La vida de Geli Albadalejo (53) se paró en seco hace seis años, cuando le diagnosticaron cáncer de pulmón en fase cuatro y metástasis en los huesos. De un día para otro, esta actriz pasaba de grabar una serie en televisión a estar horas infinitas recibiendo tratamiento de quimioterapia para frenar el tumor en un hospital de Madrid. Tenía pocas esperanzas, pero no se rendía y emprendía una batalla que, por el momento, no ha terminado ni puede que termine nunca.

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Su lucha contra el cáncer ha sido y es constante por la fase en la que está. Sin embargo, aunque esta murciana conoce muy bien su enfermedad y cómo debe afrontarla, lo que nunca había imaginado es que después de tantos años intentando curarse, sería tratada como "una intrusa" en su propio hospital cuando acudía a hacerse unas pruebas de cara a su próxima operación por el tumor. Todo ello, según denuncia, por la crisis sanitaria a causa del COVID-19 que tiene al borde del colapso a la mayoría de centros en la capital española y que se ha cobrado la vida de 803 personas, 308 de ellas en Madrid. El lunes la capital registró un muerto cada 16 minutos por coronavirus. 

Lo único que ha conseguido Geli a lo largo de esta semana han sido gritos por parte de los trabajadores, que la echasen de todos los sitios a los que acudía a pedir ayuda y con ello, continuos ataques de ansiedad. Por algo que tiene que hacer, si quiere vivir, que es acudir al hospital.

"Yo también quiero vivir aunque no tenga el coronavirus. He ido al hospital porque no me queda otro remedio, preferiría estar en mi casa tranquila. No he ido a molestar a nadie, he ido a curarme. Ir allí es como ir a la guerra, me han caído hostias por todas partes. He terminado llorando, con ataques de ansiedad y todavía tengo que volver esta semana... ¿qué hacemos el resto de pacientes, nos morimos?", denuncia esta actriz, en una entrevista con EL ESPAÑOL. 

"Estoy muy jodida"

Esta actriz acudió al hospital para hacerse una pruebas de cara a su próxima operación.

"Me pillas muy jodida, he tocado fondo". Es lo primero que responde esta murciana, cuando este periódico le llama por teléfono. "Me he sentido como una intrusa, soy una enferma oncológica. Siempre me han tratado genial, he defendido a toda costa la sanidad pública, pero esta semana ha sido horrible. Están descoordinados, no saben siquiera por dónde les llegan los problemas...", relata Geli, conteniendo la respiración. 

La pesadilla de esta actriz regresó hace dos semanas, cuando los médicos le informaron de que el cáncer se había reactivado. Antes, Ángeles había logrado frenarlo gracias a un tratamiento de quimioterapia en 2014 y otro experimental de inmunoterapia, cuatro años después. Ahora, debe volver a enfrentarse a más pruebas, una operación urgente y a un nuevo tratamiento que están llevando a cabo laboratorios de todo el mundo. 

Y eso es precisamente lo que ha tratado de hacer esta semana, sin éxito. En definitiva, Geli Albadalejo también es una paciente de riesgo ante el COVID-19, la enfermedad provocada por el nuevo coronavirus Sars CoV-2, que ya ha infectado a más de 17.000 personas en España del miércoles al jueves la cifra de contagiados aumentó en 4.000 casosy se ha cobrado la vida de más de 800.  

Antes de que viviese la situación que relata en la Fundación Jiménez Díaz, la app del portal del paciente le avisó de que todas sus pruebas de la semana se habían cancelado a causa de la crisis sanitaria. Fue entonces cuando esta actriz le preguntó a su oncóloga y esta le dijo que fuese igualmente: "Tienes que ir Geli, tu eres un código 15, tienen que atenderte", le dijo su médico especialista. 

Sin embargo, fuentes hospitalarias aseguran a este diario que enfermos inmunodeprimidos no deberían estar en centros hospitalarios durante la crisis del coronavirus, debido a las altas probabilidades de poder ser contagiados por el virus.

"Váyase de aquí!"

Así que esta murciana se presentó el martes en la ventanilla para realizarse las pruebas y lo primero que recibió fue un "¿usted qué hace aquí?", de parte de la recepcionista. "Estaba citada", le respondió la afectada. 

— Esta todo cerrado, váyase de aquí.

— Mire, he hablado con mi oncóloga, soy un código 15, tengo que ver al anestesista...

— Vaya al fondo del pasillo y pregunte ahí.

Tras atravesar el corredor y llegar al siguiente mostrador, repitió lo mismo y la trabajadora le preguntó: "¿Quién te ha mandado aquí?". A lo que ella respondió: "Ha sido su compañera de la entrada, tengo que...". Sin apenas terminar la frase, la empleada arremetió contra su compañera e iniciaron una discusión acalorada entre ambas, mientras que Geli, estupefacta y casi con sentimiento de culpa, contemplaba la escena.

Aunque el resto del día lo siguió intentando, tampoco lo consiguió. "Me fueron mandando de un sitio a otro, me recorrí todo el hospital y al final, impotente, me fui llorando a casa sin poder ver al anestesista. Ha sido humillante. Si vengo no es para molestar a nadie, es porque tengo una urgencia, ¿no me van a atender porque no tengo coronavirus?", se pregunta, entre lagrimas.

"Yo también quiero vivir, no me merezco que me abronquen, el hospital se ha convertido en un corral de pollos sin cabeza y esto es insostenible", añade.  

A esta situación crítica, se suma también que Ángeles vive sola en la capital y debe subsistir con la pensión de 800 euros que le dieron por su invalidez total. "La condena del cáncer es doble. Te condena a vivir en un hospital para siempre y a ser pobre. Me llaman para hacer alguna colaboración como actriz, pero no puedo, me quitan la paga que me dan...", cuenta.

Para esta murciana es difícil atisbar algo de esperanza ante la situación actual. "Si yo sobrevivo a esto, que venga dios y lo vea. Al final, el coronavirus empujará a los hospitales a elegir que pacientes viven y mueren como ya ocurre en Italia", concluye esta enferma. 

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