En Alemania, con las navidades y las bajas temperaturas, comienza la temporada alta en la clínica del doctor Christoph Jethon, un profesional de la cirugía estética afincado en la ciudad de Darmstadt, a unos 30 kilómetros del sur de Fráncfort (oeste germano). La mayoría de sus pacientes para alargarse el pene llegan en invierno. Al año, unos 300 hombres lo visitan para agrandar su pene.

“Lo hago muy a menudo, entre 30 y 36 veces al mes, es algo muy demandado, trabajamos muchísimo”, dice Jethon a EL ESPAÑOL. “La mayoría de los pacientes, el 90%, quiere alargamiento de pene con aumento del grosor a la vez, el resto pide sólo alargamiento o aumento del grosor”, añade. Hasta el 80% de sus pacientes pide la operación por razones estéticas. Creen, por ejemplo, que su pene no es lo suficientemente grande.

Los meses de invierno son los mejores para realizar el agrandamiento de pene. “Es más cómodo, en meses como julio o agosto la gente quiere ir a la playa o nadar, hay menos pacientes y las clínicas cierran”, explica Jethon. “Ahora mismo, por ejemplo, es cuando más se pregunta por el agrandamiento de pene”, abunda.

Su colega el doctor Timo Spanholtz, otro doctor y cirujano cuya clínica se encuentra en Colonia, la metrópolis cultural del oeste alemán, también trabaja más en este periodo del año. “En invierno tenemos más operaciones que en verano, esto es algo que tiene que ver con que las consecuencias de una operación se pueden disimular mejor en invierno, porque se usa más ropa”, precisa Spanholtz.

En su clínica, el agrandamiento de pene no es la técnica más popular, aunque es una de las solicitadas de forma recurrente. “Cada tres semanas hacemos una de estas operaciones”, señala este doctor y cirujano, habituado a que los pacientes que lleguen a su consulta formen parte de la importante comunidad de homosexuales de Colonia. A esta ciudad se la considera una de las localidades más gay de Alemania y Europa.

“En Colonia tenemos más pacientes que en otros sitios porque la comunidad gay es muy grande, es una comunidad que se interesa mucho por estas cuestiones”, dice Spanholtz. Sin embargo, a su clínica van todo tipo de hombres. “También hay padres de familia que se someten a esta operación, y ahora mismo acaba de salir por la puerta un chico con el que he tenido una consulta, es un estudiante”, precisa.

Randy ha ganado en longitud cerca de tres centímetros con la operación.

Al igual que el doctor Jethon en Darmstadt, Spanholtz sólo puede estar concentrado en su trabajo en invierno. “Estamos ahora en la etapa del año con más operaciones, incluidas la del alargamiento de pene, porque muchos aprovechan los días de fiestas para hacerlo porque hay menos trabajo, especialmente los trabajadores autónomos”, dice. “Otros años hemos trabajado hasta en Nochebuena, este año no, porque cae en sábado, pero sólo cerramos la clínica los días que nos obliga la ley”, añade, aludiendo a los días de Navidad, el 26 de diciembre y el 1 de enero.

UNA INDUSTRIA CON TRADICIÓN ALEMANA

Spanholtz y Jethon son dos claros ejemplos de esa particular industria alemana dedicada a agrandar penes. Alemania es, de hecho, un país donde este tipo de operaciones constituyen casi una tradición médica, según los datos de la Sociedad Internacional de Cirugía Estética y Plástica (ISAPS), una organización con sede en la ciudad estadounidense de Hanover (Nuevo Hampshire). En 2013 se contaron hasta 2.786 intervenciones en Alemania destinadas a ampliar las dimensiones de miembros viriles. En ningún otro país hubo más alargamientos.

Ese año, los cirujanos germanos especializados en esta intervención trabajaron mucho más que sus homólogos en Venezuela y España, los otros dos países donde más alargamientos de pene se realizaron. En suelo español se contaron 471, dos menos que en Venezuela (473). En los últimos datos recogidos por la ISAPS, de 2015, tanto España como Venezuela han salido de las estadísticas.

Lo ocurrido con el caso venezolano lo explica a este periódico el doctor y cirujano Gabriel Obayi. Él es la referencia de la ISAPS para su país. “La realidad del país ha cambiado tanto desde 2013...”, comenta Obayi a EL ESPAÑOL. En Venezuela, país sumido en una fuerte crisis económica desde 2014, “ahora la gente busca comida y protegerse”, según este doctor y cirujano, aludiendo a las precarias condiciones de vida que imperan en su país. “Ahora hay otros temas que preocupan al país, en verdad el alargamiento de penes no lo es”, abunda.

Debido a la inseguridad, Obayi se vio obligado a salir de Venezuela. Ahora vive en la ciudad estadounidense de Miami. Aunque dejó la mayoría de pacientes a un colega, sigue tratando a algunos casos. De éstos se ocupa en los pocos meses en los que vuelve a su país para trabajar.

España ya no figura en las estadísticas de ISAPS sobre los países donde más alargamientos de pene se realizan. Esto se debe en parte a la pujanza de este tipo de operaciones estéticas en los países asiáticos y latinoamericanos, con más población y economías emergentes. Así, en las últimas estadísticas publicadas por el ISAPS, la India, Corea del Sur y Colombia copan el podio de naciones donde más operaciones para agrandar penes se realizan.

Pero ni siquiera en la India y Corea del Sur – 1.484 y 1.222 de operaciones en 2015, respectivamente – se alcanzan los niveles de Alemania de hace tres años. Según las estadística de ISAPS de 2015, en Alemania se contaron sólo 319 de estas intervenciones, una cantidad únicamente superada en Europa por la registrada por los especialistas italianos (440). En cualquier caso, si en el próximo año ISAPS sólo contara los pacientes que se han agrandado el pene con los doctores Jethon, Spanholtz y Joachim Graf von Finckestein – otro especialista en la materia consultado por este diario – el número podría rondar los 390.

OPERACIÓN EN PALMA DE MALLORCA

El doctor Jethon también opera en otros países, incluido España. “Este fin de semana vuelo a Palma de Mallorca para operar en la Clínica Juaneda. Opero el sábado, el domingo hago el control al paciente y luego vuelo de vuelta a Alemania”, describe Jethon sus planes para este fin de semana.

Exterior de la clínica Juaneda en Palma de Mallorca.

Para él, que el negocio de los agrandamientos de pene marche tan bien en Alemania poco tiene que ver con que los germanos tengan problemas con su concepto de la virilidad. “Los alemanes tienen a los especialistas más cerca, en la puerta de casa, pero no todos los pacientes son alemanes”, aclara Jethon. “Nosotros tenemos pacientes de todo el mundo, Canadá, Estados Unidos, Australia, España, de la India o del mundo árabe”, abunda.

A su entender, la solida marcha económica también juega un papel en la reputación que ha ganado su país a la hora de realizar agrandamientos de pene. “La situación económica es relativamente buena en Alemania y los pacientes prefieren venir a Alemania en lugar que viajar a Moscú para una operación, o a un país del que no se fían al 100%”, sostiene. “También juega un papel la buena reputación de los productos alemanes, el 'Made in Germany'”, agrega.

EL FIN DE UN TABÚ

Los especialistas explican el auge de los alargamientos de pene apuntando que éste resulta de la caída reciente de un tabú sexual masculino. Alterar el tamaño del miembro viril era una solución estética que ocupaba un lugar marginal en la sociedad, porque implicaba reconocer una sensación de insuficiencia. Pero ya no es así.

“Antes era un tema tabú porque, en general, a los hombres no les gusta ir al médico, si van lo hacen a disgusto, más aún cuando hablamos de pacientes que pueden pensar que su pene es demasiado pequeño”, señala Jethon. Su colega Spanholtz agrega que el tamaño del pene “ya no es un tabú como hace cinco años, pero para los hombres es un tema algo más cerrado si lo comparamos con intervenciones parecidas en las mujeres, como la corrección de labios vaginales”.

En definitiva, según indica a EL ESPAÑOL Graf von Finckenstein, especialista en la materia afincado en la ciudad bávara de Starnberg (sur alemán), “la masculinidad del hombre reposa también en los genitales, cuando son grandes, uno puede sentirse mejor, es igual que cuando una mujer quiere unos pechos más grandes, porque es un atributo de la feminidad”. Agrandar penes es “algo que hacemos desde hace ya más de diez años porque el tabú se ha roto, se sabe que esto se puede hacer y ya no da vergüenza el ir al doctor por esto”, sostiene Graf von Finckenstein.

Un buen ejemplo de esta actitud de los pacientes de hoy en día la encarna Randy, un bisexual estadounidense afincado en California. A este jubilado de 53 años que hizo carrera en el Departamento de Defensa de Estados Unidos le gusta contar una anécdota reciente.

“'¡Hombre, tú si que tienes un pene grande!’, me dijeron, '¿Cómo lo sabes?', pregunté yo, 'Se puede ver a través de tu pantalón', me respondieron”, cuenta entre risas Randy a EL ESPAÑOL. Ese comentario sobre su pene no es el primero que ha escuchado después de que el pasado 2 de mayo sometiera su miembro a un agrandamiento.

Después de esa intervención, su pene ha pasado a medir casi 13 centímetros de largo en estado flácido. Ha ganado en longitud cerca de tres centímetros con la operación. Sobre el diámetro, Randy no puede decir de cuánto ha sido el aumento. Sin embargo, asegura que su miembro ahora es algo más grande que su muñeca. “Es muy grueso”, afirma.

UN ACTO DE VANIDAD

“Hacérmelo fue algo que vino como estrictamente un acto de pura vanidad, no fue por un sentimiento de insuficiencia ni nada por el estilo, ni por problemas de sexo, fue una cuestión de vanidad, tengo que admitirlo”, explica. “Fue uno de los escasos momentos de mi vida en los que me dije: 'voy a hacer algo que quiero hacer de verdad'. Y estoy muy feliz por haberlo hecho”, añade.

Randy se consideraba bien dotado antes de la operación. Pero eso no le impidió someterse a una intervención destinada, según cuenta, a “hacer que las cosas que puedan ser mejor sean mejor”. “El tamaño de mi miembro se encontraba en el percentil 90”, agrega, señalando que antes de la operación sólo había un 10% de penes más grandes que el suyo. Según estudios con fecha de mediados de los años noventa, el tamaño medio del pene en erección es de unos 12,7 centímetros.

Randy no está casado, aunque asegura que le interesaría estar en pareja. De los resultados de su operación espera que le hagan ser mejor en su vida sexual. Todavía no está recuperando totalmente. “Ahora estoy recuperado al 90%. Es un proceso relativamente lento, uno tiene que ser paciente”, señala Randy, un habitual de las playas nudistas californianas.

Él pagó por una de las técnicas más exclusivas de alargamiento de pene. Se trata de la técnica inventada por el doctor James Elist, un urólogo con más de tres décadas de experiencia afincado en la ciudad californiana de Beverly Hills. Elist, que lleva realizadas unas 2.000 operaciones en Estados Unidos con una técnica reciente que comenzó a dar mucho que hablar a principios de este año, cobra por operación 13.000 dólares (unos 11.000 euros).

La técnica del doctor Elis consiste, básicamente, en el uso de una prótesis patentada por el propio urólogo de Beverly Hills que se introduce y adapta al pene a través de una incisión en el bajo vientre del paciente. Otras técnicas más tradicionales utilizan la propia grasa del cuerpo del paciente para aumentar el grosor del miembro. Una ligamentotomía – corte o extirpación de un ligamento – se emplea para aumentar la longitud.

Ninguna de estas operaciones logra que el pene aumente de tamaño cuando está en erección. “Mi pene es más largo flácido, pero no crece en erección”, confirma Randy. “No se pueden esperar unos resultados mágicos, se puede empujar un poco hacia delante el pene, así se puede ganar algún centímetro cuando la cosa va bien”, afirma Graf von Finckenstein, el doctor y especialista de Starnberg.

En Europa, el precio de la operación es variable. “Los precios no están uniformados, la hay que ponen sus precios en función de su reputación, porque ésta permite subir las tarifas”, señala Graf von Finckenstein. Así, Jethon, el doctor y cirujano afincado en Darmstadt, pide entre 9.600 y 9.800 euros por operación. Ésta, de media, conlleva una ganancia de entre 3 y 6 centímetros de longitud. La recuperación total se alcanza pasadas las seis semanas tras la intervención.

En otras clínicas, eso sí, se ofrecen otros precios más baratos, pudiendo quedar en los 2.000 euros. Los resultados no siempre son espectaculares. “Es importante tener unas expectaciones realistas, porque no podemos prometer que el pene vaya a ser mucho más grande, sólo podemos prometer que no será más pequeño. Pero no podemos prometer los 2 o 3 centímetros”, comenta Spanholtz, el doctor y cirujano de Colonia.

UN REGALO DE 13.000 DÓLARES

Para Randy, el jubilado de California, los cerca de 13.000 dólares que tuvo que pagar no fueron un problema. “No fue para nada una dificultad, no soy rico según los criterios de Estados Unidos, pero estoy bastante acomodado”, dice. “Fue cuestión de ir al banco y pagar”, añade. Su decisión de agrandarse el pene fue un capricho personal, una suerte de regalo del que parece podrá disfrutar plenamente estas navidades en vista del ritmo de su recuperación.

Ofrecer un aumento de pene como regalo, o al menos ayudar a pagar parte del alargamiento, es algo que ha escuchado Jethon en sus consultas. “Hay, por ejemplo, parejas, mujeres o hombres, que hablan más en la consulta que el paciente. Y dicen, por ejemplo: 'Hazlo, si lo haces te regalo yo la mitad de lo que cuesta'”, concluye Jethon.

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