Brais Cedeira Carmen Suárez

Muchas de las llamadas que Juan Serrato Torres, “Peke” para los amigos, recibe en su teléfono son para pedirle que vaya a actuar como stripper. Algunos, cortados al principio, no saben cómo explicárselo, cómo introducir en una frase la palabra tabú. Él se lo toma con ironía, porque algunos llaman como tímidos, como queriendo decirlo pero sin atreverse. Cómo decir que quieren contratar el espectáculo de un enano en una despedida de soltero. “Es la palabra que a la gente le gusta. A mí, por ejemplo, no me molesta. Pero hay maneras y maneras de decir ‘enano’. Para publicidad, para que se vea en Google, es lo que mejor va. A mí no me molesta para nada, pero depende del tono en como lo digas”, explica a El Español.

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En esas llamadas, la situación que se produce es la siguiente:

-Hola… (con voz tímida).

“Ahí es cuando se te quedan como pillados al principio. Es bastante normal, siempre me pasa”, explica Juan, con sorna.

-Es que te llamo… Sabes… Para una despedida… Porque queremos… Eso...

-A ver, ¿qué queréis? ¿Un ‘enanito boy’? - les dice Juan, resignado, con una media sonrisa-.

-Sí, sí, sí. Eso, eso.

Y entonces lo prepara todo y se va allá donde le llamen. ¿Que hay que irse a Toledo? Pues allá que se va para Toledo. ¿Que le llaman para una actuación en Valencia? Allá que se va para Valencia.

Por sus shows suele cobrar unos 120 euros, por un espectáculo de media hora. “Este año me fui para Sevilla un fin de semana porque me llamó un grupo de chicas que me dijo: ‘Queremos celebrar una despedida de divorcio’. Era para una de las amigas de la pandilla. Y yo le dije: bueno, venga vale, me voy para allá. ¡Vamos a divorciarnos (ríe)!. Ella estaba más feliz que un regaliz. Gritaba: ‘¡Que ya soy libre, que me divorcio!’”.

Juan tiene 36 años y apenas pasa del metro y medio de altura por la acondroplasia con la que nació. Nunca le ha supuesto un problema o una barrera que, de algún modo, le limitase. Risueño y amable, tiene un gran sentido del humor y un corazón enorme. Dice que es una de las tres únicas personas con enanismo que realizan shows para despedidas de soltero en España. En esas actuaciones, ante públicos multitudinarios en los que se convierte en ‘enanito boy’, las esposas y los disfraces son sus particulares herramientas de trabajo.

Una charla en Blackhaus

Juan actúa en despedidas de soltero. Dice ser una de las 3 únicas personas con acondroplasia en España que lo hace. Cedida

Es jueves por la noche y nos abre las puertas de su vida, repartida entre los espectáculos de las despedidas de soltero y la discoteca Blackhaus, la enorme mansión de luces ultravioletas conocida en años anteriores como el Buddha o el Oh!Madrid!, un lugar emblemático en el que trabaja desde el pasado mes de octubre, pero que es ya parte de sí mismo, una estancia más de su hogar. Allí tiene su propia barra. En una de las plantas inferiores de la enorme casa, maneja él solo una sala entera decorada con budas en las estanterías y grafitis en las paredes.

Juan lleva un polo negro, el tupé bien arreglado y unos brazos fuertes, trabajados en el gimnasio. Todos en Blackhaus le saludan y le respetan. Es un tipo querido y con salero.

Ese desparpajo es el que le ha hecho tirar siempre hacia delante. Lleva toda la vida en el mundo del espectáculo, y hace doce años que empezó a actuar en despedidas de soltero. “Fue en 2005 cuando empecé. Era como una aventura para mí. Un compañero me comentó si estaba dispuesto a cubrirle el puesto. Claro, yo no sabía que hacer porque nunca había hecho un streeptease. Esa primera vez, delante de tantas mujeres en la despedida de soltera, como que me quedé blanco, más blanco que la escayola. Me puse un poco nervioso, luego improvisé y la verdad que me quedó bastante bien”, relata a EL ESPAÑOL. Y así desde entonces. Le fueron lloviendo las ofertas y el negocio creció como la espuma.

Hace tiempo que Juan compagina dos trabajos a la vez. Como sale del Blackhaus cuando está amaneciendo, se levanta tarde, va al gimnasio y pasa el tiempo con su familia. Cuando le llama algún grupete, va siempre acompañado de algún disfraz: a veces de torero, otras, transformado en una suerte de Pancho Villa, e incluso de policía o de agente del FBI.

Un negocio a 120 euros por actuación

Este es uno de los disfraces que Juan utiliza en su trabajo. Cedida

Este negocio en la contratación de las despedidas de soltero es una actividad que, aunque parezca de película, continúa existiendo. No al nivel de alguna de las escenas de El Lobo de Wall Street, de Scorsese, desde luego. Actualmente, empresas como As de Picas, Los Miniboys, Pekeboys o Strips continúan realizando estas ofertas. Desde Absolute, una empresa dedicada a preparar despedidas de soltero, han tenido que ir apartando de su oferta a los shows de los ‘enanito boys’. “En lo que va de año, puede que hayamos hecho solo cinco. Hace años era muy diferente. Por eso nuestra oferta ya prácticamente no se centra en eso”.

Para comprobar cómo se ofrece este servicio, llamamos a Los Miniboys haciéndonos pasar por un grupo de amigos que quieren informarse de cómo funciona este mundillo.

- Hola, buenos días.

-Hola, ¿es la empresa Strips?

-Sí, sí.

- Qué tal, estamos organizando la despedida de soltero para un compañero de trabajo. Hemos llamado a distintos sitios para comparar precios y valorar. Queríamos contratar uno de vuestros shows durante la despedida. ¿Sería posible?

- Sí, sí. Bueno, yo trabajo con ellos. Vamos, que son socios míos. Qué sería, ¿en Madrid?

-Sí, en Madrid, en Madrid, pero nos gustaría saber cuánto nos puede costar.

-Pues depende de la broma que queráis hacer. Podéis hacerle lo del esposado, o la broma típica del enanito que se viste de mujer…

-Entonces, ¿qué números hay?

-Ese, también puedes ponerle unas esposas como las de la policía al novio para que vaya todo el rato pegado a él. Puteándole, claro. Y pues eso, sabes que eso es lo que está de moda ahora mismo. El show gracioso y este son los más cachondos. Os vais a reír. Con lo que os haga el enanito os vais a reír. Calcúlale ahí que cada cosa de las dos que te dije, os costaría cada una de esas dos unos 120 €, quizá un poco más el del esposado.

- ¿Y si queremos que esté más tiempo?

-Ahí entonces ya hablas con él. Le dices: oye, pues te pago 20 30 euros aparte y te quedas un rato más. Eso ya lo negociáis vosotros. El show dura una media hora. Si queréis luego lo del esposado pues el esposado sería ya una hora o incluso dos horas. Ahí ya sabes que te va a subir casi el doble.

-Vale, te confirmo esta tarde. Sería para hacerlo dentro de quince días.

-Vale, pero intenta avisarme lo más rápido que puedas porque los enanitos tienen muchísimo trabajo y es difícil pillarlos.

-¿Les llama mucha gente?

-A ver, es que enanitos hay muy poquitos. Por mucho que llames, siempre te van a salir dos grupos de enanos. Lo que pasa que trabajan con todas las agencias. Ahí solamente hay dos grupos. Llames donde llames te dirán los mismos precios porque es lo que hay. Así que como tú lo veas.

-¿Trabajan también chicas con vosotros?

-No, chica aquí en Madrid… Aquí ya no hay chica. La que había se fue a Ecuador.

-Solo chicos entonces.

-Eso, chicos solo.

-Vale, pues te llamo esta tarde. Muchas gracias.

-Adiós.

Una vida entera en el mundo artístico

Las actuaciones de personas con enanismo en despedidas cuestan en torno a 120 euros por actuación. Losminiboys.com

En su día a día en las despedidas de soltero, Juan corrobora esa enorme demanda. Hace unos cuantos años, llegaba a hacer de 12 a 14 shows en un solo día, pero eso se convirtió en un agobio. “Empezaba a las cinco de la tarde y acababa a las cinco de la mañana. Está bien pagado, claro pero luego a la hora de la verdad, es un estrés. Llegabas a los sitio con la hora pegada al culo… Ahora lo he cortado un poquito y me cojo solo las más seguras”.

Juan empezó muy pronto en el mundo del espectáculo. Le viene de familia. Ya desde muy jovencito, se introdujo en el mundo de los bomberos toreros. Apenas era un chiquillo y ya saltaba a las plazas de toda España con su capotito y su trajecito de luces. “A los nueve años empecé a torear becerritos. Y aun recuerdo lo que me dijo mi padre en ese momento: 'Aquí hay dos caminos: si coges este camino tienes que hacerte profesional. Y si no lo coges, ponte a estudiar. Si toreas, vas a recibir muchos golpes, pero así es como vas a aprender'. Cogí ese camino y viajaba a México, a Venezuela, con el consentimiento de mis padres. Nadie me prohibió nada siendo menor de edad”, relata. Era libre y es libre.

Así, durante muchos años participó en todo tipo de espectáculos: hizo de stripper en discotecas de toda España, aprendió a escupir fuego, estuvo también en circos… Ahora lleva una vida algo más tranquila. Sigue cogiendo el teléfono a quien le llama para toda clase de espectáculos y suele realizar en torno a cinco despedidas de soltero a la semana. El resto del tiempo, lo dedica a sus tres hijos, a su mujer y a su trabajo de ‘barman’.

Juan es feliz en su trabajo. Cuando se disfraza, a punto para actuar ante decenas de personas, se convierte durante unos minutos en el protagonista. Entre chistes y bailes alrededor del que abandona la soltería, las risas están aseguradas. “A veces me dicen que me haga también monologuista. Pero ya no sé de dónde sacar más tiempo (ríe)”.

Sin embargo, no son pocas las veces que tiene que ponerse serio con quienes asisten a alguno de sus números. Rara es la vez que falta el típico gracioso desagradable. “Con los tíos me visto de chica, me pongo algo sexy y hago el numerito. Pero siempre hay el típico gracioso desagradable que dice: ‘Ja, ja, ja. ¡Mira, el enano!’”. En ese momento, Juan para la actuación y se dirige a esa persona. Corta el humor de golpe.

Juan trabaja durante la semana en la discoteca Blackhaus de Madrid. Carmen Suárez

-Oye, perdona. ¿El enano has dicho? Mira, chaval, yo soy un artista. La próxima vez que me faltes al respeto, te falto yo al respeto a ti.

-Ostia, perdón, pero no te enfades – le replica el otro-.

-No, ostia no, es que me estás faltando al respeto. ¿Te he faltado yo a ti al respeto?

-Bueno, pero es que…

-Pero es que, ¿qué?

Como decía Juan al principio, hay formas y formas de decir las cosas. “Yo voy a actuar a hacerlos reír, y a que me paguen un dinero. Pero si alguien se ríe de mí, le corto”.

Asociaciones en contra

Juan es feliz con su profesión. No se dedicaría por nada del mundo a otra cosa. Sin embargo, hay asociaciones que critican su trabajo y hablan de que se trata de algo denigrante. En concreto, organizaciones como la Fundación Alpe, una asociación desde la que cuidan “el uso que de la imagen estereotipada de las personas con acondroplasia se hace en los medios de comunicación”. Promueven, además, estudios científicos de todo tipo sobre la acondroplasia y otras displasias que conllevan enanismo. Desde esta asociación, y otras como la Fundación Magar, están totalmente en contra de este y otros trabajos para personas aquejadas de acondroplasia.

Araceli vive con su padre, tiene 38 años y también vive aquejada por la acondroplasia. Pertenece a la Fundación Alpe. Nunca ha querido intentar la posibilidad de actuar en despedidas de soltero. Dice que por “dignidad”. “Por el hecho de padecer acondroplasia padeces muchas burlas. A día de hoy todavía me sucede. Ese trabajo de las despedidas es algo denigrante”, explica a EL ESPAÑOL.

Sentado en uno de los sofás de Blackhaus, que es también su casa, Juan sigue reflexionando sobre el trabajo que desempeña. No está de acuerdo con lo que opinan esas asociaciones sobre su trabajo.“¿Denigrante por qué? Si yo soy una persona normal y corriente. ¿Qué me faltan? ¿Unos centímetros de más? ¿Para qué? Si a mí lo que me funciona es esto (se señala la cabeza). Lo hago porque me gusta. Lo que busco es que el público se ría del sentido del humor que yo tengo, no que se ría de mí, porque en el momento que veo que esa persona se está riendo de mí, yo corto. Yo respeto para que me respeten. Corto de raíz”.

Juan lleva desde los 9 años dedicado al mundo del espectáculo.

Juan eligió hace muchos años ese camino y es feliz con él. Con Alpe ya ha tenido problemas, pues en alguna ocasión, cuando ejercía como bombero torero, aparecían en las corridas en las que participaba para reventarlas. “A mí esto nadie me lo puede prohibir. Son personas que viven en otro mundo. Tienen una dictadura según la cual toda persona que tenga una discapacidad tiene que dedicarse a trabajos de discapacitados”. Sin embargo, desde Alpe aseguran que nunca le han reventado ninguna corrida sino que tan solo "se ha hecho campaña para que no se contraten espectáculos de este tipo con dinero público mediante emails y peticiones a organismos públicos" y que "nosotros queremos que las personas con discapacidad trabajen en cosas de todo tipo: fontaneros panaderos, abogados o maestros. Es él, y no puede darse cuenta, quien se dedica a una profesión sólo y exclusivamente en su condición de acondroplásico". 

Al final del día, después de una dura jornada de tardes de despedidas de soltero y noches de discotecas, Juan da un beso a sus niños y juguetea con ellos en el salón de su casa. Son los que más encantados están con el trabajo de su padre. “Les flipa porque tengo todo tipo de disfraces en casa. Cuando les quiero hacer reír, salgo con alguno de ellos y se quedan alucinados. Al final, yo he trabajado de todo: he ido con mi hermano a trabajar a la construcción y no se me caen los anillos tampoco por eso”.

Hace 14 años, cuando eligió ese camino, se dio cuenta de que era de verdad lo que le iba muy feliz. Independientemente de lo que piensen los demás. “Porque al final, lo más importante es respetar. Respeta si quieres que te respeten. Y a mí, allá donde voy, la gente me respeta”.