Imagen de un costalero de Sevilla.

Imagen de un costalero de Sevilla. Joaquín Corchero / Europa Press.

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La fiebre por ser costalero en Sevilla: 700 aspirantes, listas de espera de 50 personas y 15 años para sacar un paso

El aumento del número de candidatos para sacar un paso en la Semana Santa hispalense está haciendo que "se pierdan generaciones".

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¿Está de moda sacar un paso en la Semana Santa de Sevilla? Hay discrepancias al respecto entre los capataces y costaleros de la ciudad, quienes coinciden en que "no se puede medir la devoción de cada uno".

Pero lo que está claro es que "cada vez hay más gente para todo". Y para sacar cofradías también.

Antonio Santiago y José Manuel de Valenzuela, capataces de la Macarena y la Piedad del Baratillo respectivamente, coinciden en que el número de aspirantes no ha dejado de aumentar en los últimos años. Y no hace falta más que echar la vista atrás.

Hay gente que viene de fuera de Sevilla únicamente para ver si consiguen un puesto en la hermandad.

También listas de espera de más de 50 personas, quienes aguantan 15 años para pertenecer al cuerpo de costaleros y multitudinarias 'igualás' -el momento en el que se mide a los aspirantes y se elige quienes van a conformar la cuadrilla-.

Sin ir más lejos, el pasado 30 de enero tuvo lugar la de la Hermandad de la Macarena y no dejó indiferente a nadie.

Alrededor de 700 personas asistieron a la cita que duró diez horas. Desde las 21:00 horas hasta las 07:00 horas.

No obstante, cabe destacar que esto fue un hecho "extraordinario" que se justifica con una serie de motivos, tal y como cuenta Antonio Santiago, capataz de esta cofradía y de nueve más durante la Semana Santa, a EL ESPAÑOL de Sevilla.

En primer lugar, la cuadrilla se había disuelto días atrás por el cambio de los responsables de la hermandad y del cuerpo de capataces.

En concreto, Santiago mandó un escrito en el que defendió que necesitaba a hombres de "confianza" debajo del paso.

Imagen del interior de un paso de Semana Santa en Sevilla.

Imagen del interior de un paso de Semana Santa en Sevilla. EP.

A esta polémica -que generó todo tipo de críticas tanto en redes sociales como en la calle- se suma que "más gente quería sacar la Macarena" tras su sonada restauración.

Normas

Además, asegura, "haber formado parte de la cuadrilla no garantiza mantener el puesto. Las plazas no se reservan". Por lo que tanto quienes componían el grupo como los que no, tenían que asistir si querían tener posibilidades.

A pesar de que esta cifra de aspirantes no se recuerda en la ciudad, las habituales tampoco se quedan atrás. Entre 200 y 300 personas se presentan de media en las 'igualás'.

Un hecho llamativo si se tiene en cuenta que en los años 80 esto no pasaba ni por asomo. Se cobraba por sacar un paso.

Llegados a este punto, los responsables necesitan cribar de alguna forma. Una de ellas, en palabras de De Valenzuela, son "las normas de cada hermandad".

Es decir, hay cofradías que exigen llevar determinados años como hermano o no cargar ninguna otra procesión dos o tres días antes de la salida.

Vida de hermandad y trato con el capataz

Hasta aquí, la parte 'oficial' de la Semana Santa de Sevilla. Y es que, al igual que en otros ámbitos de la vida, 'quién tiene padrino se bautiza'.

Aunque ambos capataces coinciden en que es "necesario hacer vida de hermandad, aportar algo y acudir a determinados eventos", si se conoce a alguien que ya está dentro, mejor.

David sacará este 2026 su primer paso en Sevilla. Natural del municipio de Dos Hermanas, cuenta a este medio que se ha llevado esperando seis años para formar parte de una cuadrilla de costaleros hispalense.

Durante todo este tiempo, ha ido a las convivencias de hermanos y a todo acto cofrade -desde ensayos hasta 'igualás'- a sabiendas de que no iba a entrar.

Finalmente -además de su asistencia a determinados eventos- el último empujón ha llegado de la mano de un amigo que tiene trato con el capataz.

Imagen de costaleros descansando.

Imagen de costaleros descansando. EP.

Generaciones perdidas

Una vez dentro, muy poca gente quiere irse. La cuerda se estira todo lo posible.

De ahí que se formen listas de espera de más de medio centenar de personas y se llegue a aguardar más de una década. "Hay dos o tres generaciones de costaleros que se pierden", afirman los dos capataces.

Por este motivo, los responsables han empezado a buscar alternativas independientemente de las normas de cada hermandad. En el caso del guía del Baratillo, la suya consiste en hablar directamente con el costalero.

"Si hay alguien que lleva sacando el paso 25 o 30 años, hablo con él y le pregunto si este no es tiempo suficiente", señala. "Hay que dejar sitio a los que llegan".

Sobre ello, Santiago admite que "puede ser una manera" de poner coto, pero no es suficiente: "Todos tenemos que trabajar en esto".

Perfil

Otra de las peculiaridades que tiene la Semana Santa de Sevilla es el perfil de los costaleros. Para empezar, el aspirante tiene que ser mayor de edad, este es un requisito fundamental.

Además, se buscan, en la mayoría de lo posible, hombres que no sean muy altos. Sobre todo para cargar el palio -la Virgen-. Sin embargo, la oferta de costaleros que hay en la capital permite 'jugar' en este sentido.

Además, aunque "no es necesario que sean un portento físico", deben estar en forma de cara a la procesión.

Van a cargar entre 35 y 40 kilos en la nuca durante un recorrido que dura unas ocho horas aproximadamente, llegando a superar las 12 en hermandades como La Macarena o Triana.

No obstante, es necesario destacar que los tiempos se reducen a la mitad porque el itinerario se reparte entre las dos cuadrillas.

En cualquier caso, más allá de los requisitos físicos o la experiencia previa, lo que parece evidente es que ser costalero en Sevilla se ha convertido en algo más que una tradición: es un objetivo compartido por cientos de personas cada año.

La creciente demanda, las largas listas de espera y el relevo generacional ponen de manifiesto que la Semana Santa sigue muy viva, pero también que el acceso a una parte de ella no es tan fácil como antes.

Sacar un paso en Sevilla ya no es solo cuestión de fuerza y resistencia, sino también de paciencia, constancia y, en muchos casos, de oportunidad.