Christopher Bergan sólo tenía buenas intenciones. Viajó desde Noruega, donde reside habitualmente, a Estados Unidos. Quería darle una sorpresa a su suegro, felicitarlo por su cumpleaños. Así que, sin decirle nada, compró un billete, salió de casa, se montó en un avión y se plantó, antes de la madrugada, en casa del padre de su mujer. Sin saber que, tras ese buen gesto, se escondía una tragedia, la suya propia. Su suegro, sin saber que era él, le disparó desde su casa matándolo. Lo hizo sin querer, de manera automática, sin pensar en las consecuencias ni su identidad, pero lo cierto es que acabó con su vida.

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Pero para entenderlo todo hace falta poner orden en los hechos. Richard Dennis, el hombre que disparó, el suegro, de 61 años, el 1 de octubre había tenido una discusión. A las 10 de la noche, en su vivienda, se escucharon gritos, reproches… De todo. Pero el volcán se apagó una hora después. Ya todo había vuelto a la normalidad, pero a Richard no se le había pasado el enfado, seguía en su casa dándole vueltas a lo ocurrido.

Mientras, el joven Christopher, de 37 años, hacía 7.000 kilómetros para llegar ese mismo día, a las 23:00 horas, a casa de su suegro. Estaba ilusionado por ver la cara de su cara, por ver cómo le sentaría la sorpresa que le había preparado. Así que, se plantó en la puerta de Richard, llamó por la trasera (como había hecho la persona con la que había discutido anteriormente el propio Dennis) y se escondió entre unos arbustos.

Richard, entonces, creyendo que era él, perturbado por cómo estaba yendo su noche (y su día), salió al porche. Paralelamente, Christopher emergió de entre los arbustos ‘gruñendo’. ¿Y qué hizo su suegro? Abrir fuego contra él, con la mala suerte de que una bala le alcanzara el corazón y lo matara en el mismo instante, según ha trascendido por el informe policial.

La investigación, que la ha llevado a cabo el sheriff del condado, ha descartado cualquier intencionalidad por parte de su suegro. Ambos se llevaban bien y no había motivos para que esto ocurriera. Fue, por tanto, un accidente… Pero mortal. Sin cargos, Richard seguirá con su vida, pues nadie ha presentado cargos contra él. La fatalidad, eso sí, le perseguirá durante toda su vida.