresas a largo plazo.