Las claves
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A Juan Pedro Carrero y a Pedro Simón les cambió la vida en 2017. Después de 40 años trabajando en la cadena de restaurantes Nebraska, histórica en Madrid, se quedaron en el paro sin previo aviso. Un fondo de inversión compró la marca y 92 empleados se fueron a la calle.
Se vieron con 58 años y sin trabajo, pero no les tembló el pulso. Apostaron la indemnización que les había quedado para reabrir el único local que era de alquiler y ser los jefes. Manteniendo la plantilla original, la carta y los precios económicos de toda la vida.
Su plato estrella es indiscutiblemente el perrito caliente. No es ninguna exageración decir que han vendido millones de ellos desde que abrieron en 1955. Nebraska introdujo este bocado americano en Madrid y en España, que empezaba entonces a descubrir lo que era la comida rápida.
Del éxito en la capital a un único local de barrio
En una entrevista con el youtuber @DeTapasConRufo, Juan y Pedro recuerdan nostálgicos cuando fueron parte de la cadena más famosa del país: "Llegamos a tener abiertos 10 u 11 locales. Empezamos antes que el McDonald´s", aseguran.
Ahora ellos, a sus 67 años, son los que dirigen el último Nebraska que queda en Madrid en el local de Bravo Murillo 291, Tetuán. Y sigue funcionando de maravilla, no les faltan los clientes nostálgicos que buscan los sabores de su infancia o los nuevos que quieren comida buena, bonita y barata.
En la actualidad, Juan señala que "estamos vendiendo entre 16.000 y 17.000 perritos al mes". Y no es de extrañar con sus precios. Por 11 euros puedes disfrutar de un menú que incluye dos perritos calientes con patatas fritas, una bebida y un postre. Algo difícil de encontrar en otro sitio.
Otra de sus señas de identidad es su mostaza casera. Con una receta tan secreta como la de la Coca-Cola, fue la salsa más famosa de la capital durante más de 60 años. Incluso se difundió una receta que supuestamente la replicaba, pero nada puede compararse con la tradición y el cariño.
Pero también tienen otros platos que no dejan indiferente a nadie. Su sándwich Habanero es otro mítico del Nebraska, así como sus hamburguesas de toda la vida, nada de smashburguers con salsa de galleta Lotus.
Es el típico bar de la capital que aún te pone tapa con tu bebida y encima te deja elegirla, algo que cada vez se ve menos. Y para rematar el festín no pueden faltar unas deliciosas tortitas americanas con chocolate, nata o frambuesa.
Las anécdotas que acumula este bar son incontables. "Una vez un hombre vino y me pidió 20 perritos para llevar. Me preguntó si sabía a dónde los llevaba y le dije que no. Iban directos al tanatorio para cumplir el último deseo de su abuelo fallecido", narra Juan con los ojos brillantes.
El Nebraska es un lugar que hay que visitar una vez en la vida. Cuidan detalles que ya nadie respeta, como mantener la misma marca de café desde que abrieron en 1955. Comer sus perritos se ha convertido en una tradición que pasa de abuelos, a padres y a hijos.
