Las claves
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Montar un bar o un restaurante hoy en día no es pan comido. Todo cuesta más, la competencia es mucha y los trámites parecen interminables.
Y para un joven que empieza, el reto es todavía mayor. Hay que conseguir dinero, tomar decisiones sin experiencia y asumir riesgos que, en algunos casos, pueden afectar a toda la familia.
Este es el caso de Pipilacha, un bar-restauranteubicado en pleno centro de Madrid. Detrás del proyecto está Aran, un joven de 21 años que decidió apostar por su pasión por la cocina y transformar un local antiguo en un espacio moderno y acogedor junto a un compañero de 24 años.
Sin embargo, antes de abrir las puertas tuvieron que enfrentarse a una realidad que muchos desconocen. Y es que montar un restaurante desde cero implica mucho más que ganas e ilusión.
Suelos nuevos, instalación eléctrica actualizada, una cocina profesional, mobiliario, licencias, permisos y un traspaso que no siempre resulta tan ventajoso como parece, son algunas de las tantas cosas a las que un hostelero tiene que enfrentarse antes de abrir sus puertas.
"Entre el traspaso, toda la reforma que ha habido arriba, que ha sido bastante, la barra... y la zona en la que está, que es un local muy grande, ha sido un precio bastante, bastante, bastante bueno. Ha salido hasta barata la reforma. Han sido un poco más de 150.000 euros", detalla Aran en uno de los vídeos de El chef en cocina.
El joven confiesa que su sueño siempre había sido ese pero la realidad es que "todo fue idea de mi madre, desde hace ya bastante tiempo querían invertir, querían comprar un piso o una casa, o lo que fuese".
"Yo empecé con lo de la cocina, entonces ya quedó el runrún de un restaurante y bueno, surgió y la verdad es que bastante bien", relata, detallando cómo su familia acabó siendo la clave para que el proyecto pudiera salir adelante, aportando el apoyo económico necesario.
Sin embargo, aunque la obra ya quedó atrás, ahora llega el verdadero reto, sobrevivir a los primeros meses, cuando los gastos siguen llegando y los ingresos aún no son estables.
En ese sentido, Aran admite que están viviendo un inicio complicado y que "de hecho, este mes, ninguno de los dos cocineros vamos a cobrar". Aun así, mantienen la motivación intacta y confían en que, con trabajo constante, Pipilacha se consolide como un lugar de referencia en su barrio.
