Las claves
nuevo
Generado con IA
España vive una grave crisis de vivienda que afecta a diferentes segmentos de la sociedad: de jóvenes a familias pasando por jubilados y personas de la tercera edad.
En muchos casos, estas personas se ven obligadas a tratar de reinventarse para encontrar un hogar en el que vivir y no quedarse a la intemperie, como por ejemplo, una caravana.
Ese es el caso de Javier, que a sus 67 años vive en una caravana porque, tal y como contaba en el canal de YouTube de Diego Revuelta, no se puede permitir una vivienda y "es lo que hay".
Un hogar propio
Se estima que en España alrededor de una de cada cuatro personas vive en riesgo de pobreza o exclusión social. Un segmento de población afectado por los máximos históricos en el precio de la vivienda: 2.093 euros/m² en venta y 14,7 euros/m² en alquiler.
Estos precios han provocado que numerosas personas en el país no se puedan permitir una vivienda y, en muchos casos, recurren a alternativas como mini pisos, cápsulas o caravanas.
En el caso de Javi, su profesión solía ser camionero con un salario de unos 1.000 euros. Sin embargo, su vida cambió cuando sufrió un ictus que le dejó medio cuerpo paralizado.
A partir de entonces, el hombre no tuvo otra opción que jubilarse, aunque sin el período mínimo de cotización para una pensión digna. Por lo que ahora cobra una pensión de "500 y algo euros", como comentaba a Diego Revuelta.
Con una pensión tan corta y sin una propiedad a su nombre, Javi ya no podía permitirse su alquiler de 670 euros. "Mira la cuenta bancaria y ves que hay cero euros", recordaba. "No se puede pagar, cero siempre".
Ante esta situación, el jubilado decidió buscarse un nuevo hogar: una caravana de 5 metros cuadrados. "Sabía que era mi última oportunidad, malvendí cosas y pedí dinero de un lado y de otro", aseguraba.
El hombre confesaba cómo "ojalá tuviera una casa", pero lo único que se puede permitir es esa caravana: "No tengo opciones. No es que esté bien, es lo que hay... me lo aguanto y punto".
Javi ha encontrado su hogar en su casa rodante, la que señala que "tiene todo lo de una casa", aunque no goza de todo lo que ofrece una vivienda.
"Aquí a la noche hace mucho frío... duermo vestido", apuntaba. "Si se apaga la calefacción, ¿qué hacemos? Nos vamos para el otro barrio".
Además, por motivos de salud y economía, solo realiza una comida al día y carece de televisión: "La que tenía dejó de funcionar porque cambiaron el sistema y una tele nueva cuesta 300 euros".
A día de hoy Javi vive el día a día, con una visión bastante pesimista. "Yo ya no sueño, ya no tengo sueños. Hoy es hoy. Yo no pienso de acá a un año, pienso de acá a una semana", contaba.
De hecho, en cuanto a cómo ve el futuro de la vivienda, el jubilado lo tenía claro: "Yo sé que no voy a acceder nunca más a una casa... y mucha juventud tampoco. A futuro, los abuelos van a ser quienes den habitabilidad a sus nietos. Sus hijos van a terminar en una caravana o viviendo con sus padres".
La vida de Javi refleja la realidad de muchas personas en España que no tienen recursos para cubrir necesidades básicas como un hogar o tres comidas al día. Aunque esté normalizado, un techo, una familia o un plato de comida es un privilegio por el que estar agradecidos.
