Más de la mitad de la basura generada en España acaba en los vertederos municipales sin que se sepa qué tipo de desperdicio es. Esto, claro, supone un gran problema para el reciclaje a escala nacional y, en el medio plazo, cumplir con las exigentes normativas europeas. El problema, tal y como se percibe a día de hoy, se centra en los residuos en su conjunto.

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Sin embargo, en los últimos meses, parece que el problema se ha centrado sólo en los plásticos, que suponen menos de uno de cada diez deshechos. ¿La razón? Las campañas de asociaciones ecologistas y su lobby del reciclaje SDDR, destapado por EL ESPAÑOL, que están más preocupadas por imponer un sistema de depósito que por encontrar soluciones al problema de los residuos en España. La nueva Ley de Residuos, que va a iniciar esta semana su trámite parlamentario, debería aportar soluciones al problema de todos los residuos.

Para ello, el anteproyecto aprobado por el Ministerio de Transición Ecológica establece objetivos muy ambiciosos de cara a la recolección de basura. El Gobierno pretende, con esta norma, un reciclaje del 55% de cara al 2025 y del 65% para 2035, pero el futuro no es demasiado halagüeño hoy por hoy.

Supermercados y comercios se oponen al tipo de reciclaje que Podemos quiere imponer E.E.

En España, el 31,51% de los residuos son de materia orgánica, casi el doble que el papel cartón (20,9%) y cuatro veces más que los deshechos del plástico (8,5%). Sin embargo, el debate del ecologismo en nuestro país parece centrarse casi exclusivamente en estos últimos.

Varias asociaciones ecologistas, pertenecientes a la Alianza Residuo Cero, han solicitado incluir en la ley la imposición de este mismo sistema, contrario a los intereses de supermercados y comerciantes y que afectaría sólo al 1,5% de los residuos municipales, el auténtico quid de la cuestión. Así lo revela el estudio Diagnóstico y escenarios de cumplimiento de los objetivos de residuos municipales 2025-2030-2035 de la Fundación Economía Circular, que además sienta las claves de un reciclaje eficiente para cumplir con los objetivos.

SCRAP contra SDDR

Actualmente en España funciona el sistema de gestión de residuos SCRAP (Sistema Colectivo de Responsabilidad Ampliada del Productor), el del contenedor amarillo y contenedor azul. Según el informe de la Fundación para la Economía Circular, "el SCRAP ha supuesto una mejora considerable de la gestión de los residuos, cumpliendo el principio de jerarquía y aumentando las cantidades recicladas”. Por ello, el estudio considera conveniente la aplicación de la responsabilidad ampliada del productor y el desarrollo de SCRAP a nuevos flujos de residuos (textiles, muebles, colchones...).

“Para alcanzar un elevado nivel de eficiencia [que tiene que pasar del 35% actual a un 65%] es necesario mantener la fórmula mixta de gestión pública y privada, la primera dirigida al servicio a los ciudadanos y pequeñas actividades económicas y la segunda para dar servicio a actividades comerciales y de servicios”, refleja el estudio. “En este proceso, se considera conveniente la aplicación de la responsabilidad ampliada del productor y el desarrollo de SCRAPs”, añade en sus conclusiones.

Una mujer deposita una botella en una máquina de Tomra, la multinacional noruega que financia un lobby ecologista en España. Tomra

Así, la Fundación deduce que una de las claves para cumplir las normativas europeas deberá centrarse en reducir la cantidad de residuos que se generan: incentivar esta práctica -mediante inversión en infraestructuras e innovación- y prestar atención al despilfarro. De esta forma se matarían dos pájaros de un tiro, ya que el sector privado podría ver en este objetivo una oportunidad para reducir costes económicos y ambientales en su producción.

“Cada año llegan a vertedero directamente de los camiones tres millones de toneladas de restos. Además de un claro incumplimiento de las normativas, se ve que estamos un poco estancados”, señala Ángel Fernández Homar, presidente de la Fundación. “Nos hemos dado cuenta de que para aquellos residuos que cuentan con contenedor se han cumplido más o menos los objetivos. En los que no existe recogida selectiva, como es el caso de los biorresiduos, no se llega a buenos ratios”, añade.

El residuo olvidado

Otro de los restos que ocupa la nueva ley es el residuo textil, uno de los que menos atención recibe. En España, los deshechos textiles que acaban en el vertedero suponen cerca de 900.000 toneladas cada año, pero no recibe atención de las asociaciones ecologistas.

De hecho, la Federación Española de la Recuperación y el Reciclaje (FER) lo llama el residuo olvidado. A día de hoy, sólo un 12% del textil se deposita en contenedores específicos para su recogida y posterior reutilización o reciclaje, lo cual tampoco ayuda a mejorar el tratamiento de los residuos. Así, por cada kilo de ropa recuperada y no incinerada, se dejan de emitir tres kilos de CO2 a la atmósfera.

A diferencia de lo que pueda parecer a simple vista, el textil aglutina una variedad de productos casi tan grande como la del plástico, que recibe mucha más atención. El residuo textil no se refiere sólo a los vaqueros o las camisas, sino a otros materiales como el de las cortinas, las alfombras o las tapicerías, que también se desechan a diario en toda España. A ellas se suman las materias primas de la ropa deportiva, las conocidas como inteligentes, que no se pueden reciclar.