Hace pocos días, uno de los alumnos de la asignatura de ética médica de la Facultad de Medicina de la Universidad de Sevilla elaboró un trabajo sobre los aspectos éticos de una publicación publicada en la prensa escrita titulada: "En pacientes con cáncer, el riesgo de morir se incrementa un 470 por ciento cuando se tratan con seudoterapias o medicinas alternativas". Tras presentar su trabajo su conclusión, en forma de frase interrogativa presentada al resto de compañeros, fue contundente: "¿Cómo es posible que haya aún pacientes que opten por seudoterapias en temas de salud tan graves?”.
La medicina no es una ciencia exacta. Sir William Osler, uno de los más respetados médicos de todos los tiempos, decía que "la medicina es la ciencia de la incertidumbre y el arte de la probabilidad". Aunque dicha aseveración podía ser considerada adecuada para la medicina del siglo XIX, no es menos cierto que actualmente la epistemología médica (entendida como el método en que la medicina accede al conocimiento) fundamenta sus raíces en la investigación y experimentación.
El método científico, en el que se sustenta la medicina actual, se desarrolló principalmente durante el siglo XX fundamentado en figuras como Karl Popper ,que introdujo la idea de la falsabilidad como criterio de demarcación de las teorías científicas, y Thomas Khun, que introdujo el concepto de "paradigmas científicos" dirigido a entender el mundo que nos rodea. No obstante, el método científico hunde sus raíces en los principios filosóficos más ancestrales, fundamentalmente en la lógica y en la observación empírica de Aristóteles, en el método inductivo desarrollado por Francis Bacon, y en el racionalismo y el deductivismo de Descartes.
La medicina con base científica, que se aplica hoy en día para la curación y prevención de enfermedades, integra conocimientos adquiridos a través de un proceso sistemático similar al desarrollado en otros ámbitos de la ciencia. El planteamiento de una pregunta sobre la enfermedad que se pretende investigar, el desarrollo de una hipótesis, la experimentación metódica (en animales y humanos), la recopilación de datos, el análisis de resultados y su difusión para ser sometida a la crítica en el ámbito científico público son escalones imprescindibles en la génesis del conocimiento médico actual. El saber adquirido a través de este método alcanza distintos niveles de evidencia de acuerdo al modelo de investigación empleado (estudios de biomédica básica, experimentación animal, ensayos clínicos sistematizados controlados, etc.).
Es cierto que no hay ciencias infalibles y, obviamente, la medicina no es una excepción. No obstante, y utilizando los términos que empleó Osler, aunque la medicina pudiera tener una parte de "arte" en lo que se refiere a la relación del médico con el paciente, el componente científico de la medicina ha crecido de modo exponencial en los últimos 50 años.
No obstante, dietas milagrosas, cristales de cuarzo, digitopuntura, esencias marinas, gemoterapia, geobiología, geocromoterapia, geoterapia, grafoterapia, hidroterapia del colon, iridología y un sinfín de técnicas carentes de evidencia sobre su eficacia se ofertan al paciente como una opción terapéutica verdadera. En un mundo como el actual, donde la información fluye y circula no sólo a gran velocidad, sino también eludiendo filtros de control sanitario, la divulgación en redes sociales de este tipo de técnicas seudocientíficas es cada vez más frecuente.
Aunque en algunos casos el acudir a este tipo de técnicas no supone un peligro para la salud, siempre supone una burla a la verdad y frecuentemente a la economía del paciente. Por otra parte, en otros muchos casos, las seudociencias y seudoterapias no solamente pueden poner en riesgo directamente la salud e incluso la vida de las personas, sino que también pueden hacerlo cuando estas técnicas se consideran "medicinas alternativas" o incluso sustitutivas de la medicina científica.
El empleo de medicina sustentada en el método científico no solamente se asocia a una mayor eficacia diagnóstica y terapéutica, sino que incrementa la certidumbre, reduce los errores médicos y se asocia a una significativa mejoría de los resultados en salud. Por otra parte, el progreso en el conocimiento médico futuro se sustenta en los conocimientos actuales, que son la base del desarrollo epistemológico médico.
Tras la discusión en el aula sobre el trabajo de ética médica antes comentado, todos los alumnos estuvieron de acuerdo en que, cuando fueran médicos, nunca realizarían prácticas seudocientíficas y también en que a partir de ahora ya no las denominarían "medicinas alternativas", sino "alternativas a la medicina".