El discípulo de Galeno.

El discípulo de Galeno.

Opinión EL DISCÍPULO DE GALENO

La esperanza, alma secreta de la medicina

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El médico no se limita a realizar diagnósticos ni a prescribir tratamientos: su verdadera tarea comienza cuando mira más allá del órgano enfermo y alcanza el misterio de la persona que sufre. El ser humano no se define únicamente por su biología; también tiene una dimensión noética. Por ello, la medicina va más allá de una actuación replicativa ante un organismo enfermo.

Una de las tareas más transcendentales de un médico es conectar con la experiencia diaria de la persona enferma, entender cómo percibe su enfermedad, conocer el impacto que esta tiene en su vida, y escuchar y validar sus miedos y emociones.

Y, al hacerlo, despierta en el enfermo una fuerza interior casi secreta: la esperanza, incluso en los momentos más difíciles, reconvirtiendo una medicina fría y distante en una práctica científica y humana, proclamando el hecho de que los pacientes son mucho más que su enfermedad.

Para aquellos que enfrentan enfermedades crónicas o terminales, la esperanza puede manifestarse en pequeñas victorias: un día sin dolor, una conversación sincera con la familia oalcanzar una meta personal.

La esperanza en medicina es mucho más que un simple optimismo; es una actitud existencial de confianza en un bien posible, la curación. Sin embargo, también debe ser una actitud realista y trascendente que acepta el sufrimiento sin rendirse, que acompaña y da sentido a situaciones especialmente graves.

El psiquiatra Viktor E. Frankl, mientras estaba recluido en los campos de concentración nazis, hizo un descubrimiento impactante en medio de tanta deshumanización: siempre hay una última libertad que cada persona puede ejercer: la de elegir cómo enfrentar el sufrimiento.

Él abordó la sensación de desesperanza y aniquilación con la firme convicción de que había que vivir, incluso en los momentos más difíciles. Se trataba de encontrar un sentido, incluso en las profundidades de la desesperación.

Desde la perspectiva de Frankl, la esperanza en el ámbito médico no se debe limitar exclusivamente a esperar la curación, sino que aquella pertenece al ámbito de la búsqueda de un propósito, con la aspiración de ir más allá de los resultados clínicos satisfactorios inmediatos.

Por eso, puede coexistir con la dura realidad de un pronóstico negativo. En el caso de los enfermos graves, la esperanza no siempre significa sobrevivir, sino encontrar valor en lo que se vive: reconciliarse, despedirse, amar, agradecer, y dejar una huella.

El médico no está convocado a ofrecer promesas imposibles; esa no es su misión, sino que debe acompañar al paciente en la búsqueda del significado que tiene su enfermedad, incluso cuando se sepa que esta no tiene curación.

La esperanza es un arma poderosa; sin embargo, puede ser un arma de doble filo. Las expectativas poco realistas pueden llevar a la decepción o a la negación, como cuando el paciente o su familia se aferran a tratamientos no probados o posponen los cuidados paliativos.

La tarea del médico de desarrollar una información adecuada y honesta sin aplastar la esperanza del paciente no es siempre fácil. La verdadera esperanza, de acuerdo a la filosofía de Frankl implica aceptación, no la huida de la realidad. Se trata de encontrar significado en el presente, no de aferrarse a futuros inalcanzables.

La esperanza es el corazón de la medicina, enlazando ciencia, ética, y humanismo. La luz de la esperanza debe ser participada y cultivada por médicos, pacientes, y familiares. Las palabras amables del médico, ciertas pero sensibles, la determinación interna del paciente, y el apoyo incondicional de la familia diseñan un mundo de esperanza que se abre paso entre la oscuridad de la enfermedad.

Cuando hacemos referencia a la esperanza en un contexto religioso, esta se convierte en la virtud que nos impulsa a confiar en un camino mejor. Cuando nos aproximamos a la esperanza desde una perspectiva filosófica, aquella se muestra como un proyecto racional dentro de un mundo de incertidumbre.

En el ámbito médico, las visiones religiosas, filosóficas y humanísticas se entrelazan: la esperanza no ignora el dolor ni la finitud, sino que los trasciende al guiar la acción médica hacia el bienestar del paciente, incluso cuando la curación no sea una opción. Así, el médico se transforma en el guardián de una esperanza tangible.