Julio César R. A.
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El obispo de Córdoba, Jesús Fernández, ha lamentado este domingo que la "confusión" entre las distintas autoridades desplazadas al lugar del accidente ferroviario de Adamuz impidiera a los sacerdotes administrar los últimos sacramentos a las víctimas.

Lo ha hecho en declaraciones a los medios antes de presidir la misa funeral en memoria de las 45 personas fallecidas en el siniestro ocurrido el pasado 18 de enero. "Creo que fue un momento de tanta confusión, al que no estamos acostumbrados, ni tampoco las autoridades", ha señalado el prelado, que ha apuntado a una posible falta de entendimiento sobre la función de los sacerdotes en un escenario de emergencia.

"Quizá se pensó que a los muertos ya no se les podía hacer nada y que a los vivos solo podían atenderlos los sanitarios", ha explicado. A juicio del obispo, esa percepción contribuyó a que no se contemplara la posibilidad de permitir el acceso de los sacerdotes al lugar del siniestro.

El obispo de Córdoba, Jesús Fernández, en la misa funeral. Europa Press.

"Esa falta de entendimiento pudo provocar la confusión, que a todos nos pilló un poco desprevenidos", ha añadido. Fernández ha querido, no obstante, subrayar la respuesta inmediata de la parroquia y de los vecinos de Adamuz, a quienes ha agradecido un "despliegue impresionante" en las horas posteriores al accidente.

"Han servido y ayudado mucho, también a quienes no estuvimos aquí en ese primer momento, para hacernos una idea de lo ocurrido", ha destacado.

El obispo ha trasladado además un mensaje de apoyo a las familias de las víctimas, apelando a la necesidad de acompañarlas en un momento que ha definido como especialmente duro.

"Es ahora cuando toca abrazar a las familias, mirar al cielo con la memoria de los fallecidos y de quienes murieron en aquel momento. Necesitamos fe, comunión y fraternidad para continuar”, ha afirmado.

"Nos toca alzar la mirada"

Fernández ha relatado también cómo vivió el obispado las primeras horas tras la tragedia. "Desde el primer momento tratamos de estar presentes, sobre todo a través del párroco [Rafael Godoy] y de la parroquia. A primera hora del lunes ya me hice presente aquí, cuando se sabía que muchos habían fallecido, pero aún había familias esperando noticias de los suyos", ha recordado.

"Fue un momento realmente duro, que se fue haciendo más difícil con el paso de las horas, porque la esperanza se iba reduciendo". En ese contexto, el obispo ha reivindicado el papel específico de la Iglesia tras una catástrofe de esta magnitud. "Los sanitarios se hacen cargo de los heridos, todos intentamos acompañar a los familiares, pero a la Iglesia le toca alzar la mirada por los muertos", ha concluido.

Durante sus declaraciones, Fernández ha insistido en que la tragedia "enseña la fragilidad humana" y ha apelado a la esperanza cristiana como consuelo para quienes siguen sumidos en el duelo.

"Necesitamos fe para continuar. Fe, comunión, fraternidad. El deseo de felicidad no se trunca ni siquiera con la muerte. Hay un más allá y Dios nos acogerá en él", ha señalado, dirigiéndose especialmente a "quienes todavía sienten el peso de la noche sobre sus mentes y sus almas".